Viaje de Sánchez a Rabat

España y Marruecos se comprometen a una "concertación permanente" y una "cooperación leal"

El jefe del Ejecutivo aterriza en Rabat para mantener un encuentro con Mohamed VI que, asegura, "irá produciendo noticias a la largo de los próximos días"

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Marisol Hernández

A Marruecos le ha costado 15 meses que España abandonara su neutralidad en el conflicto del Sáhara y apoyara abiertamente su plan autonomista. Pero lo ha conseguido. A sólo unas semanas de que el enviado especial de la ONU, Staffan de Mistura, entregue su informe al secretario general de Naciones Unidas, el reino alauí cuenta con el respaldo de EEUU, Francia, Alemania y España. Ahora falta saber si tras el histórico cambio de postura del Gobierno español, Rabat está dispuesta a entregar algo a cambio.

Y este jueves será la primera ocasión para comprobarlo. El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, viaja a Marruecos para mantener una audiencia con Mohamed VI y compartir después con él el 'iftar', la cena con la que los musulmanes rompen su ayuno durante el Ramadán. Un gesto que en ambos países se interpreta como la prueba definitiva del fin de las hostilidades.

El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, que acompaña al presidente en la visita, destacó estos días que la costumbre es invitar a amigos y familiares. Por eso, mantuvo, esta deferencia con Sánchez supone un signo de amistad para abrir una nueva etapa en la relación bilateral. Se prevé incluso que puedan dar juntos un paseo por el Palacio Real, pero no está confirmado que, de esa primera reunión previa a la cena, salga un comunicado conjunto, algo que sí satisfaría al Gobierno.

Aunque en la resolución de la crisis ha sido el rey marroquí quién ha actuado según sus normas -impuso que el giro sobre el Sáhara se reflejara en una carta de Sánchez para él, darla el mismo a conocer e incluso provocó la suspensión de un viaje previo de Albares a Rabat la semana pasada para adelantar el encuentro con el presidente-, desde Moncloa insistían ayer en la importancia de que el jefe del Ejecutivo viaje en pleno Ramadán y participe en esa cena, no solo como gesto a Sánchez, sino también en clave interna. España, viene a decir, ya no es un país hostil, como lo ha sido durante esta larguísima crisis.

Oportunidades económicas

Y otra de las maneras de transmitirlo es la noticia sobre las grandes oportunidades económicas que el vecino africano supone para nuestro país, que ayer, en vísperas de la visita, difundía la agencia oficial marroquí (MAP). "Desde hace ocho años, España es el primer proveedor y cliente de Marruecos, lo que ha dado a sus operadores económicos una posición especial y un acceso fluido al mercado nacional", señalaba, para enumerar a continuación todas las posibilidades de negocio.

La industria automovilística nacional y las empresas de suministros, el sector textil, el turismo y los "llamados sectores del futuro, en los que la transición a una economía verde y menos contaminante se plantea como una prioridad absoluta". Marruecos y España, acababa la nota, "que comparten profundos lazos históricos, tienen buenas perspectivas para su asociación económica y comercial, que beneficiaría a los operadores económicos de ambos países".

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Más allá de la cooperación en materia de inmigración y de control del yihadismo y el narcotráfico, que es fundamental, todo esto también forma parte del menú que ofrece Marruecos en esta nueva fase de colaboración. En Moncloa reconocían ayer que Sánchez y Mohamed VI hablarán de "oportunidades económicas" y también del papel que este país puede jugar como "interlocutor con el resto de África".

La agenda española contiene más temas, más puntos calientes, que poco a poco hay que ir desbrozando. Entre ellos, el compromiso marroquí con la "integridad territorial" de España, que significa no convertir Ceuta y Melilla en una reclamación territorial, la promesa de no chantajear a nuestro país con el envío de inmigrantes -reduciendo el control de las vallas o de las costas- y un calendario para la reapertura de fronteras con las dos ciudades autónomas. Todos ellos han formado parte de las negociaciones llevadas a cabo estos meses y aunque se han plasmado en la carta que Sánchez mandó a Mohamed VI, siguen pendientes de algún avance.