Tras el choque por las cuentas

El Govern deja en 'stand by' el pacto con la CUP

  • La cuestión de confianza en 2023, prevista en el pacto, queda a expensas de la voluntad de Aragonès

El ’president’ de la Generalitat, Pere Aragonès, saluda a la dirigente de la CUP, Dolors Sabater, en presencia de la presidenta del Parlament, Laura Borràs.

El ’president’ de la Generalitat, Pere Aragonès, saluda a la dirigente de la CUP, Dolors Sabater, en presencia de la presidenta del Parlament, Laura Borràs. / David Zorrakino / Europa Press

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Júlia Regué
Júlia Regué

Periodista

Especialista en información del Parlament de Catalunya, siguiendo la actualidad política catalana

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Xabi Barrena
Xabi Barrena

Periodista

Especialista en información sobre el Govern de Catalunya, de ERC y en el seguimiento de la actualidad del Parlament.

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El 'president' Pere Aragonès tendió la mano a la CUP el día en que los anticapitalistas ejecutaban su veto a los presupuestos y los ‘comuns’ le permitían superar el primer trámite parlamentario. En el día después, el Govern tiene claro que nada será como antes y se siente con las manos libres con respecto a los que fueron sus socios preferentes.

Así, el cumplimiento del pacto de investidura que firmaron Esquerra y los cuperos tras las elecciones se entiende en el Palau de la Generalitat más como una cuestión de voluntad de Aragonès que de obligación, exigencia y obediencia a un pacto firmado, por cuanto este saltó por los aires el lunes. Y, del mismo modo, lo es el compromiso de someterse a una cuestión de confianza a finales de 2023.

¿Hay voluntad de seguir cumpliéndolo? Según fuentes republicanas, sí. “Asumimos los compromisos del pacto, nos los creemos y los iremos cumpliendo”, asevera una voz de ERC, aunque añade un latiguillo que supone la gran diferencia con respecto al estatus anterior de la CUP: “Los cumpliremos, en la medida de lo posible”. Y es que el pacto que Aragonès cerró personalmente con los 'comuns' calca la última oferta a la CUP.

La CUP presiona

Los 'cupaires' dudan de que acabe siendo así, pero se conjuran para presionar. De hecho, ya lo empezaron a hacer este lunes, después de la reunión del Consell Executiu. En ella se aprobó poner en marcha el estudio para diseñar una energética pública, se dio luz verde a la tramitación del impuesto a los cruceros (un compromiso que estaba dentro de la ley de cambio climático en 2017) y se acordó dar un impulso a los proyectos de energías renovables. 

Pero hubo una de cal y otra de arena. En la misma reunión, se renovó el contrato a la Fórmula 1 y Moto GP, algo que sirvió a los cuperos para reafirmarse en su veto a las cuentas: "No eran los presupuestos de los macroproyectos. Eran transofrmadores y verdes", ironizó la diputada Eulàlia Reguant.

La gran paradoja es que el pacto de Aragonès con En Comú Podem permitirá que haya los fondos necesarios para avanzar en todas aquellas medidas que pendían de un nuevo presupuestos para ser realizadas. La medidas que penden directamente de que haya presupuestos aprobados son, en total, el 53% porque algunas de las que ya han empezado precisaban de unas nuevas cuentas para ser completadas.

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Todavía cabe la posibilidad de que la CUP vuelva a entrar en la ecuación para pactar la aprobación definitiva de los presupuestos, aunque Reguant, en el pleno, dejó claro que no volvería a sentarse a negociar sin un "horizonte" independentista sobre la mesa. De todas formas, si el Govern acaba de amarrar a los 'comuns', los votos de la CUP son prescindibles.

La portavoz del Executiu, Patrícia Plaja, sostuvo que los compromisos adquiridos tras las elecciones del 14-F deben someterse a una revisión y afeó a la CUP la falta de entendimiento: "Dos no pueden entenderse si uno no quiere", deslizó. Aprovechó la rueda de prensa para pedir a los 'consellers' que hagan "un esfuerzo para aislarse del ruido" que reina entre las fuerzas independentistas.