Naufragio en el Atlántico

Una misión submarina para dar voz al 'Pitanxo'

El Parlamento gallego instará al Gobierno central a contratar una exploración que ayude a “aclarar la verdad”

Una misión submarina para dar voz al 'Pitanxo'
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Lara Graña

Cero grados centígrados de temperatura del agua, rachas de viento de 39 nudos, olas de cinco metros. Es la poco apacible estampa que ofrecía el martes el caladero de NAFO, a unas 280 millas al este de San Juan de Terranova. En el punto exacto donde, según la señal de la radiobaliza, el pesquero 'Villa de Pitanxo' se fue a pique en la madrugada del 15 de febrero. El operativo de búsqueda dirigido por el centro de coordinación de rescates de Halifax se prolongó durante 36 horas y fue reemplazado, después, por un grupo de pesqueros que no pudieron hallar más que algún resto del aparejo. Los cuerpos de doce de los 24 tripulantes –un juzgado decretó su fallecimiento– no han aparecido

Para las familias de los marineros y del investigador del IEO, existen dos motivos cruciales para coordinar una misión desde el Gobierno que permita acceder al barco: evaluar si es posible recuperar algún cadáver y analizar, en base al estado del pesquero, si puede aportar información acerca del siniestro. Los técnicos, y con muchísimas dudas, apenas defienden la segunda razón. Los populares gallegos, a través de una proposición no de ley, propiciarán que el Parlamento inste a Madrid a mandar robots al fondo del mar. La eurodiputada del BNG, Ana Miranda, ha reclamado lo propio en Bruselas.

Aunque tanto la denominada caja azul como el AIS o la radiobaliza funcionaron con normalidad en el 'Pitanxo', y se tengan por tanto las coordenadas precisas del último punto desde donde se recibió la señal del barco, esto no significa que esté justo en posición perpendicular (en el fondo). Por tanto, en primera instancia, sería necesario disponer de equipos con un magnetómetro o sonda lateral –como los que tienen los oceanográficos– para hacer barridos con señales multihaz. Estarían buscando, a unos 1.000 metros de profundidad, un objeto de 50 metros de largo. Y, dadas las condiciones de la zona, el barco nodriza debería tener un porte suficiente para aguantar esta misión. Como es lógico, el fondo del mar no es una superficie plana y diáfana: esa sonda arrojaría distintos puntos de interés, que potencialmente podrían ser el barco, y que deberían descartarse uno por uno hasta dar con él.

A juicio de familiares de fallecidos –sobrevivieron el patrón, su sobrino y un marinero–, el estado del barco o de los aparejos puede dar información valiosa sobre los motivos por los que el mar engulló al 'Pitanxo'. Máxime habiendo dos versiones contrapuestas: el capitán, Juan Padín, defiende que el motor se apagó de forma súbita, y que eso propició la escora fatal y la vía masiva de agua; el superviviente Samuel Kwesi Koufie alega que falló la maquinilla de arrastre, probablemente por haber embarrado (enganchado) y que Padín no quiso cortar el aparejo. Los datos técnicos del pesquero, como desgranó Faro de Vigo, dan la razón al marinero. El motor principal, un Wärtsilä diésel modelo 9L20, no se paró de repente, dejando al pesquero a merced de las olas, el viento y la tensión por popa del aparejo: estaba funcionando solo un minuto antes, cuanto menos, de que Padín accionara el botón 'distressed 'de emergencia en el puente de mando.

“La Fiscalía ha señalado la existencia de indicios de homicidio imprudente en el naufragio, cuestión por la cual –dice la PNL del PP gallego– el visionado del estado del barco lanzaría más datos para el buen discurrir de la investigación y para el esclarecimiento de la verdad”.

Precedentes

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Al margen del afamadísimo 'Titanic', sí existen precedentes de inmersiones a esas profundidades. Eso sí, no con naves tripuladas. En 2018, y tras una enorme presión social, el Gobierno de Mauricio Macri contrató los servicios de la compañía norteamericana 'Ocean Infinity' para tratar de localizar los restos del submarino ARA San Juan. Fue localizado a unos 500 kilómetros de la costa de Argentina y a algo más de 900 metros de profundidad. El dispositivo se dirigió desde el multipropósito Seabed Constructor, de 115 metros de eslora. “Todos los navíos buscaron en esa área, aunque por la ausencia de tecnología no habíamos podido encontrarlo”, apuntó entonces el jefe de la Armada, el vicealmirante Juan José Villán. En España no existen equipamientos con capacidad para hacer una prospección similar, mucho menos de la Armada. Solo el 'Clara Campoamor', por sus dimensiones, podría servir de nodriza.

En caso de que se pudiese localizar el 'Pitanxo', éste podría estar en distintas posiciones (tumbado o deformado por el impacto) y rodeado de elementos que obstruyen el paso hacia él. Ese reconocimiento del estado del casco y la maquinaria de cubierta tendría que hacerse con un ROV ('remote operated vehicle'), un dron submarino con herramientas para cortar aparejos, por ejemplo. El acceso al interior del pesquero, como a los camarotes o sala de máquinas, requeriría de un dispositivo vinculado al ROV, más pequeño. De cualquier modo, las posibilidades de éxito serían reducidas.