JUEGO DE TRONOS

El artículo de Albert Sáez: El 'no a la guerra' complica aún más la legislatura de Sánchez

Manifestación ’No a la guerra’ llenando el paseo de Gràcia y la Gran Via de Barcelona, en el año 2003.

Manifestación ’No a la guerra’ llenando el paseo de Gràcia y la Gran Via de Barcelona, en el año 2003. / ALBERT BERTRAN

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Albert Sáez
Albert Sáez

Director de EL PERIÓDICO

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Este es un país con un mainstream pacifista. Se ha visto en numerosas ocasiones, desde el pleistocénico referéndum sobre la entrada en la OTAN, en el que incluso atlantistas como Fraga o Pujol mantuvieron una actitud pasiva por mero oportunismo, hasta las grandes manifestaciones por las dos guerras de los Bush en Irak, especialmente la segunda. Las razones de ese pacifismo aparentemente irredento pueden ser diversas, desde una cierta transversalidad antiamericana hasta los traumas de la guerra de coloniales o de la guerra civil pasando por el desapego a ciertos inconvenientes de las políticas de Estado sea por razones ideológicas (anarquismo y falangismo) o nacionales (catalanismo). Lo cierto es que cuando suenan tambores de guerra, como los de ahora en Ucrania, el primer impulso de este país es lanzar un sonoro y definitivo “no a la guerra”. Pero en el caso que se avecina igual esa respuesta debería ser más compleja.

Hay que apoyar que la UE tenga un papel 

Si es, esta va a ser una guerra europea. España no debería tener en este asunto una posición distinta de sus socios principales que son la Unión Europea y los Estados que forman parte simultáneamente de la OTAN. Y la apuesta tiene que ser, en primera instancia, la búsqueda de una solución pacífica. Esta es una confrontación geopolítica entre Estados Unidos y Rusia, pero pasa en Europa que tiene unos condicionantes y unos intereses no siempre coincidentes con los norteamericanos, especialmente en materia energética y en el control de las fronteras. Como explican Marc Marginedas y Sílvia Martínez, Rusia está mejor preparada que la UE para llevar el pulso en Ucrania hasta el final. Una debilidad que debería ser un acicate para trabajar intensamente por la resolución pacífica del conflicto. Con todo, la principal dificultad de tratar este asunto en clave europea es determinar si Francia, potencia nuclear que puede aguantar mejor las sanciones rusas, tendrá la misma posición que Alemania, unida a Putin por el cordón umbilical del gasoducto. Pedro Sánchez no debería querer utilizar Ucrania para reconciliarse con Estados Unidos tras la retirada de tropas de Irak en 2004, eso fue la rectificación del error previo de Aznar al desmarcarse de Europa y plegarse a Bush.

La mala fama del multilateralismo 

Las dos campañas militares multilaterales en Irak, especialmente la de de Bush hijo, y la intervención en Afganistán acabaron con el buen sabor de boca que dejó en la segunda mitad del siglo XX la coalición militar multilateral para acabar con Hitler. Por ello, antes de pronunciarnos sobre esta guerra después de desear que no se produzca, debemos dirimir si estamos ante otra Afganistán o estamos ante el desembarco de Normandía. Ciertamente, esa doctrina de los Bush de invadir países para darles una democracia que no han pedido y poner títeres de Occidente a dirigirlos no se sostiene de ninguna manera en pleno siglo XXI y no justifica intervenir en Ucrania. Pero hay un relato alternativo. Ucrania puede ser el primer paso para empezar a parar los pies a Putin al que se le ha perdonado toda prueba de calidad democrática a cambio de su gas, de su mercado y de su contención militar. Si eso ya era impresentable, quitar de la ecuación la tercera variable lo convierte en insostenible. Lo que está en juego en Ucrania no es solo la hegemonía militar de Estados Unidos sino la determinación europea de no dejar invadir sus territorios por regímenes autoritarios como el ruso. En este sentido, esto es más Normandía que Irak

El reto de los socios de Sánchez

De entrada, Podemos, el principal coaligado del PSOE le ha saltado a la yugular para ver si recuperaba en Ucrania algo del oxígeno perdido en las macrogranjas de Castilla y León. A la coalición no le va a sentar bien este episodio. En lo que respecta a los socios parlamentarios, Sánchez tendrá que apoyarse más en el PNV que en Bildu y la gran incógnita serán los independentistas. Esquerra ya anda desafecta por la reforma laboral y por la mesa de diálogo. Y de Junts nadie sabe qué pensar en un asunto como este. Tienen una oportunidad de sacarse de encima la fama que cogieron en la UE de amigos de Putin, merecida o no. Junqueras siempre ha sido taxativo en ese asunto y en los consensos básicos de la UE. A Puigdemont, para su devenir en los tribunales europeos le convienen los apoyos del Este. Complejo.