Contracrónica de un debate sin chispa

Borràs contraprograma a Aragonès

¿Ha acusado la presidenta del Parlament al 'president' de estar a un paso de crear la Generalitat de Vichy?

Laura Borràs acompaña a Quim Torra a su despacho para que, en presencia de Pere Aragonès, sea objeto de un homenaje en el aniversario de su inhabilitación.

Laura Borràs acompaña a Quim Torra a su despacho para que, en presencia de Pere Aragonès, sea objeto de un homenaje en el aniversario de su inhabilitación. / Ferran Nadeu

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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Es una anécdota semiolvidada de la Segunda Guerra Mundial que en plena contienda los británicos imprimieron miles de falsos sellos postales con la cara de Heinrich Himmler para, después, hacerlos llegar a Alemania con el propósito de levantar recelos, desconcierto y suspicacias en la cúpula del Tercer Reich y, sobre todo, desencadenar una impredecible reacción en la cúspide de esa cúpula, o sea, Adolf Hitler. Se supone que está mal echar mano de referencias al nazismo para abrir una crónica sobre una sesión del Parlament, y probablemente tengan razón quienes así lo sostienen, pero el recuerdo de esta anécdota hay que tomárselo a lo Lubitsch, que en 1942, en plena guerra, se atrevió a encontrarle un lado cómico a la barbarie en ‘Ser o no ser’, película sin igual en su género. La cosa es que el debate de política general ha estado precedido de una pequeña ceremonia en la que Laura Borràs le ha estampado al ‘president’ Pere Aragonès un sello con la efigie de su antecesor, Quim Torra. Ha sido ‘lubitschiano’.

Lo dijo en una ocasión Charlie Sheen, al parecer por experiencia propia, los tríos no son fantasías, son pesadillas

El debate anual sobre la salud del país tiene desde hace más de 30 años una puesta en escena concebida para que sea un día de lucimiento por parte del presidente de la Generalitat. En la primera sesión suele intervenir solo él. Las réplicas acostumbran a dejarse para la segunda jornada. Pero Aragonès, como se sabe, ocupa el cargo fruto de un trío, un tipo de encamamiento que, según un experto en la materia, como lo es Charlie Sheen, podrá parecer una fantasía, pero que es en realidad una pesadilla. Lo contó el propio Sheen en una entrevista en la que habló sin tapujos de su vida sexual. En los tríos, dijo, hay preferencias, envidias y, llegado el caso, hasta humillaciones. Solo desde esta perspectiva pueden interpretarse los preliminares del debate de política general, que han comenzado con una entrevista que la presidenta Laura Borràs ha concedido por la mañana a Catalunya Ràdio.

Pocas horas antes de que Aragonès iniciara su discurso, Borràs ha lamentado que el ‘president’ se preste a participar en una mesa de diálogo con el Gobierno central porque eso es lo mismo que “colaborar” con el enemigo, una palabra curiosa, a solo un sufijo de distancia de una expresión insultante, colaboracionista, lo que es lo mismo que acusar a Esquerra de crear algo así como la Generalitat de Vichy.

Torra invita a Aragonès a no hacer caso de las lecciones de la historia e invadir Rusia después del verano

Horas después y minutos antes del inicio de la sesión, Borràs ha vuelto a dar la razón a Sheen. Ha organizado un pequeño homenaje a Quim Torra en el primer aniversario de su inhabilitación. Aragonès no ha podido o no ha querido excusar su presencia. Ha sido interesante. Mientras el ‘president’ ha situado la independencia en el horizonte, un lugar bastante incierto, porque con la curvatura de la Tierra nunca se puede llegar a él, Torra ha conminado a no retrasar lo que él considera incuestionable, dejarse de mesas y, si es necesario, invadir Rusia en invierno.

Cuando el barril resuena...

A la ‘troupe’ de periodistas que semanalmente pasan por horas y horas en el Parlament (un saludo desde aquí a todos) nada de todo esto les sorprende. Algunos de ellos son incluso autores de trabajadísimos libros sobre el llama do ‘procés’. En cierto modo, no se creen a Borràs cuando dice que el 28 de septiembre, por ser la fecha de la inhabilitación de Torra, es “un día repleto de resonancias”. A su manera, se han dado cuenta de que es cierto aquel lema pirata que recuerda que cuanto más vacío está el barril (de ron, se supone), más fuerte resuena. Como el ‘procés’.

Volvamos a Lubitsch. ‘Ser o no ser’ es una película perfecta. Es un milhojas de gags, pero el que viene al caso ahora es esa humillación que una y otra vez sufre el protagonista, Joseph Tura, cada vez que está a punto de recitar el célebre monólogo de ‘Hamlet’ desde el escenario del teatro. Es el rato que aprovecha su esposa para flirtear con un apuesto aviador que aguarda el momento sentado en las primeras filas de la platea. Como una Borràs, se levanta y eclipsa el gran momento del protagonista de la obra, Tura o Aragonès, llámesele como se quiera.

Ni siquiera Rigol, que llegó a defender "el uso social del cuerpo de la mujer", llevó a lugares inapropiados la presidencia del Parlament

La presidencia del Parlament había sido, por tradición, un cargo que se ejercía con un cierto apartidismo. Quien preside la Cámara catalana o el Congeso de los Diputados se supone que es un árbitro del juego. En el caso catalán, los límites que no puede sobrepasar no están bien definidos. El Estatut remite al reglamento del Parlament para conocerlos y el reglamento del Parlament redirige al Estatut para conocerlos. Cosas que pasan. Pero hasta que Carme Forcadell ocupó el cargo, lo dicho, había un código de comportamiento no escrito que invitaba a un ‘fair play’. Pocas estridencias hay en las hemerotecas de las etapas parlamentarias ‘preprocés’.

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Puestos a destacar una, ni que sea para que no caiga en el olvido, está aquella ocasión en que el democristiano Joan Rigol, preguntado sobre el hecho de que sus colegas de coalición de Convergència tuvieran libertad de voto en Madrid para apoyar o no la ley del aborto, se le ocurrió decir que “hay un uso social del cuerpo de la mujer que no se puede menospreciar”. A punto estuvo de salir de la sala de prensa alquitranado, emplumado y sobre un raíl de ferrocarril, pero nada que ver con los tiempos actuales, en que, parafraseando a Manuel Vázquez Montalbán cuando analizó la llegada de José María Aznar al poder, podría decirse que la democracia catalana se ha convertido en una democracia orgánica, en la que algunas asociaciones sociales funcionan como una suerte de sindicato vertical y la presidencia del Parlament como un gabinete de propaganda frente al que el discurso de Aragonès, recitado con un cierto aire de opositor, nada puede hacer.

Posdata filatélica

La impresión de falsos sellos de Himmler no decantó la Segunda Guerra Mundial, pero sí que sacudió, y de qué manera, el mundo filatélico. Descubierta la estrategia británica por el alto mando nazi, Alemania respondió con varias colecciones de falsos sellos británicos que sugerían, entre otras cosas, que el Reino Unido estaba dominado por los judíos. A veces bastaba con sustituir un simple detalle de una cruz por una estrella de David en un escudo imperial. Se imprimieron nueve millones de sellos que, claro, hicieron las delicias de los coleccionistas. Se pagaban fortunas por los más extravagantes. Tanto era así que algunos altos mandos del Tercer Reich pidieron que les imprimieran más para venderlos.