Cita con las urnas

¿Cómo influirá la abstención en las elecciones de la Comunidad de Madrid?

  • La relación entre el nivel de abstención y la movilización de cada bloque es más compleja de lo que a veces se asume

Un hombre consulta las papeletas de las elecciones catalanas en un colegio electoral

Un hombre consulta las papeletas de las elecciones catalanas en un colegio electoral / Manu Mitru

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Hay cosas que van a ocurrir en las próximas elecciones madrileñas que podemos augurar hoy sin miedo a equivocarnos. Una de ellas es que el PP quedará primero y el PSOE, segundo. Otra es que Más Madrid, Unidas Podemos y Vox se disputarán la tercera posición, quedando por delante de un Ciudadanos con dificultades de alcanzar la barrera electoral del 5%. El resto de cuestiones, las determinantes, son más complejas de vaticinar a estas alturas. Especialmente una de ellas: el nivel de abstención que se alcanzará el día de las elecciones.

Para poner algo de luz sobre esta y otras cuestiones, hemos lanzado Predi, cuya metodología explicamos con detenimiento aquí. En esencia, Predi es un mercado de predicción que, de un modo similar a las encuestas, permite asignar probabilidades a eventos políticos, como estas elecciones madrileñas. El punto fuerte del mercado de predicción frente a otros métodos de estimación electoral es que además del voto, escaños y participación electoral, Predi es capaz de ofrecer estimaciones sobre el gobierno resultante más probable día a día.

En las siguientes semanas podrás consultar cómo avanzan las predicciones diariamente en EL PERIÓDICO. A continuación, se hace un repaso de las claves para entender el rol de la participación electoral, o lo que es lo mismo en sentido negativo, la abstención, en el voto a partidos y la suma de los bloques. 

Los partidos en campaña, en esencia, pueden hacer dos cosas: movilizar a los suyos o persuadir a los votantes de partidos vecinos para que les voten. Ambos elementos son determinantes para que la campaña funcione, pero solo el primero, la movilización, asegura mayorías de bloque. De nada sirven las transferencias entre partidos del mismo bloque si el bloque no reúne una mayoría suficiente y eso se consigue, sistema electoral mediante, movilizando a más votantes que el bloque contrario.

Es por eso que los partidos dirigen tanta atención a los avances de participación esperada que ofrecen las encuestas. Buscan pistas en esas cifras sobre el nivel de abstención de su bloque o partido. En este sentido, los estrategas de cada partido hacen sus cálculos y definen, en líneas generales, si les interesa que sean unas elecciones en las que voten más ciudadanos de lo normal o todo lo contrario.

¿Es la abstención de izquierdas o de derechas?

Muchos apuntan que una alta abstención significa una izquierda menos movilizada. Se apoyan en un argumento que en Ciencia Política es un hecho contrastado: ir a votar tiene costes y estos costes suelen ser más altos para los ciudadanos más desfavorecidos, es decir, aquellos con menos renta, de zonas más deprimidas o menos recursos educativos. Esto explica por qué los sistemáticamente los ciudadanos de los barrios acaudalados, con mayor proporción de votantes de derechas, registran más participación. Y esto, a su vez, explica por qué se asume que la derecha tiene unos seguidores más comprometidos con el hecho de ir a votar. ¿Es correcto extraer de aquí el cálculo de “a menos participación electoral, mayor proporción de votantes de derecha”? No realmente.

Lo cierto es que la relación entre el nivel de abstención y la movilización de cada bloque es más compleja de lo que a veces se asume. Especialmente en estas elecciones del 4 de mayo. Primero, por lo que llamamos “falacia ecológica”, es decir, el error que nos lleva a inferir la naturaleza de los individuos a partir de las estadísticas agregadas del grupo al que dichos individuos pertenecen. En otras palabras, conocer cómo vota, por ejemplo, Vallecas —barrio humilde que vota predominantemente a la izquierda— nos da una pista errática de las dinámicas del voto a nivel individual. Segundo, y siguiendo con el mismo ejemplo, conocer cómo vota Vallecas nos da una pista errática de cómo votarían los que hoy por hoy se abstienen de hacerlo. 

La dificultad de inferir qué bloque tiene más 'chances' de ganar en función del nivel de abstención se puede apreciar en el gráfico que sigue a este párrafo. En él se muestra la relación entre el voto a partidos de derecha con representación parlamentaria y el nivel de participación en cada cita electoral autonómica de Madrid. O mejor dicho, la falta de relación. De las elecciones más concurridas, que superan el 68% de participación, el bloque de izquierdas ganó en escaños en dos (1983 y 2003) y el bloque de derechas en otras dos (1987 y 1995).

Si nos fijamos la franja amarilla observamos las elecciones más competidas, es decir, aquellas en las que la diferencia entre bloques fue de uno o dos escaños. En estas elecciones se aprecia que los ‘casi empates’ entre izquierda y derecha pueden producirse con niveles de participación muy diferentes. Desde el 62.6% de 2003 hasta el 69.9% de 1987. Por último, las elecciones con unos niveles de abstención más altos fueron las de 1991 y las de 1999. Las primeras reportaron una amplia mayoría al PSOE de Joaquín Leguina con los votos de IU mientras que las segundas supusieron una victoria incontestable del PP de Alberto Ruiz-Gallardón. En definitiva, los datos históricos nos enseñan que la victoria de los bloques puede darse con niveles muy distintos de abstención.

