El futuro del exjefe de Estado

Los vericuetos de la carta del rey Juan Carlos I a su hijo

Juan Carlos I, el 6 de diciembre de 2018, en el Congreso, con motivo del acto que se hizo para celebrar los 40 años de la Constitución.

Juan Carlos I, el 6 de diciembre de 2018, en el Congreso, con motivo del acto que se hizo para celebrar los 40 años de la Constitución. / José Luis Roca

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Pilar Santos
Pilar Santos

Periodista

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Los comunicados para intentar cerrar conflictos siempre son difíciles de redactar. En Bruselas, los diplomáticos son especialmente habilidosos para contentar a todas las partes (han llegado a ser 28 socios) y ser voluntariamente ambiguos si es necesario. El comunicado en forma de carta que la Zarzuela dio a conocer el lunes para tratar de aportar algo de paz a la compleja relación entre Felipe VI y su padre, Juan Carlos I, tuvo mucho de negociación europea y, en este caso, fue a tres bandas: la jefatura del Estado, el Gobierno y el propio emérito (y sus consejeros).

El texto fue escrito entre el abogado, Javier Sánchez-Junco, y el exdirector del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) Félix Sanz Roldán, dos de las personas en las que más se está apoyando el emérito estos meses en Abu Dabi. Tras el carpetazo de las diligencias de la fiscalía, ambos sabían por Zarzuela qué esperaba Felipe VI del anuncio de su padre. Y también eran conscientes, por la información que les había dado el jefe de la Casa del Rey, Jaime Alfonsín, de que el Ejecutivo quería que quedara claro que "ahora no volvería a España" y que no utilizaría alojamientos del Estado cuando lo hiciera, para no gastar más dinero público. La primera petición del Gobierno, cuyo interlocutor fue el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, no se completó del todo. Juan Carlos pone que no regresará "de forma inmediata", pero apunta que visitará "con frecuencia" España y que no descarta volver a residir en este país. La segunda demanda sí que se satisface al concretar que, cuando lo haga, se alojará en residencias privadas.

El Ejecutivo planteó la necesidad de incluir alguna referencia a sus escándalos y el exjefe de Estado aceptó incluir su "lamento"

La carta ha sido también una conjugación de los deseos de unos y otros. Juan Carlos ya hizo llegar a Felipe VI hace cinco meses que su intención era seguir residiendo en Abu Dabi, aunque se veía visitando su país por “temporadas”, como publicó en octubre EL PERIÓDICO. No ha sido una “imposición” de la Zarzuela ni del Gobierno que siga residiendo en Emiratos Árabes Unidos, señalan en el entorno del exjefe del Estado. La discreción lograda gracias a la acogida del príncipe heredero, el jeque Mohamed bin Zayed al Naan, y la comodidad que tiene a sus 84 años ya era algo que destacaban sus amigos el pasado otoño. Difícil imaginarse algo parecido en España, donde tendría difícil pasar inadvertido ante la prensa. Por eso en la carta el Monarca destaca la “tranquilidad” que allí ha encontrado.

Documento

Comunicado del rey Juan Carlos sobre su regreso a España (7-3-2022)

Comunicado del rey Juan Carlos sobre su regreso a España (7-3-2022)

Hablar a “todos los españoles”

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El párrafo en el que lamenta “sinceramente” los “acontecimientos pasados” de su vida “privada” fue uno de los más difíciles de poner negro sobre blanco, según fuentes conocedoras de la negociación. No solo por incluir el verbo “lamentar”, una sugerencia que el Gobierno planteó tras la constatación de las irregularidades que ha cometido. A Juan Carlos I le ha ido pesando con los años aquella petición de perdón que hizo en abril de 2012, después de conocerse que se había roto la cadera en una cacería en Botswana, mientras los españoles sufrían los recortes por la crisis de 2008. Con el tiempo ha llegado a pensar que fue un error mostrar debilidad.

Pese a esos recelos, acabó aceptando que se incluyera esa palabra aunque, en la misma frase, sin solución de continuidad, recordó su “contribución” a la democracia en la historia de España. La voluntad de Juan Carlos I era hablar a “todos los españoles” con esa carta y por eso, en ese párrafo, se intenta contentar a “todos”, a los que se revuelven con los delitos que ha cometido (aunque no han podido ser castigados) y a los que le consideran uno de los pilares de la transición.