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Pere Aragonès, el pragmático 'president' milenial

  • El jefe del Govern más joven de la historia comparte con su mentor, Oriol Junqueras, una visión liberal de la sociedad y la economía

Pere Aragonès, líder de ERC, en el Parlament de Catalunya

Pere Aragonès, líder de ERC, en el Parlament de Catalunya / Josep Lago / AFP

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Xabi Barrena
Xabi Barrena

Periodista

Especialista en información sobre el Govern de Catalunya, de ERC y en el seguimiento de la actualidad del Parlament.

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Pere Aragonès García es el presidente de la Generalitat más joven de los tiempos, al menos desde que se tiene claro que la tierra es redonda y que Charles Darwin andaba en lo cierto. Nacido en noviembre de 1982, no llega ni a los 39 años. Es, pues, un milenial, esa generación que no descubrió, hasta entrada la veintena, que en la Generalitat podía haber un inquilino que no fuera Jordi Pujol.

La genealogía del ‘president’ incluye una línea paterna con un abuelo que fue alcalde de Pineda de Mar en las últimas etapas del franquismo y un padre, ingeniero y empresario hotelero, que fue, durante cuatro años, concejal de CiU en la localidad (como independiente). Y también, una línea materna con sendos abuelos de Palomares (Almería), la localidad que vio a Manuel Fraga bañarse con sus ‘meyba’. Su madre trabajó en una empresa textil.

Ajeno al negocio hostelero familiar, Aragonès estudió Derecho e hizo un máster en Historia Económica en la UB. La materia, precisamente, de la que Oriol Junqueras es doctor. Pero, sobre todo, quiso dedicarse a la política. Independentista de primera hora (“cuando éramos cuatro gatos”; le gusta recordar), entró a militar en las juventudes de ERC a los 16 años, llegando a ser portavoz de la asociación. Los periodistas más veteranos le recuerdan a principios de siglo en camiseta negra de grupo musical de rock e incipiente barba, quizá para alejar su aspecto aniñado.

En las JERC, el joven Aragonès mostró su perfil más vehemente, por ejemplo, con una campaña que llevaba como lema ‘España ens roba’, exclamación que ya en la madurez ha ido matizando y cepillando las aristas. Ya como líder de la organización, fue el que contactó con un joven historiador (Aragonès muestra predilección por la década de los años 30 del siglo pasado) para que diera charlas. Con el historiador fue trabando lazos de amistad y este, más adelante, lo acogió bajo sus alas políticas. Era Junqueras. Una de esas charlas se hizo en Torregrossa (Lleida), y ahí tanto Junqueras como Aragonès se fijaron en una de las oradoras locales, Marta Vilalta. La jefa republicana de la negociación con el PSOE, en el 2019, y ahora con Junts.

El dirigente republicano fue modulando con los años el perfil vehemente que exhibió al frente de la juventudes de ERC

Diputado desde 2006, Aragonès destacó por su estajanovismo. “En el Parlament, los diputados se hallan más solos de lo que la gente se imagina y, por tanto, es bastante fácil ver quién se curra su área y quién no. Y los codos de Aragonès son de los que echaron raíces en las mesas de estudio", alaba un compañero de bancada de la época. Repitió en 2010 y 2012. Con el tiempo, fue abandonando las camisetas y adoptando el traje, la corbata y una visión pragmática de la política.

En 2012 fue uno de los tres negociadores del pacto entre CiU y ERC que le dio la presidencia a Artur Mas. En un lado Aragonès, de poco más de 30 años, junto a Albert Castellanos (hoy secretario de Economia, aún en funciones) y Cesc Iglesias (exsecretario de Afers Socials i Famílies); en el otro, Andreu Mas-Colell. Los republicanos, tras la negociación, no ocultaron su admiración por la persona. Un buen rollo que se extiende en la actualidad con la que tenía que ser su vicepresidenta, Elsa Artadi.

En 2015, el ya vicepresidente Junqueras lo nombró secretario de Economia y, acaso para protegerle de la acción del Estado, lo mantuvo al margen de todo el preámbulo del 1-O. Cuando la Guardia Civil entró en la 'conselleria', el 20 de septiembre se rumoreó que la Benemérita lo había detenido. No fue así.

En lo más arduo del otoño de 2017, Aragonès fue uno de los contados cargos que mantuvieron un hilo de contacto con Madrid, "siempre en beneficio del ciudadano", apunta una voz. "Entiende la función pública de una manera muy anglosajona, muy de servicio". También comparte Junqueras "visión liberal de la sociedad y la economía. Liberal, que no debe confundirse con ultraliberal", aclara.

El día que Rajoy aplicó el 155, su reacción fue redactar un plan de contingencia. Nada de manos en la cabeza

Otro detalle de su personalidad. El 27 de octubre, el día de la declaración unilateral de independencia, Aragonès quiso trasladarse a la Conselleria d'Economia para seguir el discurso de Mariano Rajoy, el que detallaba la aplicación concreta del artículo 155. Cuando el presidente del Gobierno verbalizó el cese de todo el Govern, "su reacción inmediata fue coger papel y lápiz y empezar a diseñar un plan de contingencia y un cálculo de lo que podría suponer la intervención del Estado". Nada de manos en la cabeza. Mente fría. No estaba en su mano cambiar nada, tan solo prever una transición en las mejores condiciones posibles.

"Ahora empieza lo fácil", bromea un miembro de ERC acerca de la supuesta falta de carisma del nuevo 'president' y el soniquete que le persigue de que es mejor gestor que candidato. "No son pocos los acusados de carecer de carisma que, luego, como presidente, se lo labran a borbotones"; apunta esta voz pensando, y no verbalizando, quizá un ejemplo anatema, como el de José María Aznar.

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En la última legislatura, Aragonès ha pilotado el retorno al pragmatismo que decretó Junqueras y ha aguantado estoicamente una presidencia que, 'sottovoce', ha creído errática, como la de Quim Torra, al que sustituyó cuando fue inhabilitado. Británico también en las formas y para no dar pie a que le acusaran de tratar de ser presidente por la gatera, rehuyó pisar el Palau de la Generalitat como 'president' en funciones y en cada ocasión que pudo, en el Parlament (es un buen esgrimista), recordó que Catalunya no tenía 'president' por culpa de la "represión del Estado". Sin duda, esperando el momento en que poder ser, con todos los honores, 'Molt Honorable President'. El 132º.