JUEGO DE TRONOS

Las 3 claves de la semana política

  • Algunos de los ministros cesados lo fueron por la baja productividad

  • A Iván Redondo le irritó que un intermediario le comunicara que seguía de jefe de gabinete

  • Giró podría estar donde está en nombre de Esquerra

El ’conseller’ de Economia i Hisenda, Jaume Giró.

El ’conseller’ de Economia i Hisenda, Jaume Giró. / David Zorrakino (Europa Press)

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Albert Sáez
Albert Sáez

Director de EL PERIÓDICO

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Es difícil “guardar y hacer guardar las deliberaciones del Consejo de Ministros” en la era de la transparencia. Con todo, los ministros de España son tremendamente respetuosos con el juramento que hacen en su nombramiento. Incluso en un Gobierno de coalición como el actual. No es lo mismo en el caso del Govern de Catalunya en el que ya desde los tiempos de Unió, las filtraciones han sido norma, hasta el punto que han alimentado a las principales figuras del periodismo catalán, ahora decepcionadas por lo poco que da el ejecutivo de Aragonès. A base de saberse los dosieres y de respetar a los consejeros se ha ganado su respeto por mucho que los aparatos viejos de los dos partidos sigan alimentando una refriega que, por ahora, no existe. Esa intimidad de los presidentes con sus ministros o consejeros explica, a menudo, mucho mejor lo que pasa que ciertas teorías conspirativas.

La productividad ministerial


Van saliendo detalles en conversaciones casuales que permiten entender mejor la crisis de Gobierno de Pedro Sánchez. El primero es que una característica común de los ministros cesados es su baja productividad y su falta de implicación en la gestión de sus asuntos. Algunos porque estaban quemados de batallas sectoriales que perdieron o cerraron en falso y otros, sencillamente, porque pese a tener presupuestos multimillonarios no lucían suficientemente, especialmente desde que se abrió la puerta del gasto con los fondos europeos. Sería el caso de José Luis Ábalos que, pese a su gran peso político, no aportaba en la gestión lo que el presidente necesitaba. 

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El día que Redondo tuvo intermediario

Otro detalle que ha trascendido serviría para explicar la salida de Iván Redondo que, como dijo en su despedida, ciertamente había pedido marcharse en el 2019, pero que luego acarició la idea de ser ministro. Su marcha, decepcionado, se precipitó porque la comunicación de que seguiría como jefe de gabinete no se la hizo Sánchez en persona sino un intermediario. Entonces se consumó la ruptura entre ambos. Otro mito que cae. Cuentan quienes han pasado por la experiencia que el actual presidente no es tan frío como le dibujan los cronistas y que sorprende a menudo a sus ministros por el dominio que tiene de los temas, un asunto que en última instancia depende del equipo de asesores que tiene en La Moncloa y que son los que le ponen al tanto.

Giró, entre Junts y Esquerra

Las fuentes clásicas de los dos partidos en el Gobierno de Catalunya y sus altavoces como columnistas y tertulianos de cuota han querido ver el episodio de los avales a los encausados en el Tribunal de Cuentas como el reinicio de la guerra que hubo en el ejecutivo en tiempos de la presidencia de Torra. Algunos datos, que no opiniones, rebaten esa posibilidad. El primero es que Aragonès conoce a la perfección las carpetas que maneja y dirige el gobierno hablando con los consellers y no dándoles arengas a través de Twitter. De manera que respeto genera respeto. El president no habla sin consultar a sus consellers y ellos hacen lo propio. El segundo dato es que Jaume Giró no es Meritxell Budó. El conseller de Economia no está pendiente del lugar que ocupa en el escalafón de su partido ni necesita hacer méritos para desprenderse de un pasado convergente y, además, tiene una inmejorable relación personal desde hace años con Aragonès y con su entorno, de manera que no está en la diana de Esquerra. El tercer dato es que los organismos públicos no cambian al mismo ritmo que los gobiernos y en el Institut Català de Finances (ICF) hay una gobernanza aún del tiempo en que el departamento de Economía dependía de Esquerra. Así que no se trataba de decidir quién se arriesgaba sino de mutualizar el riesgo. El tema de los avales está envenenado y en las posiciones que se mantienen pesa más el patrimonio personal que tiene cada uno que el carnet de partido. No todo el mundo se juega lo mismo porque no todo el mundo tiene lo mismo. Es más fácil que firme lo que le pongan por delante quien no tiene nada para que le embarguen que hacer firmar a quien pueden arruinar. Giró podría haber llegado a un cargo público de la mano de los republicanos como lo ha hecho de Junts. Y las posiciones de unos y otros en este peliagudo asunto hubieran sido las mismas.