Elecciones en Castilla y León

Las claves en el adelanto electoral en Castilla y León: Zamora y la "traición" en el andén

El pacto de Gobierno salta por los aires por los presuntos coqueteos entre Cs y PSOE el mismo día que el rey inauguraba el AVE a Galicia

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Marisol López / Manuel Herrera

La “traición” de la que el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, acusa a Ciudadanos, y con ello al ya exvicepresidente Francisco Igea, es la excusa oficial dada en la comparecencia pública para justificar el adelanto de las elecciones. Fuentes internas del PP señalan que “solo hay que hilar declaraciones de unos y de otros” para llegar a la conclusión de que, en las últimas semanas, existía una clara connivencia entre la oposición, con el PSOE encabezando los movimientos y los propios socios de gobierno de los populares. En concreto, aluden a la secretaria de Organización de los socialistas castellano leoneses, la zamorana Ana Sánchez, quien este viernes anunció que su partido apoyaría las alegaciones a los presupuestos regionales exigidas desde Por Ávila, la formación clave para aprobar las cuentas que deberían haber ido a pleno para su visto bueno definitivo este miércoles.

Sin el voto Por Ávila, partido encabezado por Pedro Pascual, escindido del PP, los presupuestos no podían aprobarse. Tras la moción de censura presentada el pasado mes de marzo por el PSOE, que rompió el grupo de Ciudadanos, la coalición PP-CS gobernaba en minoría. Las negociaciones con el procurador abulense se torcieron ante las crecientes exigencias de Pascual quien, hace una semana, advirtió al Gobierno regional que deberían valorar "al alza" las 22 enmiendas parciales por valor superior a 35 millones de euros que presentaría para así garantizar su voto "decisivo" a las cuentas.

Ese mismo viernes Mañueco acudía a Zamora a presidir la junta directiva provincial, con intervenciones abiertas a los medios, en un gesto nada habitual que indicaba que aquella reunión trascendía lo cotidiano. El tono electoral del presidente, que hacía un llamamiento a cerrar filas para hacer del PP “un partido imbatible”, hacía sospechar que el adelantamiento electoral estaba cerca. Tenía que estarlo a la fuerza porque en marzo se cumplía el plazo de un año para que el PSOE pudiera presentar una segunda moción de censura, pero en las últimas semanas, en los mentideros políticos se especulaba con los movimientos de los procuradores de un partido en descomposición que buscaba mantener su cuota de poder, Ciudadanos, a su vez partido en dos: los partidarios de la línea oficialista representada por Gema Villlarroel como presidenta regional y los partidarios del verso suelto que, desde el inicio, ha sido Francisco Igea y sus compañeros en el Gobierno regional.

El cabreo de Igea

 El papel desarrollado por Igea en todo el embrollo es el otro “punto caliente” que habría activado el “botón rojo” del adelanto electoral. Según fuentes del PSOE, los contactos que se hubieran mantenido entre miembros de Ciudadanos y los socialistas estaban al margen del exvicepresidente. Pero justo lo contrario sostienen los populares que justifican así el calificativo de “traición” esgrimido por Mañueco durante su comparecencia sin preguntas a primera hora de la mañana. Lo que parece evidente es que es al propio Igea a quien la decisión ha pillado con el pie cambiado. Acababa de terminar una entrevista en una emisora de radio nacional cuando saltó la noticia. Mañueco anunciaba la destitución del vicepresidente y de los otros tres consejeros de Ciudadanos cuando Igea tenía aún el micrófono “a mano”. A esa hora el presidente de Castilla y León debía estar en Zamora aguardando en el andén a que llegara el AVE en el que viajaban el rey Felipe VI, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y las ministras de Fomento Raquel Sánchez y de Trabajo, Yolanda Díaz, en viaje inaugural de la conexión ferroviaria con Galicia.

En realidad, el presidente castellanoleonés se quedaba en Valladolid para firmar la disolución de las Cortes y “evitar empañar un acto institucional” con protagonismo de la Corona y para cabreo supino de Igea, que retomaba la entrevista radiofónica y estallaba en directo: “Quién hace esto no es un hombre de bien”, al tiempo que aseguraba que no tenía “remota idea” de la intención de Mañueco. Ambos habían asegurado que mantendrían el pacto y que gobernarían en minoría, pero el popular siempre había subrayado que ese escenario solo tendría una excepción que ahora se habría quebrado: el de la estabilidad política.

El Rey baja a "tomar aire" en Zamora

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Y de camino a Zamora para el mismo acto pillaba la noticia al secretario del PSOE de Castilla y León, Luis Tudanca que, a medio camino, daba marcha atrás, de vuelta a los cuarteles generales de Valladolid. Se abre el juego electoral y son muchas las incógnitas. La primera si Mañueco acertará con la decisión, respaldada desde Génova, y que busca la mayoría absoluta que le auguran las encuestas. También qué será tanto de Ciudadanos como del propio Igea, si Tudanca podrá revalidar la victoria en papeletas de 2019, frustrada al cambiar de opinión sobre lo sostenido en campaña por Igea y pactar Ciudadanos con el PP, o si habrá nuevos actores a partir del 13 febrero, cuando los castellanoleoneses irán a las urnas. De momento, Igea ha solicitado su reingreso como médico especialista de digestivo en lo que podría ser el abandono de la política. Queda por definirse si habrá más candidaturas uniprovinciales o si el movimiento de la España Vaciada saltará al escenario político. También el posible ascenso de Vox y si Podemos será capaz de recuperarse del batacazo de hace dos años. Mucho por dilucidar en los próximos 55 días hasta decidir el gobierno de Castilla y León para los próximos cuatro años.

En la estación de tren de Zamora, mientras todo el sismo se desataba, las caras de los representantes provinciales del PP y del PSOE iban a juego de cómo transcurría la mañana. De sobresalto en sobresalto. Minutos antes de que arribara el tren al que, casi al mismo tiempo que saltaba la convocatoria de elecciones, se subían el Rey y el presidente del Gobierno, se anunciaba un colofón a lo “Bienvenido míster Marshall”: el convoy solo pararía para que se subieran los invitados zamoranos (de entre los que había desaparecido también el propio alcalde de Zamora, Francisco Guarido, de IU) y no pisarían asfalto zamorano ni Felipe VI ni Sánchez. Pero, como en toda película de suspense hubo vuelta de tuerca final. Cuando las autoridades estaban ya dentro, volvieron a salir, a formar los mandos de Policía y Guardia Civil y descendían del coche de clase Preferente los dos personajes cuyo protagonismo había quedado velado por los aconteceres inmediatos. “Al menos respirar el aire de Zamora”, saludó el Rey, afable, a los presentes. Paradójicamente, ayer más de uno lo que contenía era, precisamente, la respiración. Empieza la carrera electoral más insólita de Castilla y León. Hagan sus encuestas.