Las consecuencias políticas de la algarada

La particular negociación de la CUP

  • Los anticapitalistas negocian el viernes en la mesa con ERC y se manifiestan contra el Govern, el sábado

  • Sabater rehúye condenar explícitamente la violencia tras el acto del sábado

  • ERC afirma que los hechos del fin de semana no modifican el tablero de negociación

La candidata por la CUP, Dolors Sabater, durante su comparecencia ante los medios de comunicación para valorar los resultados de las elecciones.

La candidata por la CUP, Dolors Sabater, durante su comparecencia ante los medios de comunicación para valorar los resultados de las elecciones. / EFE/Enric Fontcuberta

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Uno de los lema preferidos por los conspiranoicos, aquellos que siempre detectan un hilo de continuidad entre dos episodios, en principio, estancos entre ellos, es el ‘las casualidades no existen’. Si además dos episodios, como una negociación política y unas manifestaciones callejeras, sí tienen un punto en común, como es el papel que deben tener el Cos de Mossos d’Esquadra (CME), se antoja harto difícil creer en el azar.

La CUP se halla inmersa en una apretada agenda de reuniones bilaterales para, se supone, llegar a acuerdos en esta legislatura que se iniciará la próxima semana. La semana política, sin ir más lejos, finalizó el viernes con una reunión entre los anticapitalistas y ERC, la fuerza que lleva la manija de las negociaciones.  

En esta reunión, la tercera con los republicanos, según el comunicado de la CUP, “se acordó trabajar para llevar a término medidas inmediatas en el ámbito de la represión ejercida por la Conselleria de Interior”. Según Esquerra, ambos partidos “profundizaron en trabajar propuestas para transformar el modelo de orden público”. Fuentes de la negociación apuntaron a este diario que estaban “delante de la CUP más dialogante de la historia de las negociaciones “con los anticapitalistas.

'Fins que caiguin'

En el horizonte aparecía ya la manifestación del sábado, convocada por una serie de organizaciones, entre ellas, la propia CUP y dos de los grupos que forman parte del conglomerado anticapitalista: Arran y Endavant. Curiosamente, dos de las voces más contrarias a una entrada en el Govern. El lema fue ‘Fins que caiguin’ y los motivos variopintos, fueron más allá de Pablo Hasél, para abrazar la “disolución de los antidisturbios”, la autodeterminación y “pan, trabajo y techo”.

Cabe recordar que si bien se trenzaron 12 días consecutivos de manifestaciones a favor del derecho de expresión, ni el jueves ni el viernes se convocó acto alguno y la tensión, generada en esos 12 días, había aflojado. En ese contexto, ¿cómo se entiende que una fuerza que está negociando una participación en un Govern decida dar ese paso?  

La manifestación en sí transcurrió sin incidentes. Al término, sin embargo, se repitieron las imágenes de vandalismo de otras ocasiones, con el añadido del salto de escala del ataque incendiario a un vehículo de la Guardia Urbana, con un agente dentro.

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La reacción de los anticapitalistas ya el domingo, fue tibia, por cuanto rehuyó condenar los hechos. Vino de mano de su presidenciable, Dolors Sabater. Admitió que la presencia de un agente en el interior de la furgoneta “y que pueda haber riesgo para su vida, marca un límite”, aunque aseveró que “solo se ve la criminalización de la protesta, y esto no sirve para nada”. “Las condenas de la violencia no sirven para resolver los problemas gravísimos que dan pie a esta violencia. Es una simplificación hipócrita que solo tranquiliza conciencias”, sentenció.

¿Cambia algo, en lo político, lo sucedido el sábado? Fuentes de ERC señalaron a EL PERIÓDICO “que no”. “Somos conscientes de que hay división en la CUP”, apuntó una de las voces, acaso como explicación de ciertos comportamientos, “pero si no quisieran negociar ya se habrían levantado de la mesa, como en otras ocasiones”. Remachó antes de recordar el buen talante mostrado por los anticapitalistas en las conversaciones