La endiablada investidura

El día que ERC se hizo mayor: así se gestó la revuelta de Aragonès contra Junts

  • Junqueras bendijo la ejecución del ultimátum tras las últimas indecisiones de los puigdemontistas

Pere Aragonès, en rueda de prensa junto a otros dirigentes de ERC

Pere Aragonès, en rueda de prensa junto a otros dirigentes de ERC / Quique García (EFE)

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El sábado 8 de mayo de 2021 pasará a la pequeña historia política como el día en que ERC se rebeló contra su pasado más reciente, contra las etiquetas que le han colgado y, sobre todo, contra los complejos que le han acogotado ante el espacio convergente y sus sucesores. Si una cosa tienen en común Jordi Pujol, Artur Mas, Carles Puigdemont, Jordi Turull y Quim Torra, amén de haber sido todos los candidatos a 'presidents' que han presentado CiU/PDECat/JxCat, es que todos contaron en algún momento con los votos de los republicanos. Sin ir más lejos, la actual presidenta del Parlament, Laura Borràs, se hizo con el cargo gracias al apoyo de Esquerra.

Esta fidelidad, no continua, como acreditó el tripartito, le granjeó al nonagenario partido la fama, en los años 80 del siglo pasado, de ser los 'escolanets' [monaguillos] de CiU y, más recientemente, unos 'pagafantas'. Término que describe a quien paga todas las consumiciones (no es preciso que sea la universal naranjada) de otra persona, en un ambiente noctámbulo-festivo, sin merecer del o de la beneficiado o beneficiada ninguna consideración ni respeto.

Y, precisamente, el ungimiento de Borràs marca el inicio de lo sucedido el 8 de mayo. En aquella ocasión, mes de marzo, los republicanos aceptan votar a la que había sido candidata a la presidencia de la Generalitat a cambio, mantienen fuentes republicanas, de un compromiso de reciprocidad de JxCat en la investidura de Pere Aragonès. No hubo tal y, el 30 de marzo, Junts impidió, como había hecho el 26, la elección del candidato de ERC.

Pere Aragonès y Laura Borràs, en el Parlament, 

/ Marta Perez

Falsas promesas en los pasillos

En aquella doble sesión del pleno de investidura, sin embargo, fueron varios los posconvergentes que se acercaron a más de un republicano en los pasillos del Parlament tratando de calmar su enfado por la presunta traición recibida. Y susurrando una nueva fecha, el 23 de abril, día de Sant Jordi.

Tras las vacaciones de Semana Santa, los días fueron pasando sin que se apreciaran grandes avances en la negociación. EL PERIÓDICO avanzó el sábado 3 de abril que Junts se planteaba que, si la coalición no era plausible, y antes de ir a una repetición de las elecciones, se quedaría al margen del Govern e investiría a Aragonès. El secretario general de Junts, Jordi Sànchez, lo verbalizó luego en una entrevista en 'La Vanguardia'.

Los republicanos han pulverizado la etiqueta de 'seguidismo' a los convergentes que les persigue desde 1980, tripartito aparte

Ultimátum entre escepticismo

ERC tomó nota de lo dicho por Sánchez y, según se acercaba el 23 de abril, lanzó su famoso últimátum: o había investidura entre Sant Jordi y el Primero de Mayo o explorarían ese Govern en solitario que les ofrecía JxCat. Un ultimátum, todo hay que decirlo, que provocó el escepticismo general, puesto que la opción de máxima presión, el Executiu monocolor, seguía y sigue estando en manos de Junts. En aquellas fechas, Esquerra ya empezaba a plantearse solicitar a Borràs que convocara un nuevo pleno de investidura y solo aguardaba el momento de hacerlo, si los posconvergentes les forzaban a ello.

Josep Rius y Elsa Artadi llegan a la cárcel de Lledoners para reunirse con Pere Aragonès y Jordi Sànchez, que cumple condena por el 1-O , sobre la formación de Govern.

/ Ferran Nadeu

El mismo Primero de Mayo se celebra una reunión en la cárcel de Lledoners que encarrila el acuerdo. Y lo encauza en la única materia que realmente es sujeto de negociación, debate y tensión: quién y cómo dirige la estrategia independentista en el 'procés'. En ese cónclave se llega a una especie de preacuerdo por el que, 'grosso modo', Junts acepta que la batuta recaiga en un órgano pentapartito (las tres fuerzas políticas y las dos entidades soberanistas) estanco, ajeno e independiente al Consell per la República creado y liderado por Carles Puigdemont desde Waterloo.

Tambores de guerra

Pero lo que era música de violines el sábado se tornó en tambores de guerra el lunes. Según ERC, Junts se hacía atrás. "Cada vez que se acuerda algo en la mesa de negociación y los presentes de Junts explican su contenido al mando del partido se produce un paso atrás".

El intento 'in extremis' de Sànchez por evitar el 'blitz' republicano indignó aún más a Esquerra

El jueves 6 de mayo, ERC comunica a Junts que, tras la prórroga concedida el sábado anterior, el viernes a mediodía los posconvergentes tenían que dar una respuesta definitiva y les mandaron una última versión del documento esbozado ya en Lledoners.

Llamadas sin respuesta

El viernes 7, sin embargo, a media mañana, Sànchez comparece en rueda de prensa para afirmar que el acuerdo está muy cerca. La declaración causa estupefacción en Esquerra, pero a Aragonès le falta tiempo para llamar al propio secretario general y decirle que si era así, se ratificara el pacto la tarde de ese mismo viernes. "Nunca respondieron, ni quisieron quedar, ni nada", relata una fuente. "Aragonès se cansó de que no le cogieran el teléfono", remacha otra.

Pere Aragonès, en rueda de prensa junto a otros dirigentes de ERC

/ Quique García (EFE)

Así las cosas, a última hora de la tarde, llega a los medios una convocatoria de prensa del propio vicepresidente en funciones para el sábado 8 a las 11 de la mañana. La decisión está tomada. Oriol Junqueras estaba más que al tanto de todo. Se conectó, también desde Lledoners, a la reunión de seguimiento de las negociaciones del viernes y a la reunión de la ejecutiva de ERC del sábado, previa a la comparecencia. Como Marta Rovira.

Vuelta a la casilla de salida

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El sábado por la mañana, sin que ERC lo esperara porque el ultimátum había vencido el viernes, llegó una respuesta que enardeció aún más los ánimos republicanos, por cuanto "volvían al inicio, a marzo, a la tutela del Consell per la República, es decir, de Puigdemont". En concreto, los posconvergentes proponían un periodo de dos meses para reformar y darle transversalidad a una entidad en la que, por ejemplo, no está la CUP y ERC mantiene un papel testimonial. Pasado ese tiempo, según JxCat, el remozado Consell per la República se convertiría en la dirección estratégica del 'procés'.

Aragonès, harto de que "Junts sobreponga lo que ellos entienden su derecho natural a liderarlo todo frente al derecho de ERC ganado en las urnas por decisión de la ciudadanía", describe una voz filosófica del partido, ejecuta el ultimátum. Sea como medida de presión definitiva, o sea para gobernar, finalmente, en solitario. "Hoy nos hemos hecho mayores", sintetizó un cargo republicano a este diario.