Sesión de control en el Congreso

Junts tacha de "putiferio" la detención de Puigdemont y da por muerta la mesa de diálogo

  • Nogueras acusa a Gobierno de "rendirse" al "golpe de Estado togado" y al "fascismo" por el arresto y Sánchez defiende la democracia española

  • El presidente elude por dos veces hablar del 'caso Ghali', apela a la "política útil" y pregunta al PP si quiere volver a la "contrarreforma" de las pensiones

La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, durante la sesión de control al Gobierno este 29 de septiembre de 2021 en la Cámara baja.

La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, durante la sesión de control al Gobierno este 29 de septiembre de 2021 en la Cámara baja. / EFE / JUAN CARLOS HIDALGO

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Juanma Romero
Juanma Romero

Periodista

Especialista en información de Gobierno y PSOE.

Escribe desde Madrid

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No cabe duda de que Junts per Catalunya no quiere la mesa de diálogo. No cree en ella. La desprecia profundamente, frente a la defensa que de ella hace su socio en el Govern, encabezado por el 'president', Pere Aragonès. Este miércoles la formación independentista lo solemnizó en el pleno del Congreso —es una "cortina de humo", está muerta—, dos semanas después de la reunión en el Palau de la Generalitat en la que no participó y seis días después de la detención en Cerdeña de Carles Puigdemont, capítulo que sirvió a la portavoz en la Cámara baja del partido, Míriam Nogueras, para definir España como un "putiferio" por la "cacería" del 'expresident'. Una expresión, entre otras, por la que la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, la amonestó.

Fue durísima Nogueras en la sesión de control al Gobierno. Superlativa. Durísima en sus ataques a la democracia española, a la que Pedro Sánchez tuvo que defender, recordando que es un Estado "social y democrático de derecho". La portavoz de Junts sucedía a un careo del presidente con Pablo Casado sin demasiado contenido de fondo. El jefe del PP intentó apretar por dos veces a Sánchez con el 'caso Ghali' —si él es "la X", o sea, quien autorizó la entrada del jefe del Frente Polisario en España, el pasado abril— y otras dos veces con el encaje "a martillazos" de las previsiones del INE. El mandatario socialista rehuyó esas preguntas, se refirió de nuevo a la "política útil" —los ciudadanos están "hasta la coronilla" de la crispación— y preguntó a Casado si apoyará la reforma de las pensiones que el Ejecutivo ha pactado con los agentes sociales y que mañana jueves vota el Congreso en su primer trámite o bien prefiere regresar a la "contrarreforma" que el Gabinete de Mariano Rajoy alumbró en 2013.

Pero volvamos a Nogueras. Tras una pregunta aparentemente vacua —"¿Tiene el Gobierno conocimiento de las actuaciones de todos sus departamentos en el ámbito internacional?— y una respuesta obvia del presidente ("sí"), comenzó la sarta de descalificaciones. Se arrancó recalcando los "esfuerzos" de España por hacer creer que había "un conflicto entre catalanes" y que los independentistas eran el "terror de una España ejemplar". "Nos han pegado, encarcelado, enviado al exilio, nos tienen los móviles intervenidos ilegalmente a muchos, e incluso nos acusan de terrorismo", se quejó.

"Con ustedes no podemos negociar nada", suelta Nogueras, "porque no mandan y no deciden. La mesa de diálogo debieran hacerla entre ustedes los españoles"

Pero la "cacería, detención y puesta en libertad de Puigdemont lo cambia todo", advirtió. Es, para Junts, el punto de inflexión. Para la formación del 'expresident', la Policía y la Justicia españolas "abanderan el fascismo", y "el 'deep State' español" ha echado "un pulso" al Gobierno. "Ellos deciden qué pasa y cómo en España. No deciden ustedes. Lo que hemos visto es un putiferio. El prestigio de España y la confianza de los socios europeos penden de un hilo", continuó.

"No es la solución"

Pero para Junts lo peor es la actitud del Ejecutivo frente al "golpe de Estado togado". Lo que hace el Gobierno, atacó, es "aprovecharse, rendirse a ese poder fascista y colaborar con él". Fue entonces cuando introdujo la mesa de diálogo, instrumento patrocinado por ERC y en el que los puigdemontistas nunca han creído. Ahora menos. "Han inventado un diálogo ficticio como solución al problema en Catalunya. Así tienen a los catalanes calladitos durante unos años y así pueden seguir utilizando Catalunya como excusa para rascar votos a la derecha. Esta mesa es solo su cortina de humo y la de las derechas, aunque estén todo el día llorando". Y por si no quedaba aún clara la postura de Junts, lanzó la andanada final: ese foro "no es la solución a la represión, expolio y 'bullying' que sufre el pueblo de Catalunya".

