SERIE MULTIMEDIA: Los caladeros de la yihad (V)

Daesh financia con un 'crowdfunding' clandestino el regreso de terroristas a Europa

  • La Policía, tras los pasos de la hawala en España

  • Microdonaciones, contraseñas en el móvil y comisiones al alza

Agentes de la Policía Nacional retiran documentación durante un registro de la Operación Awda contra la financiación de Daesh, en junio de 2020.

Agentes de la Policía Nacional retiran documentación durante un registro de la Operación Awda contra la financiación de Daesh, en junio de 2020.

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Juan José Fernández

Entre el cinco y el diez por ciento de comisión cobra últimamente un hawalador, o remesador de dinero desde España para el Estado Islámico, según fuentes policiales. La contraprestación sube al tiempo que es mayor la premura del Daesh por repatriar a combatientes a Europa desde sus lugares de derrota en Oriente Medio.

ETA y el IRA tuvieron huchas en bares; la yihad dispone de huchas virtuales. Un flujo de pequeñas donaciones, un 'crowdfunding' convocado por Daesh en redes sociales cerradas, intenta sufragar la extracción de combatientes de las zonas de guerra.

Hawala, colecta para matar. Los caladeros de la yihad / José Luis Roca

El dinero se dona en Europa y se recibe en Siria e Irak a través de un circuito de confianza, la hawala, con siglos de existencia: nació en las rutas camelleras para evitar llevar dinero que pudieran robar bandoleros, y ahora sirve para eludir la acción policial. Su herramienta es la pequeña entrega; no hay cuentas corrientes; la yihad no necesita bancos, sino personas que se entregan dinero entre sí hasta llegar al punto de destino. “Ese movimiento difícilmente deja rastro –comenta una experta, inspectora jefa de la Comisaría General de Información de la Policía Nacional-. Son donaciones pequeñas, nunca millonarias, pero eso no significa que no haya una organización detrás”.

De hecho, ninguna fuente consultada da por agotada Awda, la principal operación policial de las recientes –esta es del 11 de junio de 2020- emprendidas contra la financiación de la yihad terrorista en España. Tres de sus detenciones evidencian que “existe una oficina de remesadores en España”, relata la inspectora. Otras veces son golpes geográficamente dispersos, pero la Policía ve conexiones entre los detenidos.

Sin rastro

No es posible aventurar cuántos remesadores hay en la red. Daesh no actúa como antiguamente lo hacía Al Qaeda. A la banda de Bin Laden, en 2002 la detención de un financiador argelino le supuso la intervención de una cuenta en Luxemburgo con tres millones de euros. Dieciocho años después, la investigación sobre otro yihadista –este miembro de Daesh- evidencia otra forma de actuar más discreta; y también más austera.

Procedente del frente en Siria, Abdel-Majed Abdel Bary –que era rapero en Londres antes de empuñar las armas- llegó en lancha a Almería. Lo había introducido desde Argelia un paterista. La pandemia lo atrapó en un piso de alquiler de la calle Cádiz de la capital almeriense. Solo sus dos ayudantes, uno de ellos su guardaespaldas, se dejaban ver en salidas imprescindibles durante el confinamiento. A finales de abril, unos encargos de comida a domicilio lo terminaron delatando.

El pago al dueño de la patera, su escondite en Almería, el alquiler para él y sus ayudantes... hasta las pizzas se pagaban con un fondo que le había entregado Daesh al salir de Siria. Como otros muchos bolsillos de viaje, se había nutrido de la hawala.

El cable clandestino

El sistema requiere un donante en el origen. Daesh le pide una cantidad, y él se la da, pero no hay transferencia bancaria hasta Oriente. El donante se lo entrega a una persona de confianza, que le resta su comisión, y esta pide a otra persona también de confianza en otro punto que le dé una cantidad igual a otro remesador. En cada transmisión hay una clave que se envía por whatsapp u otras mensajerías. Una contraseña similar dará el yihadista al hawalador final o de destino. No tienen por qué conocerse ni haberse visto nunca. Si la contraseña es buena, el hawalador suelta el dinero.

Hawala significa “cable” en árabe, y seguirlo puede ser rentable para quien se arriesga. El ánimo de lucro es en ese cable una hebra más frecuente que la fe religiosa. Con este sistema “ganan más que metiendo el dinero en el banco, más incluso que vendiendo una casa”, relata la experta policial. En la remesa de fondos “nunca hay grandes cantidades –cuenta-. Siempre son pequeñas entregas, pero muchas”.

El rastro a menudo no existe, se esfuma o consiste en una pedestre anotación manuscrita en algún cuadernillo: “Ahmed, cinco; Abdelilah, doce…” Otras veces son facturas por servicios inexistentes entre pequeñas empresas de importación o exportación con sedes en países distintos. La microdonación sigue siendo el método de financiación más efectivo para la yihad, una vez asfixiado el tráfico de obras de arte y bienes arqueológicos sirios e irakís, y tras no haberse acreditado suficientemente la simulación de siniestros para cobrar indemnizaciones a los seguros y enviarlas al califato.

La nacionalidad de los hawaladores atrapados en España varía en los golpes policiales. A menudo son marroquís de origen (como los que traficaban desde Girona con bienes culturales expoliados en la guerra de Siria, en 2016), pero han sido también detenidos un remesador egipcio (Segovia, 2017), otro bangladeshí (Mérida, 2017) y uno danés (Melilla, 2017) en puntos de origen español de los envíos, además de sirios e irakís (Madrid 2018 y 2020, y Barcelona 2019).

Pagar viajes

El yihadismo trata de trasladar su combate de nuevo a Europa, y esta vez con gente que ya ha tenido aprendizaje militar en zona de guerra. La repatriación de los que Daesh llama “combatientes extranjeros” desbordaría a una agencia de viajes. Solo desde España, según fuentes del CITCO (Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado), entre 2014 y 2018 partieron 254 voluntarios del califato.

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De ese contingente, la mayoría emitido desde Ceuta, Melilla, Catalunya y el Campo de Gibraltar, las autoridades tienen la constancia del fallecimiento en combate de 73 y del encarcelamiento en Siria o Kurdistán de diez. Otros diez están en prisión en España y 25 se mueven por este país, con acceso a otros de Europa.

Según las cuentas de la inteligencia antiterrorista, entre 100 y 130 que partieron de España son candidatos a volver. No puede haber fiabilidad en la cifra: se les supone aún en zona de guerra si el CITCO no tiene constancia de su muerte o localización en España. Pero pueden haber vuelto ya, viajando a lomos del clandestino crowdfunding del Daesh.