Comisión del CNI

Móviles en un armario, bolis y balbuceos: contar secretos en el Congreso es una lata

Crónica sobre las particularidades de una comisión confidencial y de los problemas para, pese a ello, informar

Móviles en un armario, bolis y balbuceos: contar secretos en el Congreso es una lata
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Ángel Alonso Giménez
Ángel Alonso Giménez

Periodista

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Nada más llegar a la sala Mariana Pineda, que es la sala del Congreso en donde se ha celebrado la primera reunión en tres años de la comisión de control de los gastos reservados, más conocida como comisión del CNI, los diputados han tenido que dejar sus teléfonos móviles en un armario contiguo. Es poco habitual en el Parlamento, lo de abandonar los móviles, y eso ha ilustrado a la perfección lo que estaba en juego. A Edmundo Bal, de Ciudadanos, no le ha sorprendido; es más: de camino a la Mariana Pineda entregó el aparato a su asistente de prensa. Al fin y al cabo, como abogado del Estado, ha conocido las tripas de la sede del Centro Nacional de Inteligencia y sabe que estas cosas pasan.

Había muchos novatos/as en la comisión de control de gastos reservados, empezando por la propia directora de los servicios de inteligencia, Paz Esteban, y siguiendo por la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, que es la dirige los debates aquí. La última reunión de una comisión como ésta ocurrió en febrero-marzo de 2019 y quien presidía la Cámara entonces se llamaba Ana Pastor, del PP. El único que ha repetido en la sesión de este jueves ha sido Aitor Esteban, del PNV, quien, por cierto, se ha pasado unos cuantos días con una advertencia: en estas comisiones no se cuentan secretos a pesar de que uno de sus nombres es, también, Comisión de Secretos Oficiales.

Batet ha sido la encargada de dar comienzo a la reunión con una presentación de la compareciente y con un recordatorio intimidatorio: no se puede contar fuera lo que se diga o se enseñe dentro. Para enfatizar la solemnidad del aviso, ha recordado el artículo de la Ley de Secretos que mejor lo expresa, el 13, que dice así: "Las actividades reservadas por declaración de Ley y las 'materias clasificadas' no podrán ser comunicadas, difundidas ni publicadas, ni utilizado su contenido fuera de los límites establecidos por la Ley. El incumplimiento de esta limitación será sancionado, si procediere, conforme a las Leyes penales, y por vía disciplinaria, en su caso, considerándose en este último supuesto la infracción como falta muy grave". Esta norma data de 1968 y numerosos grupos abogan desde hace tiempo por modernizarla.

Tomar notas

Los diputados, despojados de sus móviles, portaban carpetas finas o libretas a lo "moleskine", o ni siquiera eso. Por si acaso, en cada sitio, los ujieres habían dejado unas libretas de cuartillas en blanco con el membrete del Congreso de los Diputados, y al lado, unos bolígrafos. Porque, tal y como establece la norma del reglamento de la Cámara que regula estas comisiones, no se pueden fotografiar los documentos ni sacar fotocopias de sus páginas. Tan sólo se permite tomar notas, siempre y cuando el asistente lo quiera. Hay quienes han preferido leer con atención la información facilitada. Varios diputados han reconocido que Esteban les ha enseñado abundante documentación, prueba de fuego para las memorias con alta capacidad de retención.

La reunión ha durado entre tres y cuatro horas, que es lo habitual, más cuando lo que había que analizar era ni más ni menos que el espionaje legal hecho a una serie de cargos, dirigentes y referentes del independentismo, Pere Aragonès entre ellos. Espionaje legal porque es lo que han recalcado los portavoces cuando tras abandonar la sala Mariana Pineda y, obviamente, recuperar sus móviles.

Se produce en días como este jueves una paradoja. De la comisión de secretos oficiales no puede trascender nada, o no debiera, y bien que lo ha recordado Batet al comenzar la sesión, pero a su término se suceden las ruedas de prensa. La mayoría de los protagonistas se ven en la tesitura de repetir respuestas monosilábicas, generalmente un "no", o contestaciones lacónicas, o ya rizando el rizo, justificaciones del tipo: "no puedo contarle mucho, pero sí puedo decirle...".

La tarea de los portavoces, en días así, se transforma en un repertorio de trucos y balbuceos, o disertaciones que parecen significar algo pero que no indican nada. Se hacen frecuentes los "eeehhh" o los silencios, o esos atajos verbales dichos antes. Gabriel Rufián, de ERC, ha sido gráfico: "A no ser que quiera ser inhabilitado, no puedo decir más".

No obstante, ha dejado caer que de la lista de más de 60 mandatarios y personalidades presuntamente espiadas, unos 40 y poco habrían podido ser víctimas de "naciones extranjeras" o de "organismos descontrolados del Estado", lo que ha provocado la indignación de Bal o Iván Espinosa de los Monteros, pues le han acusado de vulnerar justo lo que dicta el artículo 13 de la Ley de Secretos y lo que Batet había enfatizado al comienzo. Luego, en un tuit, el diputado independentista ha señalado que eso es su "interpretación", no una revelación.

Respuestas de equilibristas

Pero volvamos a las ruedas de prensa. Ha roto el hielo el del PSOE, Héctor Gómez, a quien han preguntado por lo que hubiera comentado Paz Esteban acerca de los móviles de Pedro Sánchez y Margarita Robles, afectados por intromisiones ilegales hace un año. Su respuesta es un ejemplo nítido de cómo intentar nadar con elegancia entre aguas turbulentas: "En esta comparecencia no ha sido precisamente ése el tema sobre el que ha pivotado. Estábamos hablando del resto de cuestiones que se han aclarado en cuanto a determinadas situaciones publicadas en determinados medios de comunicación".

Siguiente muestra: Cuca Gamarra, portavoz del PP, tras ser preguntada por los dirigentes de esa lista de 60 cargos presuntamente espiados legalmente por el CNI. "Le puedo facilitar lo que le puedo facilitar. Todas las actuaciones del CNI sobre una serie de personas en esa lista han sido con autorización judicial, pero eso no significa que todas las personas de la lista fueran objeto de las intervenciones del CNI. No le puedo dar esa información. A mí no me corresponde hacer valoraciones que corresponden a la directora del CNI".

Llega un momento en el que es lógico que se pida comprensión a la multitud de periodistas. "Ustedes tienen que entenderme a mí. Tengo la obligación de no desvelar información que, por la sensibilidad de la misma, se nos pueda facilitar. Pero comparecemos para despejar las dudas sobre las actuaciones del Centro Nacional de Inteligencia",

El portavoz de Vox ha ido directo al grano, nada más situarse en el atril de la sala de prensa. "No voy a revelar nada de lo que se ha dicho, pero a cambio les daré opiniones personales e impresiones. Me sorprende la información revelada por otros; no entiendo qué parte de información secreta no han entendido".

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Miriam Nogueras, de JxCat, no se ha andado con rodeos. Primera respuesta a la primera pregunta: "Siento no poder contestarte a esta pregunta". Segunda respuesta a segunda pregunta: "Siento mucho no poder contestarte". Tercera: "Lo siento, no puedo decir nada". Y adiós.

Por si había dudas, Edmundo Bal. "Todo lo que se dice en la comisión es secreto y es delito revelarlo". Y ha citado el artículo 598 del Código Penal y las penas contempladas, de uno a cuatro años de prisión, para que no haya dudas.

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