España defiende las "razones humanitarias" para acoger a Ghali

La tensión con Marruecos, en escalada desde diciembre

  • Los dos países suspendieron la cumbre bilateral a finales de 2020, cuya organización se complicó, y aún no hay nueva fecha para su celebración

  • Se han sucedido los desencuentros por la demarcación oceánica o la designación del enviado especial en el Sáhara, hasta llegar al detonante de la última crisis: la hospitalización en Logroño del líder del Polisario

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante el encuentro con el rey Mohamed VI, en el Palacio Real de Rabat, el pasado 19 de noviembre de 2018. 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante el encuentro con el rey Mohamed VI, en el Palacio Real de Rabat, el pasado 19 de noviembre de 2018.  / EFE / BALLESTEROS

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Juanma Romero
Juanma Romero

Periodista

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Pilar Santos
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La grave crisis diplomática abierta con Marruecos, la mayor en dos décadas, a causa de la llegada de 8.000 inmigrantes irregulares a Ceuta en apenas 24 horas, no se explica solo por la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Rabat señala su ingreso hospitalario en Logroño, con identidad falsa, como el detonante de la batalla contra Madrid, como una acción de enorme calado que justifica que tenga "consecuencias", pero lo cierto es que las relaciones entre los dos países ya venían deteriorándose desde hace meses. Es el corolario de una serie de desencuentros que hunden sus raíces años atrás pero que se profundizaron desde el pasado diciembre, cuando se canceló la XII Reunión de Alto Nivel (RAN) que iba a celebrarse en la capital marroquí el día 17. Los dos países la pospusieron hasta febrero por razones de "seguridad sanitaria", pero aún no tiene fecha. Ni asoma en el horizonte. Y eso que no es una cumbre bilateral menor, porque el tratado de amistad, buena vecindad y cooperación de 1991 fija que las citas de este rango, en las que participan los dos jefes de Gobierno y ministros de las dos delegaciones, se convoquen anualmente. Y la última se celebró en Madrid en junio de 2015, con Mariano Rajoy en la Moncloa.

El tramo final de la preparación de la XII RAN embarrancó. El entonces vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, pidió un referéndum para el Sáhara Occidental, palabras que desautorizó de inmediato la titular de Exteriores, Arancha González Laya, quien no se movió de la tradicional posición española: alcanzar una solución pacífica en el marco de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. La polémica llegaba en un momento delicado, tras la ruptura del alto el fuego entre Marruecos y el Polisario por la operación marroquí en la zona de Guerguerat, fronteriza con Mauritania, para garantizar la libre circulación tras semanas de bloqueo por activistas saharauis.

Aquel pico de tensión pudo ser reconducido, aunque en Marruecos se quedó el poso de desconfianza hacia Unidas Podemos. Hasta el punto de que, según indicaban a este diario fuentes diplomáticas, en Rabat no gustaba que participaran en la RAN miembros morados. De hecho, Pedro Sánchez dejó fuera a Iglesias (y también a Carmen Calvo y a Nadia Calviño), aunque mantuvo a Yolanda Díaz, con el argumento de que había que reducir las delegaciones por el covid.

La reivindicación de Ceuta y Melilla

Iglesias pidió un referéndum para el Sáhara y luego fue apartado de la RAN de diciembre antes de la cancelación por el covid

El 10 de diciembre, Madrid y Rabat comunicaban el aplazamiento de una cumbre clave para la lucha contra la inmigración irregular por la incidencia de la pandemia. Ocurría el mismo día en que se producía un doble movimiento: Donald Trump, ya de salida como presidente de EEUU, reconocía la soberanía marroquí sobre la excolonia española del Sáhara Occidental, mientras Rabat establecía relaciones diplomáticas con Israel. Noticia que, recuerdan en el Ejecutivo, pilló por sorpresa a Laya, de viaje en Ramala, capital administrativa de Palestina.

Meses antes, en enero, hubo otro desplante hacia la ministra: el Parlamento marroquí validó dos leyes para ampliar su demarcación oceánica la víspera de la visita de la jefa de la diplomacia española a Rabat. Su objetivo era apropiarse de las aguas del Sáhara, aunque la medida podía tener impacto en España, por su afectación a Canarias. Laya se reunió con su homólogo, Nasser Burita, y acordaron que cualquier solución no sería "unilateral", en caso de solapamiento de aguas y con respeto a las reglas de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

También en diciembre de 2020 se registró otro choque: el primer ministro, Saadedin Otmani, reivindicó Ceuta y Melilla: "Son marroquíes como el Sáhara". Carmen Calvo, la vicepresidenta primera, respondió que "no hay tema", porque las dos ciudades autónomas son españolas y no iba a discutir sobre ello con su socio. Exteriores convocó a la embajadora en Madrid para que diera explicaciones.

El compromiso inicial de España y Marruecos era celebrar la RAN en febrero. No fue así. Laya sí se reunió por videoconferencia con Burita, y repasaron la "agenda positiva", los temas de interés para ambos países (para el vecino del sur lo son la energía, la movilidad de estudiantes, la relación con la UE...), y acordaron impulsar la cumbre bilateral. La ministra incluso invitó a su homólogo a Madrid para finales de marzo. Pero la visita tampoco se produjo. Aunque sí se han sucedido encuentros ministeriales en las últimas semanas, la RAN sigue sin fecha, y "debe ser Marruecos, que es quien la organiza, el que debe ponerla, está en sus manos". "Eso sí, puedes mantener una relación fluida sin RAN, que es la escenificación de una relación al máximo nivel", precisan fuentes diplomáticas.

