El Onze de Setembre

Diada de cambio de ciclo

La manifestación de la Diada, a su paso por la Via Laietana, este sábado. / JORDI COTRINA

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Xabi Barrena
Xabi Barrena

Periodista

Especialista en información sobre el Govern de Catalunya, de ERC y en el seguimiento de la actualidad del Parlament.

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Décima Diada desde el salto de escala independentista del 2012 y primera cercana a la normalidad tras la pandemia y el indulto a los presos. Y como si fuera un organismo vivo, el Onze de Setembre de este año ha ofrecido nuevos matices que permiten avistar un cambio de ciclo. Hubo gentío, sí. Una multitud (entre 108.000 y 400.000 personas, según la fuente) que sigue sin poder ser comparada con cualquier otra manifestación en Catalunya, es decir, todo un éxito, y, a la vez, unos números muy inferiores a los de los inicios de esta década que comenzó en 2012. Y algo que no se puede medir, pero si oler o intuir: con mucha menos influencia en la agenda política.

Fue la primera Diada que quizá no buscó epatar más allá de las fronteras. Despojada de la sensación que presidió las manifestaciones hasta 2017, que no era otra que la fe en que una concentración multitudinaria, de récord Guiness, empujaría hacia una secesión más o menos inmediata, fue una jornada de autoafirmación y una negación de que el independentismo se haya desmovilizado. Pero no se derivarán consecuencias políticas de lo vivido este sábado en las calles de Catalunya.

Sin mensaje a la Moncloa

Con el casi 52% del voto acumulado por los partidos independentistas en febrero y a menos de una semana de reabrir las negociaciones con el Gobierno central para lograr una salida al conflicto político, reconocido por ambos bandos, la Diada no fue, sin embargo, un clamor que pueda presionar a el Ejecutivo de Pedro Sánchez, que trata de poner sordina a la celebración de la reunión. Tal labor, si de ello precisan los independentistas, deberá recaer en los partidos, singularmente ERC que, mediante la amenaza de no apoyar los Presupuestos.

Fue una Diada que no buscó epatar, despojada de la fe en que una concentración multitudinaria empujaría hacia una secesión inmediata

Fue, sobre todo, un día de consumo interno donde asomaron las distintas vertientes de una atomización creciente en el independentismo. Aún unitario y multitudinario, pero con varias sensibilidades. Un retorno, en cierta forma, a las ‘diades’ previas al 2012, donde, en la misma plaza de Urquinaona, las distintas sensibilidades secesionistas marchaban juntas, pero no revueltas. Eso sí, con unas cifras de asistencia multiplicadas por 20.

Conocida la división entre ERC y Junts a cuenta de la utilidad de la mesa de negociación y el papel de la ANC, como adalid del unilateralismo, en la manifestación cobró protagonismo una escisión de la Assemblea que, tras intentar boicotear la concentración al final se asumió que la encabezaran con su propia pancarta que rezaba un explícito ‘Prou Traidors’.

Pere Aragonés, junto a Jordi Puigneró y Laura Vilagrà, en la ofrenda floral del Govern al monumento de Rafael Casanova.

/ MANU MITRU

‘Donec Perficiam’ (así se llama la escisión) a parte, la unidad, en forma de gritos y coros netamente independentistas, se mantuvo durante la gran manifestación, pero la división afloró en los otros actos del día. Desde los pitos a Oriol Junqueras en el Fossar de les Moreres, en la medianoche del viernes, a los silbidos a las comitivas de los partidos independentistas, como ERC, por parte de secesionistas unilateralistas. Una muestras de rechazo que tampoco tuvieron la contundencia necesaria para que los republicanos replanteen su hoja de ruta, que pasa por la negociación. No cuajó, por tanto, el mensaje de la víspera de Pere Aragonès de acumular “esfuerzos” cara a la mesa de diálogo, pero tampoco se visualizó una oposición abierta a ella. Hubo un cierto empate.

Cuixart y Paluzie presionaron al Govern, reforzando el mensaje en clave interna del día

Cuixart, cuatro años después

Esa lectura eminentemente interna de la jornada la verbalizaron tanto Jordi Cuixart, como Elisena Paluzie en sus intervenciones. El presidente de Òmnium, en su primera Diada desde 2017, tras tres años y medio encarcelado, llamó a "seguir presionando a los partidos e instituciones. A los de allí y, sobre todo, a los de aquí, para que tracen una estrategia compartida", dijo, antes de sentenciar: "Que se discutan, pero se tiene que poner de acuerdo".

Paluzie se dirigió, directamente, al 'presidsent' Aragonès. Primero aseveró que la "autodeterminación no se negocia", en clara referencia a la mesa de diálogo. Y, después, clamó que "con la gente no basta, se precisa liderazgo político. Al Govern le exigimos que deje de hacer concesiones y que vuelva a tener un proyeto centrado en cabar con lo que empezó el 1-O". Y, como final, la presidenta de la ANC parafraseó a su antecesora, Carme Forcadell, cuando le dijo a Artur Mas aquello de "'president, posi les urnes"!". En la versión 2021, con un 'president' republicano, fue: "¡'President! ¡Faci la independència!".

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Hubo espacio incluso para el aeropuerto, con el carpetazo del Govern a reabrir las conversaciones antes del día 30

Un cambio de ciclo en la Diada que permitió, incluso, que asomara un asunto tan 'autonomista' como el de la ampliación de El Prat. Tras la tradicional ofrenda floral a Rafael Casanova, la ‘consellera’ de Presidència respondió a la ministra Raquel Sánchez quien, desde las páginas de EL PERIÓDICO, afirmó que aún faltaba 20 días para el 30, día en que el Gobierno aprobará el plan aeroportuario. Vilagrà ofreció reabrir conversaciones siempre que el Ejecutivo respete el “entorno natural” del aeródromo, pero siempre después de ese 30 de septiembre, y con calma. Incluso Paluzie dio su visión del tema: “¿Queréis un aeropuerto ‘hub’?”, preguntó retóricamente al Govern. Y se respondió: “Haced la independencia”.