El mito de la derecha ya movilizada

Una forma de interpretar los datos del gráfico anterior es que los procesos de movilización en cada cita electoral son asimétricos: hay elecciones en las que la derecha se moviliza más, otras en las que lo hace la izquierda, pero los electores de ambos bloques pueden fallar. Para atender a los factores qué pueden influir en que las izquierdas o las derechas se movilicen más en unas determinadas elecciones, hay que centrarse en los aspectos diferenciales de cada comicio. En este caso hay dos de gran importancia: se celebran en martes laborable y son resultado de un adelanto electoral.

El primer aspecto diferencial de estas elecciones es que se celebran en martes y que solo es inhábil en los colegios. Aunque los trabajadores puedan disponer ese día de hasta cuatro horas de permiso laboral para poder votar, este elemento supone un impedimento más para los ciudadanos más desfavorecidos. Estos, en proporción votan más a la izquierda, y por tanto una hipótesis razonable es que podría provocar un aumento de la abstención del electorado de izquierdas.

Esta hipótesis gana peso si se analiza el contrafáctico. Si se hubiese declarado festivo ese martes podría haberse producido un ‘efecto puente’ en virtud del cual los ciudadanos con más con más posibilidades de abandonar su residencia habitual, con más recursos y mayor probabilidad de votar a un partido de derecha, hubiesen tenido más difícil compaginar el puente con el hecho de ir a votar.

Por otro lado, las consecuencias del adelanto electoral son inciertas, pero si tenemos alguna evidencia es de que se le pueden volver en contra al partido que las convoca. En este sentido, un reciente estudio demuestra que los votantes que perciben que las elecciones se han adelantado por motivos electoralistas tienen mayor probabilidad de terminar emitiendo un ‘voto castigo’ contra los partidos del gobierno.

En el contexto actual, con la pandemia aún activa, es esperable que haya un sector de la derecha incómodo con el adelanto que ha provocado su Gobierno y que esto pueda tener un efecto desmovilizador. La incógnita es cómo distribuirán las culpas los electores de centro-derecha entre los dos partidos de gobierno, PP y Cs. En cualquier caso, lo que está claro es que no debemos dar por hecho que el electorado esté ya movilizado. Al revés, si alguna pista nos dan los datos es que, aunque por motivos distintos, el bloque de derecha debe estar tan enfocado como el de izquierdas en movilizar a su electorado para ganar las elecciones.

La participación estas elecciones

Que el nivel de abstención dé pistas inciertas sobre los movimientos de votos no quita que sea uno de los elementos clave a seguir durante unas determinadas elecciones. El crecimiento de la participación durante la campaña puede indicar, por ejemplo, que el electorado de un determinado bloque se está movilizando. El problema es que acertar el nivel de participación electoral definitivo es un reto mucho más complicado que acertar el reparto de votos para las encuestas.

Esto es así por el ‘sesgo de desabilidad social’ que provoca que los entrevistados con poca intención de votar mientan conscientes de que la respuesta deseable es que sí que votarán. Las cifras que se obtienen de los datos brutos en las encuestas son sistemáticamente inferiores a las cifras de abstención definitivas. A pesar de los esfuerzos de las encuestadoras en calibrar los datos de participación con otras preguntas y la famosa cocina, el resultado es que las estimaciones varíen bastante según la empresa. En estas elecciones sin ir más lejos, las estimaciones van desde el 77,9% que estima SyM Cosulting hasta el 61,4% de NC Report.

El mercado de predicción no es una solución mágica para poder averiguar la participación definitiva. Dicho esto, cuenta con dos ventajas. La primera es que los participantes de Predi desde un inicio intentan descontar los aumentos mecánicos de participación que se producen durante la campaña. La consecuencia es que la variación es menor, porque ya cuenta con que hay un grupo de indecisos que terminarán participando. La segunda ventaja es que Predi arroja estimaciones de participación diarias lo que permite seguir con mucha más precisión las tendencias. 

¿Cuál es la participación electoral esperada según Predi? A día de hoy un 67,6%. Esto supone mejorar la participación media en las elecciones a la Comunidad de Madrid pero sin llegar a las cifras máximas que pronostican algunas encuestadoras. No obstante, la participación predicha por el mercado de predicción ha ido aumentando paulatinamente. Si comparamos esta cifra con la de hace dos semanas, 66,6%, la participación ha aumentado un punto. Esto podría indicar una movilización percibida que, como se ha señalado anteriormente, es probable que no sea simétrica entre los electorados.

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¿Qué bloque se está movilizando más? ¿Esta movilización se concentra en algún partido? ¿Entre qué partidos podrían apreciarse transferencias? Aunque no podemos dar una respuesta taxativa a estas preguntas, los datos de Predi y las encuestas nos dan indicios sobre cuáles son las tendencias de voto y escaños más claras. Este será el tema que abordaremos en la siguiente entrega de esta serie de artículos en profundidad con datos de Predi.