Análisis

Vicepresidente Vox | El videocomentario de Verónica Fumanal

  • Si el PP mete a Vox en los gobiernos tras el próximo ciclo electoral, será demoledor para una democracia basada en los valores de la igualdad, la tolerancia, el respeto y la justicia social

Vicepresidente Vox

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Verónica Fumanal Callau
Verónica Fumanal Callau

Especialista en comunicación política.

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El próximo ciclo electoral está próximo y parece que, igual que en el 2019, será Andalucía (quién sabe si junto a Castilla y León) la que vuelva a marcar el pistoletazo de salida del ciclo 2022-2023. El presidente Juanma Moreno Bonilla ya ha anunciado las posibles fechas: junio o octubre. Y es que, tras un congreso andaluz marcado por el cruce de acusaciones entre Pablo Casado, Teodoro García Egea e Isabel Díaz Ayuso y ser la única comunidad autónoma incapaz de aprobar sus presupuestos, el presidente andaluz está poco a poco intuyendo el final de la legislatura, aprobando leyes en el Parlamento de forma urgente y preparando el relato de la culpa la tienen los otros.

En Andalucía o Castilla y León se van a decidir más cosas de lo que parece. Y es que Vox ya ha anunciado que en este nuevo ciclo electoral su aspiración no será la de muleta del PP, sino la de socio prioritario de gobierno, es decir, ansían ser parte de gobiernos de coalición, con su vicepresidencia y sus consejerías. Por lo tanto, un escenario plausible es que Moreno Bonilla o Alfonso Fernández Mañueco sean quienes rompan el cordón sanitario que en toda Europa impide que la extrema derecha tenga poder ejecutivo.

Relato crispador

Que Vox esté en las instituciones ya es grave, que tenga poder ejecutivo será demoledor para una democracia basada en los valores de la igualdad, la tolerancia, el respeto y la justicia social. Y para muestra, las últimas acciones que contaminan con un relato crispador y cargado de odio el normal devenir de instituciones democráticas. El pasado 17 de noviembre, el Congreso de los Diputados no pudo aprobar una declaración por el Día internacional de la Infancia. Una iniciativa promovida por la 'sospechosa' organización UNICEF. El argumento de Vox: "el globalismo progre de la Agenda 2030".

Vicepresidente Vox. / Zeta Media Lab

El 25 de ese mismo mes, día contra las violencias machistas, se pudo renovar el pacto de Estado contra esa lacra con todos los partidos políticos menos Vox, que, además, impidió una declaración institucional de la Cámara. Su argumento: su ideología marcada por el negacionismo machista. El pasado 1 de diciembre era el día mundial contra el SIDA y, del mismo modo, el Congreso no pudo aprobar una resolución contra el estigma de la enfermedad y de compromiso en su erradicación en el año 2030. El culpable, de nuevo, Vox.

Señalar a los vulnerables

Su poder sin estar en los ejecutivos no solo es el veto parlamentario para promover causas universales y justas reconocidos por los derechos humanos, sino para señalar y promover el odio hacia colectivos vulnerables, como los menores migrantes, que España tiene el deber de acoger, proteger y ofrecer un futuro. Ya lo hizo en campaña electoral con un cartel tan mentiroso como infame, y ahora lo ha hecho en los presupuestos de la Comunidad de Madrid con una auditoría 'fake' que solo sirve para manipular a la opinión pública haciéndole creer que gastamos más en ellos que en chiringuito de Toni Cantó.

El otro veto promovido esta vez en la capital ha sido tan impúdico como el resto, impidiendo que Almudena Grandes sea considerada hija predilecta de Madrid a título póstumo, o que la próxima biblioteca lleve su nombre. Sinceramente, creo que esta injusticia injustificada será restablecida en el futuro por un gobierno que no se deje maniatar por los quemalibros de la ultraderecha.

Disyuntiva crucial

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Si su poder de acción a través de su simple presencia en las instituciones es tan nefasto para la democracia, la libertad, la cultura y la igualdad, qué no harán cuando tengan en su poder las vicepresidencias que el PP les regale. Moreno Bonilla o Mañueco pueden ser los primeros que tenga ante sí la disyuntiva de gobernar con Vox en la vicepresidencia. Qué responsabilidad tan grande para una política tan pequeña como la que se practica últimamente en nuestro país.

Si en 1986, cuando España entró en la Unión Europea, sintió un chute de autoestima europeísta que le imprimía algo de modernidad, 36 años más tarde pondremos en los ejecutivos a un partido que no condena el franquismo y es antieuropeísta. Las vicepresidencias, para Vox. Eso si será regresar al pasado.