Análisis

Casado y Hernández Mancha, similitudes y diferencias

  • Hay que recurrir a la historia propia de la derecha española heredera de Manuel Fraga para entender la defenestración del todavía líder del PP

Hernández Mancha, tras ser elegido presidente de AP, el 8 de febrero de 1987. 

Hernández Mancha, tras ser elegido presidente de AP, el 8 de febrero de 1987.  / ARCHIVO

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Javier Aroca
Javier Aroca

Analista político

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Me puedo imaginar el desconcierto de Pablo Casado. No sabe por qué se va. Los mismos que reponiendo el drama de Julio César le asestaron múltiples cuchilladas para que la turba oscureciera su culpa, se daban codazos, poco antes, para ir de compras con el presidente para elegir el mejor colchón para La Moncloa.

El asombro es compartido, nadie sabe aún a ciencia cierta el porqué del magnicidio. El haber violado la omertá, el código de silencio, frente a la corrupción instalada en Génova y sus sucursales madrileñas no convence. ¿Entonces? Entonces, hay que recurrir a la historia propia de la derecha española heredera de Manuel Fraga y en ella surge Antonio Hernández Mancha.

La derecha española, según su propio ideario, está pensada para ganar siempre. No se adaptan a estar en la oposición, propia de un medio ambiente democrático. No es de extrañar que, aún hoy, sigan negando la legitimidad del actual Gobierno. Por eso cayó Hernández Mancha, justo en el momento en que la derecha profunda consideró que sería incapaz de ganar. Igual que ahora, esos mismos poderes han considerado que Casado nunca ganaría unas elecciones.

Víctimas del miedo

Casado ha sido víctima de su miedo. Miedo a su sustitución. La conducta errática de Hernández Mancha también lo fue. Imaginariamente o no. José María Aznar acechaba a Hernández Mancha. Casado tenia interiorizada la propia experiencia histórica de su partido, y en ella se le aparecía Isabel Díaz Ayuso.

Antonio Hernández Mancha, durante su defensa de la moción de censura contra el Gobierno de Felipe González, el 26 de marzo de 1987.


/ JOSÉ MARÍA PASTOR / ARCHIVO

Pero su partido y la prensa amiga no entienden de miedos. Y menos que se interpretase en una pelea constante con la lideresa nacionalista madrileña, con un poder de reparto incuestionable. La duda es si la demoscopia amiga, ya silente, no ha echado también una mano empujando a Casado a unas elecciones en Castilla y León que, a la postre, han sido el detonante de su fallecimiento político. 

Piezas de repuesto provisional

El miedo se le notaba, le atenazaba, algo así dibujaba también el rictus de Hernández Mancha. Han compartido la experiencia de que si no ganaban de manera urgente, eran piezas solo de repuesto provisional hasta que llegara la original de fábrica. Y, como se suele decir, el caballo huele el miedo y descabalga al jinete.

El entonces dirigente andaluz entró por la retirada táctica de Fraga; Casado, por la forzosa de Mariano Rajoy, acosado por la corrupción, mediando la primera moción de censura con éxito de la democracia española. A Fraga llevaban años censurándolo los votantes.

Ambos tienen en común también algo bastante infrecuente en la derecha española, más cesarista que otra cosa: llegaron a través de unas primarias. Algo, sin embargo, aproxima las figuras de Hernández Mancha y Feijóo: el nuevo dirigente popular tampoco tendrá asiento en el Congreso. La oposición será de forma vicaria y mediática. Y no creo que Feijóo, como Hernández Mancha, tenga la tentación de una moción de censura. Casado ni se lo planteó.

Junta Directiva Nacional del Partido Popular, presidida por Pablo Casado.

/ JOSÉ LUIS ROCA

Las primarias se le indigestan al PP, no están en su cultura. Feijóo llega, parece, sin primarias, porque le toca. Es su destino, empezó dirigiendo Correos y ya se sabe, el cartero siempre llama dos veces

El ADN del PP

Bajo el difícil manto de la explicación, en el PP afirman que no van bien. Se trata de hacer un partido ganador, dicen y decían, no un partido para resistir. Ese es el ADN del PP, no están dispuesto a permanecer mucho tiempo en la oposición. No es la ideología, es el interés; es decir, sin los intereses del poder que podemos simbolizar en el dominio del BOE, la derecha se desmorona

A Hernández Mancha se le apareció un gallego, el gallego por excelencia, tras Franco. A Casado se le ha aparecido otro: Feijóo. Ahora, como entonces, hablan de desastre de gestión. Un eufemismo. 

Alberto Nuñez Feijóo, tras anunciar que se presenta para liderar el PP.

/ EFE / Lavandeira jr

El derribo de Hernández Mancha lo pactó Fraga con Aznar. Ahora todo apunta a que Feijóo ha pactado con Ayuso. Y el vaticinio es que se le puede indigestar, no solo porque la corrupción puede perseguir a Feijóo, como antes a Casado, sino porque que la derecha sea federal no es creíble sino más bien un artefacto para no romperse cuando toque pactar con la extrema derecha, sea en Castilla y León, en la Andalucía de Moreno Bonilla, que también acecha por si falla algo, o Madrid.

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Feijóo llega con la sombra de una Ayuso que clama venganza. Casado llegó con todo el establishment y el 'sorayismo' agazapado; Hernández Mancha tuvo también todo en contra pero, además, a Aznar. Pocas bromas. Además, el KGB popular no está disuelto, la amenaza sigue sobre la cabeza del aún presidente de la Xunta de Galicia. No habrá dudas en el botón nuclear o, quizá, lo active un casero. 

Casado no podrá ejercer como abogado del Estado como su antecesor en desgracias, Hernández Mancha. No creo que haya oposiciones exprés pero siempre habrá un bufete amigo. Hernández Mancha acabó en Enagás, en esto no me extrañaría que también se parecieran las dos víctimas de un PP que solo acepta el imperio.