"Ni usted misma se cree lo que está diciendo hoy aquí", responde Sánchez, quien reivindica el diálogo frente a la vía unilateral que propugna JxCat

Para Nogueras, "el problema" no es "el resultado de las urnas". Lo es el Gobierno, con "sus engaños y su cobardía para afrontar una realidad que le va comiendo día a día". "Con ustedes no podemos negociar nada, porque ustedes no mandan y no deciden. La mesa de diálogo debieran hacerla entre ustedes los españoles. Visca Catalunya lliure". Era el remate final, la declaración explícita de que Junts desprecia el foro entre gobiernos. Ella, Nogueras, había sido propuesta por su partido para sentarse a la mesa, pero Aragonès se plantó porque la lista de sus socios, que también incluía a dos indultados por el 'procés', no estaba compuesta solo por miembros del Govern. La intervención de Nogueras reverberaba más si cabo porque ayer arrancó en el Parlament el debate de política general, en el el que el 'president' abogó por el diálogo pese a protestar por el arresto de Puigdemont.

"Se me hace muy difícil responderle", replicó Sánchez. Enseguida tiró de su afición al baloncesto, y evocó el caso de una estrella de la NBA que no se quiere vacunar porque hay una "conspiración" detrás de la liga para "conectar a los negros con un ordenador que tiene un plan satánico". "¿Adónde quiero llegar? Honestamente, ni usted misma se cree lo que está diciendo hoy aquí", le espetó. Entonces, pasó a defender España como un "Estado social y democrático de derecho" y también reivindicó el diálogo, incidiendo en que "el 80% de los catalanes quiere un acuerdo" y repudia la vía unilateral que propugna Junts. "Ese 80% es lo que defiende precisamente este Gobierno", zanjó.

La presidenta del Congreso reconvino a Nogueras por su intervención, por el uso de "términos absolutamente inadecuados para el decoro y dignidad de la casa". Y recordó que ella misma se había dirigido ayer a sus señorías en tono muy duro para pedirles respeto en los debates.

La "política útil"

Antes se había producido el careo Sánchez-Casado. El líder del PP inquirió al presidente cuál era su proyecto para España y le presionó con tres preguntas: si es él "la X" del 'caso Ghali', si ordenó falsear las previsiones del INE para "cuadrar a martillazos el Presupuesto con Podemos" y si cumplirá su palabra de traer a Puigdemont a España.

Sánchez no entró a contestar las preguntas. Se escudó en que los españoles, "sean de derechas, de izquierdas, de centro, de norte, del sur, de las islas o de la Península, están hasta la coronilla de la bronca, los insultos y los gritos que profieren en este Parlamento". Y a la pregunta de cuál es su proyecto para España, insistió en que el suyo pasa por una recuperación "justa" para salir de la pandemia, cuya gestión defendió con ahínco.

Casado pide al presidente que se vaya y este reivindica la "política útil": los españoles "están hasta la coronilla de la bronca, los insultos y los gritos"

"Lo que hacemos es política útil, que es pasar de las abstracciones a las cosas concretas". Y entre ellas, citó, están la subida del salario mínimo, la prolongación de los ertes o las ayudas a la isla de La Palma por la erupción del volcán, que ayer aprobó el Consejo de Ministros. Hacer "política útil es hacer avanzar a España. Nos gustaría que usted arrimara el hombro y ayudara a su país" con decisiones como "cumplir con la Constitución y la legalidad democrática", propiciando la renovación del Consejo General del Poder Judicial. "Abandonen la insumisión constitucional", le instó.

"Quien calla, otorga", respondió Casado desde su escaño, para repetirle las primeras tres preguntas, ante las que no había obtenido respuesta. Le pidió que le contestara sí o no. "Es de vergüenza que tenga ministros peleándose en público por las pensiones, la reforma laboral, el salario mínimo o la luz. Ponga orden en esa jaula de grillos de una vez", le espetó. Y advirtió de que el mero hecho de que el 'president' de la Generalitat, Pere Aragonès, dijera que forzará al Estado hasta que acepte un referéndum de independencia, es razón de sobra para que el Ejecutivo se levantara de "esa mesa de independentistas". "Si no está dispuesto a defender a España de delincuentes y de la crisis económica que usted ha empeorado, váyase y déjenos a los demás hacerlo", culminó.

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Entonces Sánchez intentó devolverle la pelota. "Ante ese juego del sí o del no", le dijo, el líder del PP debería responder si comparte la reforma de las pensiones que mañana jueves pasa por el Congreso y que supone revalorizarlas conforme al IPC. Era un careo más entre el presidente y Casado, sin anuncios y sin puentes entre ambos. Más de lo mismo.