Contracrónica

Illa ofrece un ovillo a Aragonès

Solo en la indescifrable política catalana ocurre que la intervención más mansa de oposición al Govern la haga el primer partido de la oposición

Salvador Illa se dirige a la tribuna de oradores ante la desatenta mirada de Pere Aragonès.

Salvador Illa se dirige a la tribuna de oradores ante la desatenta mirada de Pere Aragonès. / Job Vermeulen (ACN)

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

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Aseguraba Hemingway que durante la Primera Guerra Mundial un hombre fue fusilado por un pelotón de objetores de conciencia. Sirva esta anécdota para resumir la inmisericorde intervención de Carles Riera, dirigente de la CUP, socio preferente, por no decir muleta indispensable, del Govern que preside Pere Aragonès, al que exige un nuevo referéndum antes de 2025. Junts per Catalunya no es socio preferente. Es Govern. Y, a la par, oposición. Más incluso. Es el tábano que habitualmente más incordia a Esquerra, la dinamita de la mesa de diálogo. Con estos compañeros de viaje, ¿qué papel le queda al PSC, formalmente principal partido de la oposición? Esta era una de las incógnitas a despejar en la segunda jornada del debate de política general. No es que sea la repera como ecuación, pero es que lo que algunos llaman el conflicto catalán ha llegado ya a ese punto en que lo mejor que se puede esperar es que las cosas no vayan a peor.

Aragonès e Illa coincidieron en el Liceu, antaño el 'tinder' decimonónico, pero parece que el 'president' no está por iniciar una relación

Salvador Illa, en su media hora de intervención, cual profesor tras un examen de primer trimestre, ha puesto nota uno a uno a todos los ‘consellers’ del Govern. Ha aprobado a algunos, con buena nota, incluso, y ha suspendido a más de la mitad. En el diario de sesiones pueden, si gustan, leer con detalle los resultados del examen ‘illesco’. Allá ustedes. Lo interesante, sin embargo, ha sucedido al final de su intervención. Ha explicado, en lo parece que no es un secreto revelado, que días atrás coincidió con Aragonès en el Liceu, que, como se sabe, además de coliseo operístico era antaño el ‘tinder’ decimonónico.

No hay que imaginar aún a Illa en el palco con el abanico cerrado y apoyado en la sien, que al parecer significaba “pienso en ti” cuando al Liceu se iba a buscar pareja, y a Aragonès con el paipay desplegado y boca abajo como respuesta, algo así como “estoy comprometido”, según el lenguaje de los abanicos. La cosa, lástima, era más simple. Coincidieron ambos con motivo de la representación en el teatro de la Rambla de ‘Ariadna de Naxos’, ópera de Strauss, cuyo argumento (la tozudez de un rico vienés empecinado en fusionar en una única obra una tragedia y una sátira) le ha venido estupenda al líder de la oposición para hacer un retrato de las dos almas que conviven en el Govern de la Generalitat.

A estas alturas del 'procés', el laberinto del Minotauro, en comparación, parece una simple línea recta si de encontrar la salida se trata

No ha sido una referencia de esas que van de cabeza los titulares de las crónicas, cierto, pero hay en la ópera citada algo subliminal que no merece ser pasado por alto. Es la Ariadna que da nombre a la composición de Strauss. Es un personaje sobradamente conocido de la mitología griega. Fue ella la que encontró una forma fácil y segura para que Teseo encontrara el camino de salida del laberinto del Minotauro, una línea recta si se compara con el dédalo en que se ha convertido la política catalana, en la que la parte del Govern es oposición y en la que el principal partido de la oposición ofrece su brazo al ‘conseller’ de Economia para sacar adelante los próximos presupuestos sin tener que hacerse el ‘cupaire’, como ocurrió días atrás.

La historia del Minotuaro, con la gallardía de Teseo y la inteligencia de Ariadna como ejes morales, se le explica incluso a lo niños en cuentos infantiles, aunque, eso sí, censurando prudentemente los detalles más sucios de la leyenda, como de qué relación zoófila nació aquel monstruo y, también, el papel crucial de Dédalo, padre de Ícaro, en aquella infame coyunda. Todo eso, en cualquier caso, no es nada al lado de cómo terminó la pobre Ariadna, abandonada en una isla por Teseo a pesar de que le salvó la vida con un simple ovillo de lana. No está de más subrayarlo, visto el hilo narrativo de Illa, comparativamente el más amable con Aragonès de todos los oradores que durante la segunda jornada del debate de política general han pasado por el atril, exceptuando, claro está y menos mal, que el de la propia Esquerra, Josep Maria Jové. Ver para creer.

Otro referéndum, serrar las patas de la mesa de diálogo..., el camino que le ofrecen a Aragonès sus aliados lo definió muy bien un día el médico y alpinista Ken Kalmer

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Decir que Aragonès se ha comportado como un Teseo en su turno de réplicas sería precipitado. De entrada, porque el presidente de la Generalitat, en un gesto que tal vez revela más hastío que desprecio, no ha respondido uno a uno a los intervinientes, sino que lo ha hecho de una tacada. Y, en segundo lugar, porque Aragonès, escuchadas las intervenciones de Junts y la CUP, es como los escaladores que transitan por ese peligroso paso de 500 metros que da acceso a la cumbre del Everest y que con tanta gracia describió un día el médico y alpinista Ken Kamler. “Si te caes a la izquierda, hacia Nepal, son 2.438 metros de altura. Si caes hacia la derecha, hacia el Tibet, son 3.658 metros”. Decía Kamler que, por supuesto, era mejor caer hacia el Tibet. “Vivirás un poco más”. Así está Aragonès, parece, en el dilema de elegir entre un nuevo referéndum antes de 2025 o, como alternativa, astillar la mesa de diálogo e ir al choque con el Gobierno central, como sugiere Junts. No queda claro qué alternativa ofrece una vida política más larga al presidente de la Generalitat.

Aragonès, en su réplica, ha querido dar a entender que su propósito es alcanzar la cima de la cumbre, no queda claro cómo, lo que sí es seguro es que prefiere hacerlo con Illa, cual Ariadna, abandonado en una isla. Ha enmendado toda la intervención del presidente del grupo socialista. De principio a fin. Al Liceu fueron solo por la ópera.