Un mes de protestas

La represión en Birmania deja al menos 18 muertos en el día más sangriento

  • Las protestas crecen en el país asiático al mismo tiempo que la violencia del Ejército

  • Muchos manifestantes han asimilado como guía las revueltas de hace diez años

Heridos en Birmania en las protestas contra el golpe militar

Heridos en Birmania en las protestas contra el golpe militar

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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Birmania vivió su domingo sangriento. La represión militar contra las movilizaciones democráticas dejaron muertos y heridos en una jornada que certificó la deriva de las tres semanas anteriores: las protestas crecen al mismo ritmo que la violencia del Ejército, con las ventanas a la solución pacífica ya cerradas y sin más horizonte que enlazar tragedias cotidianas.  

 Los muertos se contaron durante todo el día sin que se conozca aún la factura. El medio local 'Myanmar Now' ha confirmado diez y la ONU habla de 18. Las fotos y videos que circulan por las redes sociales muestran a manifestantes inertes sobre el pavimento y a otros siendo atendidos de disparos en el rostro o en el pecho, lo que sugiere que ha terminado aquel tacto con el que los militares pretendieron embridar las primeras concentraciones.

Más de decenas de miles de birmanos salieron por la mañana a reivindicar la democracia hurtada en Rangún, Mandalay, Dawei, Bago y otras ciudades, levantando barricadas y cortando calles para entorpecer los movimientos de las tropas. Los manifestantes, veinteañeros y treintañeros en su mayoría, recibieron cañonazos de agua, granadas aturdidoras, palizas variadas y disparos de fuego real.

Las escaramuzas en Rangún llegaron de buena mañana en el cruce de Hledan, con muchos jóvenes protegidos con las gafas de buceo y las mascarillas antigás que se popularizaron en las calles hongkonesas. Al menos dos manifestantes murieron en un escenario de concentraciones habituales desde la asonada del primero de febrero. Uno vestía una camiseta con la leyenda “Spring Revolution” en alusión a la primavera árabe que muchos birmanos han adoptado como guía.

Huelga de los profesionales

En Mandalay, la histórica ciudad septentrional, la prensa local certificó al menos tres muertos y otros diez heridos de bala. La brutalidad militar dominical supone una escalada considerable respecto a los gases lacrimógenos y balas de goma disparados en la víspera. Más de 470 personas fueron detenidas, según la televisión oficial.  

El aluvión de heridos forzó la reapertura del departamento de Emergencias del Hospital General de Rangún tras haber permanecido cerrado durante semanas por la huelga de los profesionales, sumados a otros colectivos en su voluntad de paralizar la actividad y forzar la salida de los golpistas. Los doctores decidieron regresar a la actividad pero perseverar en la desobediencia a los militares. El gremio médico está al frente de estas protestas de la misma forma que los monjes lideraron la revuelta azafrán.  

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 Los golpistas siguen desoyendo el coro condenatorio global y las amenazas de sanciones. Su pasotismo hacia la opinión externa quedó subrayada con el cese fulminante del embajador birmano en la ONU, Kyaw Moe Tun, que había pedido la “enérgica acción internacional para terminar con la opresión de los inocentes y devolver el poder el pueblo” en un emocionante discurso. La junta tildó de traidor al embajador que había hablado en nombre del gobierno legítimo de Aung San Suu Kyi.  

 A la lideresa no se la ha visto desde que fuera detenida en las horas previas de la constitución del nuevo Parlamento junto con decenas de diputados de su partido. “La Dama” ha sido acusada de violar la Ley de Importaciones, por los walkietalkies que usaban sus guardaespaldas, y las regulaciones sanitarias impuestas contra el coronavirus. Aung San Suu Kyi, denostada en el exterior por su tibieza en la represión de los rohingyas, conserva su aura entre su pueblo.