Sucesión morada

Los retos de Belarra como futura secretaria general de Podemos

  • La ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030 es la favorita en las primarias del partido para ocupar la secretaría general

  • Entre sus tareas estará coordinarse con Díaz, buscar nuevos liderazgos entre las bases e intentar emanciparse de Iglesias

 La ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra,

La ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra, / David Castro

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Miguel Ángel Rodríguez
Miguel Ángel Rodríguez

Periodista

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El próximo domingo, los militantes de Podemos escogerán al heredero de Pablo Iglesias. Todo apunta, de manera indiscutible, a que será la ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra, quien salga elegida nueva secretaria general del partido. Tras sustituir al exvicepresidente en el ministerio, se hará cargo también de las riendas de la formación morada. Por delante tiene varios retos, algunos de ellos heredados y otros propios de las nuevas dinámicas:

La coordinación con Díaz

Belarra será elegida, previsiblemente, secretaria general de Podemos, lo que la situará como una de las máximas dirigentes de Unidas Podemos, la coalición de los morados con IU, En Comú Podem y Galicia en Común. No obstante, es Yolanda Díaz quien ejercerá el liderazgo de Unidas Podemos y de la acción de los ministros dentro del Gobierno. El resultado será una bicefalia en la que ambas ministras deberán encontrar el equilibrio.

Desde que Iglesias abandonó el Ejecutivo, Díaz ha gestionado las relaciones con el PSOE de manera diferente. Fuentes moradas en el Gobierno sostienen que siguen existiendo las mismas tensiones que hace unos meses, pero que el estilo de la vicepresidenta pasa por no airear los conflictos para evitar el ruido. El perfil de Belarra, por lo menos hasta el momento, ha sido mucho más beligerante, enfrentándose a ministros del ala socialista. El reto será encajar ambos tonos.


Los roces con el PSOE

Tanto Belarra como Díaz tienen sobre la mesa varios frentes abiertos con sus socios de Gobierno. La ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, en concreto, mantiene abiertas las negociaciones con el ministro de Transporte, José Luís Ábalos, para redactar la ley de vivienda. Las conversaciones llevan meses estancadas ante la negativa del PSOE a regular el precio de los alquileres. En manos de Belarra está llevar a buen puerto este diálogo que Iglesias fijo como uno de sus principales objetivos. Además, socialistas y morados llevan meses encallados en la tramitación de la 'ley trans' que impulsó el ministerio de Igualdad, dirigido por Irene Montero, en la derogación de la llamada 'ley mordaza' y en la derogación de la reforma laboral.

Emanciparse de Iglesias

Entre los retos que Belarra tiene sobre la mesa, uno de los más complicados será emanciparse de la figura de Iglesias. Podemos nació y creció bajo la sombra del exvicepresidente, que ejerció un hiperliderazgo en la formación que ha dejado una huella profunda. La ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030 deberá construir su propio liderazgo al margen de los pasos que dio Iglesias y, en el futuro, reconstruir una cúpula que, todo apunta, se mantendrá prácticamente igual que durante la era Iglesias.


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Abrir la puerta nuevos liderazgos

Con la gran mayoría de dirigentes de Podemos formando parte de su candidatura, Belarra tendrá también por delante la labor de abrir el espacio a nuevos liderazgos que, en un futuro, puedan tomar las riendas del partido. Los estatutos de la formación morada sitúan en 12 años el plazo máximo de tiempo que una persona puede estar ocupando un cargo público o interno y, actualmente, la gran mayoría de la cúpula llevan en la organización desde los comienzos: más de 7 años.

Construir una estructura territorial

Entre los deberes pendientes de Podemos desde hace varios años está la construcción de unos cimientos territoriales fuertes. En apenas dos años la formación morada pasó de no existir a estar dentro del Congreso. Ese crecimiento vertiginoso impidió la consolidación de una estructura solida en las autonomías. La prueba llegó en las elecciones autonómicas de mayo de 2019 en las que Unidas Podemos perdió más de 60 diputados autonómicos entre los distintos territorios y se quedó fuera de los parlamentos de Cantabria y Castilla-La Mancha. Una de las promesas de Belarra al anunciar su candidatura fue la de un Podemos "enraizado" en el territorio.