"¿Qué esperaba España?"

El Gobierno precisa que Ghali entró con pasaporte argelino y en regla, aunque no aclara cuándo informó a Marruecos de su traslado

España acogió a Ghali en abril. El Gobierno aceptó la petición argelina, tras discutirlo "al máximo nivel". Decidió facilitar su traslado por razones "humanitarias", aunque no lo concibió como una "agresión" a un socio estratégico, insistió este miércoles Laya en RNE. "Pero el líder del Polisario pasó con su pasaporte argelino, en regla, y solo utilizó un nombre falso [el nombre de Mohamed Benbatouche] en su ingreso hospitalario en Logroño, por razones de privacidad de datos. No participamos en esa decisión, pero no ha habido nocturnidad. No teníamos motivos para denegar su llegada, y desde luego no se le ha dado inmunidad diplomática ni hay un acuerdo para protegerle judicialmente de un posible procedimiento en España. El Gobierno no puede hacer eso", explican en Exteriores. Ese gesto "humanitario", prosiguen otras fuentes del Ejecutivo, "no se compadece con la respuesta unilateral de dejar a niños y jóvenes cruzar la frontera de Ceuta ilegalmente".

Para el país magrebí, Ghali es considerado un "enemigo". "¿Qué esperaba España de Marruecos, al ver que su vecino alberga a un responsable de un grupo que lleva armas contra el reino?", se preguntaba en Facebook el ministro de Derechos Humanos, Mustafá Ramid, quien a su vez advertía de que el "precio de subestimar" a Rabat "es muy caro". Laya defendió que había explicado la posición española "múltiples veces y por múltiples vías" al Ejecutivo marroquí. Pero lo que no precisan distintas fuentes consultadas en Exteriores es en qué momento informó a Rabat de la acogida de Ghali. Un dato clave para entender la ira del reino alauí.

El puesto de mediador para el Sáhara está vacante desde mayo de 2019, aunque Rabat se centra en que más países secunden a Trump

Hay otro capítulo pendiente entre los dos países: el nombramiento de un enviado especial de la ONU para el Sáhara. El último responsable, el alemán Horst Köhler, dimitió en mayo de 2019. La designación es responsabilidad del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, con el visto bueno del Consejo de Seguridad y la aceptación de las dos partes, Rabat y el Polisario. España, que ha sugerido nombres, entiende que Marruecos quizá no tenga "demasiado interés" en un nuevo mediador, pues su objetivo es el "reconocimiento de su soberanía" sobre la excolonia, como ha hecho EEUU.

El papel de Estados Unidos

En el Gobierno también hay quienes creen que Rabat puede tener "miedo" a que la nueva Administración americana revierta el posicionamiento de Trump. En el Ejecutivo recuerdan que ese gesto inesperado del exmandatario estadounidense "vulnera las recurrentes resoluciones del Consejo de Seguridad". "Y a Marruecos no le interesa que se eche para atrás". Joe Biden aún no ha lanzado señales de que vaya a confirmar el planteamiento de Trump o que vaya a hacer lo contrario. El secretario de Estado, Anthony Blinken, habló el martes con Burita y se centró en el conflicto entre Palestina e Israel y agradeció el papel estabilizador del reino alauí en la región. Y este miércoles, la portavoz del Departamento de Estado, Jalina Porter, se mantuvo neutral en la crisis entre España y Marruecos, al apelar a ambos países a buscar una solución conjunta.

Laya reitera que se quiere afianzar la relación con Marruecos, pero avisa de que España seguirá "firme" en la defensa de su "integridad", de las fronteras y de la seguridad

España, pese a la presión ejercida por el vecino del sur, promete no moverse de su posición respecto al Sáhara: "Lo dijimos cuando lo decidió Trump y lo seguimos diciendo: el problema saharaui va a persistir y hay que abordarlo, a través del diálogo y la mediación, y hay múltiples resoluciones de la ONU en ese sentido". Rabat también ha apretado a Alemania y, de hecho, a primeros de mayo llamó a consultas a su representante en Berlín.

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El Gobierno no quiere encender más los ánimos. Confía en cerrar pronto la crisis diplomática, y la señal será la vuelta de la embajadora en Madrid, Karima Benyaich. Laya subrayó en RNE que la pretensión del Ejecutivo "no es la de debilitar ni romper la relación" con Rabat, sino la de "tejer y fortalecer relaciones", "construir juntos". Pero advirtió de que la cuestión migratoria también es capital para Europa, así que cuando Marruecos permite la llegada masiva de personas no solo tiene enfrente a España, también "tiene a la UE". "Nunca vamos entrar en ejercicio de escalada, pero vamos seguir firmes en la defensa de la integridad territorial, de las fronteras de nuestro país y de la seguridad y el orden", remachó la jefa de la diplomacia española. La tensión es clara y, pese a que el goteo de entradas se ha reducido (ya se ha devuelto a 5.600 inmigrantes, según Interior), la crisis dista de quedar resuelta.