Una vida en el ostracismo

Jordi Pujol busca quien le escriba

  • Desde un humilde despacho, el 'expresident' trata de resarcir su imagen sin especial ilusión en seguir cumpliendo años

Jordi Pujol y Marta Ferrusola, en una imagen de febrero de 2020

Jordi Pujol y Marta Ferrusola, en una imagen de febrero de 2020 / JOAN MATEU PARRA

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Fidel Masreal
Fidel Masreal

Periodista

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¿Qué hace alguien que está a punto de cumplir 91 años con su esposa de toda la vida gravemente enferma de Alzhéimer, con toda la familia imputada en un grave caso de corrupción y a las puertas de ir a juicio, con el proyecto político de toda una vida en revisión crítica y con el mundo que conoció absolutamente patas para arriba? Pues si ese alguien se llama Jordi Pujol, hace dos cosas: aguantar y tratar de conseguir que alguien le escriba. Que alguien le resarza. No sin asumir, en privado, que no le hace una especial ilusión seguir cumpliendo años.

El que fue presidente de la Generalitat durante 23 años ha emprendido un lento y progresivo intento de levantar cabeza tras el escándalo de su confesión. De la confesión de haber defraudado, junto a toda su familia, una gran cantidad de dinero oculto en Andorra, que se fue multiplicando con los años. Él, Pujol, el que hizo de las virtudes morales y las lecciones de ética una premisa de su acción política, que afirmó que la corrupción es usada a menudo sin base como arma política, que habló de una crisis de valores y dijo que no hay ética sin responsabilidad.

El escudo de sus hijos

Ahora, pendiente de juicio, tiene previsto apelar a ella, a la responsabilidad. Acudirá ante el juez provisto de una gran mampara para atraer hacia sí lo que, según él mismo sabe, deberían asumir algunos de sus hijos. Se siente responsable de no haber actuado cuando algunos de los siete, en especial el primogénito, hicieron negocios en los que la ética y la responsabilidad no aparecieron, y sí el poder del apellido.

Pujol asumirá ante el juez toda la responsabilidad de la estafa y, con ello, los errores de tantos años mirado para otro lado

Es más, Pujol sabe también que su partido de toda la vida, Convergència, se financió de forma irregular. Como todos, añadiría el 'expresident' en un ramalazo de la autoestima y el genio que todavía le quedan. Un ramalazo como el de afirmar que "si se toca la rama de un árbol, caerán todas". Esa fue la amenaza que vertió en el Parlament un Pujol acorralado tras la confesión, desafiante con los dardos de la oposición, a la que acusó de alimentar rumores ("dicen, dicen, dicen...").

Escribirle a la esperanza

Pero después está el Pujol íntimo, el que se recluye en una pequeña oficina de la calle Calàbria de Barcelona y sigue recibiendo visitas, haciendo llamadas y tratando de aparecer en la arena pública hablando de cooperación al desarrollo (en un documental de TV3), o yendo a visitar una importante empresa en Lleida que quiere explicarle sus planes. O manteniendo conversaciones sobre Joe Biden, el papel de la UE y el futuro de las identidades.

Y ahí aparece el título de su libro, 'Entre el dolor y la esperanza', de la mano de Vicenç Villatoro. Sí, Pujol guarda una pizca de esperanza respecto a la humanidad. Esta leyendo 'El día después de las grandes epidemias', de José Enrique Ruiz-Domènec, un repaso a las grandes pandemias de la historia en el que la tesis es que, tras cada una de estas sacudidas, el mundo ha dado un salto adelante.

El Pujol esperanzado lucha contra el Pujol flagelado, vilipendiado, repudiado y huérfano de partido

El Pujol esperanzado lucha contra el Pujol flagelado, vilipendiado y repudiado por sus hijos políticos. El que sabe perfectamente que todo lo que diga en público queda absolutamente filtrado por esa confesión, por unos presuntos delitos de una extrema gravedad. Entonces confiesa que, pese a mentalmente sigue lúcido y físicamente entero, él no está bien.

No habrá independencia

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También tiene motivos para la tristeza política. En sus textos, breves y afilados, admite un gran desbarajuste interno en Catalunya, habla de desorden y pide cerrar filas. Es más, tras haber asumido hace unos años la opción independentista, ahora escribe que "ha quedado claro que, muy probablemente, Catalunya no podía independizarse", pero también que "la no-solución al tema catalán tiene efectos muy negativos para España". Y remata: "Catalunya debe hacer una reflexión seria sobre cómo ha conducido el conflicto. España, también".

Pero Pujol, huérfano de honra, está también huérfano de partido. Del suyo, Convergència, guarda un cubo de piedra en un rincón de su despacho y un pequeño puñado de amigos a los que llama regularmente. Porque, pese a todo, sí, Pujol tiene quien le escriba.