JUEGO DE TRONOS

Las 3 claves de la semana política

Indultos, fondos, Villarejo, Ibex-35 y viceversa

Isabel Díaz Ayuso y José María Aznar en la clausura de un curso en la Universidad Francisco Vitoria.

Isabel Díaz Ayuso y José María Aznar en la clausura de un curso en la Universidad Francisco Vitoria. / José Luis Roca

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Albert Sáez
Albert Sáez

Director de EL PERIÓDICO

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Las relaciones entre los poderes no son nunca fáciles en democracia. El absolutismo se basaba precisamente en el ejercicio monolítico del poder. De la fuente de la voluntad divina, expresada a través del sumo pontífice, emanaba la autoridad del emperador y así sucesivamente hasta el más diminuto de los señores feudales. Leyes, propiedades e ideas se imponían sin fisuras con la fuerza de la cruz y de la espada. Uno de los atributos de la Modernidad es justamente la ruptura de ese poder absoluto, tanto de los gobiernos y de los jueces respecto del monarca como de la sociedad civil respecto del Estado. Con todo, hay zonas de frontera, no siempre fáciles de perimetrar. Hay grandes empresas que dependen de concesiones del Estado y hay grandes empresas que, en la medida que gestionan servicios esenciales, el Estado depende de ellas. La concesión de los indultos ha puesto en la picota las relaciones entre poder político y poder económico durante los últimos días. Especialmente ha tensado las relaciones entre el PP y la patronal CEOE.

El día que Aznar se emancipó

Explica José María Aznar en el primer volumen de sus memorias que una de las primeras decisiones que tomó cuando asumió el timón del Partido Popular (cuando Fraga soltó aquello de ni tutelas ni tutías) fue buscar una fuente de financiación alternativa a los empresarios de la CEOE. En los años 80 del siglo pasado, durante las mayorías absolutas de Felipe González, se daba por hecho que la patronal ponía y quitaba candidatos en la formación de centroderecha porque era quien pagaba la fiesta . Para lograr ese cometido, Aznar puso al frente de las finanzas del PP a Álvaro Lapuerta, con quien había intimado en su etapa de inspector de Hacienda en Logroño. Podríamos decir que era uno de sus mentores políticos. Lapuerta tuvo durante años de máximo ejecutivo en ese área a Luis Bárcenas. Y el resto de la historia ya es conocido. Este detalle tiene hoy su importancia por la palabras de Aznar sobre la CEOE tras las declaraciones de su presidente Antonio Garamendi a favor de la decisión del Gobierno sobre los indultos a los presos del procés. Con ese tono cañí que desprende a veces el expresidente, soltó eso de que “son días para apuntar y no olvidar”. La frase de Aznar culminaba una semana de ataques de la cúpula del PP que vino a decir que los empresarios habían vendido su apoyo al Gobierno en los indultos a cambio del plato de lentejas de los fondos europeos. 


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¿Por qué se gestionan los fondos desde La Moncloa?

Con la campaña contra Garamendi, oel PP retomaba su batalla contra el modelo de gestión de los fondos europeos que da un papel esencial a la oficina del Presidente del Gobierno. Es una decisión que salió adelante gracias a la abstención de Vox, en uno de los episodios parlamentarios más delirantes de la actual legislatura y que aún está por explicar. En el sector madrileño de los lobbies se da por hecho que los de Abascal atendieron aquella noche los argumentos de la CEOE en sus labores de grupo de presión. De ese resquemor nace la salida en tromba de los dirigentes del PP contra Garamendi. Y también porque saben que la intervención de la presidencia del Gobierno es hoy un hecho que preocupa por igual a la Comisión Europea (España ha sacado una de las peores notas en transparencia en la gestión de los fondos) y a los barones socialistas que temen perder capacidad de intervención en el reparto. 

Tres palancas para controlar el Ibex

Toda argumentación política en base a las grabaciones manipuladas del excomisario Villarejo es nula de entrada. Pero las secuelas judiciales de sus patrañas están debilitando a algunas cúpulas empresariales, especialmente Iberdrola y Repsol, justo en el momento en que se la juegan porque la pandemia ha castigado su cotización hasta el punto de hacerlas vulnerables a todo tipo de operaciones. El Gobierno volvió a protegerlas el jueves de una acción hostil extranjera por seis meses más. Pero eso no impide que haya cambios accionariales internos. De manera que algunos de los implicados sienten estos días que la Presidencia del Gobierno tiene tres palancas para intentar alterar los pesos y medidas en las empresas del Ibex-35: la regulación, los fondos europeos y la protección frente a opas. Si le sumamos la debilidad infringida por Villarejo, algunos temen que les muevan la silla.