Propuesta de resolución

Sàmper marca distancias con ERC y la CUP sobre los Mossos

  • Los independentistas pactan un texto conjunto de rechazo a la querella de la Fiscalía contra la Mesa del Parlament

  • El 'conseller' de Interior cierra la puerta a discutir la retirada de los proyectiles de foam

El ’conseller’ de Interior, Miquel Sàmper

El ’conseller’ de Interior, Miquel Sàmper

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La querella de la Fiscalía Superior de Catalunya contra los representantes independentistas de la Mesa del Parlament por presunta desobediencia al Tribunal Constitucional propició este miércoles una imagen de unidad entre el triángulo ERC, Junts y la CUP, inmerso en las negociaciones para formar Govern, que presentó una propuesta de resolución conjunta en defensa de la soberanía del Parlament. Un oasis de aparente sintonía fuera del hemiciclo, mientras en el interior los anticapitalistas apretaban las tuercas a los republicanos por el modelo policial y el 'conseller' de Interior, Miquel Sàmper (JxCat), cerraba la puerta a discutir ahora sobre los proyectiles de foam, como acordaron estudiar ERC y la CUP para garantizar la investidura de Pere Aragonès.

El ‘president’ sustituto en funciones tuvo que hacer equilibrios. Compareció en el Parlament para abordar los disturbios en las calles de Barcelona y trazó un discurso muy medido y buscadamente equilibrado. Por un lado, condenó la violencia y mostró su apoyo a los Mossos d’Esquadra -"la violencia ni es un derecho, ni es una forma de protesta democrática", dijo- y, por otro, reclamó acudir a los orígenes de las protestas: "la falta de calidad democrática del Estado" y el malestar generacional de una juventud “tras un año de pandemia en que se han visto obligados a coartar” su socialización y la acumulación de crisis económicas, la del 2008 y la actual.

Pero su discurso no agradó a la CUP, que cuestionó que Esquerra sea de izquierdas y le advirtió de que "si viene a gestionar autonomismo y aplicar recetas neoliberales: barricadas". Tampoco al PSC, que exigió a Aragonès que se decante o por los Mossos d’Esquadra o por la CUP “porque no se puede estar en los dos bandos”, y preguntó al vicepresidente en funciones si el Executiu se presentará como acusación particular contra los manifestantes detenidos, si prestará defensa jurídica a los agentes que puedan ser denunciados por su trabajo, y qué herramientas tienen los Mossos para disolver manifestaciones.

El cortafuegos del 'conseller'

Las negociaciones siguieron sobrevolando en la comparecencia del 'conseller' Miquel Sàmper. Si bien admitió el problema social vinculado a la situación de los jóvenes, trazó un cortafuegos respecto a ciertas pretensiones de la CUP, que planteó una intervención radical contra los ciudadanos que deciden ejercer de policías para “buscarse la vida” e ir “contra la mayoría popular”, mientras ERC siguió manteniendo una cierta equidistancia.

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Sàmper condenó rotundamente la violencia extrema, rechazó prescindir de los proyectiles de foam, se acogió a los acuerdos vigentes del Parlament y sostuvo, contra sus polémicas declaraciones de dos semanas atrás, que no es sano un debate en caliente sobre el modelo policial. Eludió contestar a las exigencias de la CUP y también se desmarcó de los reproches en sentido contrario de PSC, Cs o PPC.

Los anticapitalistas pidieron –sin éxito- la disolución de las unidades de antidisturbios, la eliminación de las pistolas Taser y los proyectiles de foam y la “desmilitarización” de la policía, entre otras. Todo envuelto en un discurso de defensa de la organización Arran, a la que Sàmper recientemente ha achacado algunos ataques, y con proclamas como que los Mossos se dedican a “garantizar privilegios y reprimir la disidencia”.