Relevo en el constitucionalismo civil

¿Quién es Elda Mata, la nueva presidenta de Societat Civil Catalana?

La nueva presidenta de Societat Civil Catalana, Elda Mata.

La nueva presidenta de Societat Civil Catalana, Elda Mata. / Diari de Girona

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Júlia Regué
Júlia Regué

Periodista

Especialista en información del Parlament de Catalunya, siguiendo la actualidad política catalana

Escribe desde Barcelona

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Societat Civil Catalana (SCC) estrena nueva etapa. La empresaria y hasta ahora vicepresidenta territorial Elda Mata toma este domingo las riendas de la entidad constitucionalista y se convierte en la primera mujer que llega al cargo, tras recoger el testigo de Fernando Sánchez Costa, que da un paso al lado tres años después de su elección.

Mata (Barcelona, 1953) es una empresaria afincada en Girona especializada en la dirección de compañías turísticas y agropecuarias, además de campos de golf. Desde 1983 vive con su familia en Ullà, un pequeño pueblo de la comarca del Baix Empordà, donde ha sido durante 17 años voluntaria, vocal y presidenta de la Asamblea local de Cruz Roja.

Desde 2019 ha pilotado la entidad en las comarcas gerundenses, una porción de Catalunya en la que la entidad considera que es más difícil calar, ya que en las pasadas elecciones catalanas, el independentismo superó el 63% de los votos. Entre su valía, opinan fuentes de su entorno, destacan el haber convertido esta agrupación "en la más numerosa y la más activa de Catalunya en el territorio más difícil", cumpliendo así con el objetivo de expandirse más allá del Área Metropolitana de Barcelona.

Su círculo más cercano la define como una “dama de hierro”, ya que destaca de Mata su "firmeza" en su capacidad de mando, especialmente en la gestión de cuentas y equipos. "Es completamente independiente, viene del mundo civil", afirman fuentes de su entorno. Su perfil desapegado de las formaciones constitucionalistas permite a SCC lucir un nuevo perfil independiente, capaz de "mirar menos a los partidos" y de "mantener los equilibrios ideológicos".

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Mata llega al cargo con la crisis desatada entre familias ideológicas apaciguada y con las cuentas saneadas, después de que estallaran dificultades económicas que conllevaron recortes y hasta un ERTE.

En su carta de despedida, Sánchez Costa define a su sucesora como “una mujer forjada en la defensa de los valores constitucionales en Girona desde la plena autonomía política”, habiendo mostrado “una gran capacidad de gestión y una defensa apasionada y rigurosa de los derechos y libertades cívicas”.