EN CLAVE MADRID

Vox acelera para aniquilar a Casado

  • Los ultras son líderes de la derecha en Catalunya y el PP paga y pagará las consecuencias

  • La dirección popular, desnortada y sin autocrítica, pone rumbo a un pacto con el PSOE

Santiago Abascal y Pablo Casado.

Santiago Abascal y Pablo Casado.

Se lee en minutos

El PP tiene un problema gravísimo de estrategia, de liderazgo y de credibilidad. Una parte de sus potenciales electores se lo han dicho en las urnas catalanas el 14-F, dando la espalda a un discurso con demasiados vaivenes. Perplejos continúan un buen puñado de barones y cargos públicos, entre otros el gallego Alberto Núñez-Feijóo, que siguen esperando una autocrítica reposada en datos de lo ocurrido en Catalunya: Ciudadanos se desangró perdiendo 30 escaños , de lo que en parte se benefició el PSC, sin que los populares supieran aprovechar la ocasión. Al contrario, también se despeñaron favoreciendo que los ultras se hicieran con el liderazgo de la derecha en un territorio clave.

 La estrategia de Pablo Casado, que se echó la campaña del 14-F a su espalda, no ha funcionado. Pasar de querer ilegalizar hasta los árboles en Catalunya hace algo más de un año, en el preámbulo de las generales, a distanciarse por sorpresa de lo hecho por su partido en el 1-O no ha convencido a indecisos que buscaban certidumbres en la derecha.

El divorcio teórico de Vox a partir de la moción de censura a Pedro Sánchez tampoco se ha sabido argumentar en el día a día. Es lo que sentencian los resultados. Ahí sigue la cohabitación práctica para que no caigan gobiernos como el de Madrid o Andalucía. La parroquia conservadora catalana no ha visto en Casado algo mejor, más digerible o defendible o con más porte institucional que Santiago Abascal. Tremendo. Lo cantan los números. Y se ha puesto una venda para dejar sus expectativas, o su cabreo (que de eso también hay) en manos de un partido ultra, sin pararse a pensar excesivamente en las consecuencias.

  ‘Kitchen’ y Villarejo

Esas consecuencias son muchas y variadas. Para empezar, que el PP no se queda seriamente tocado a nivel catalán, sino en clave nacional. Es el efecto colateral de que Casado apostase más por sus propias posibilidades que por las de su candidato, Alejandro Fernández, para evitar el sorpasso de Vox en Catalunya. Por tanto, queda debilitado también el líder de la oposición en España, justo cuando la coalición de gobierno tampoco pasa por su mejor momento y juega sin descanso a la ruleta política, arriesgando su propia credibilidad ante la izquierda. Pero los populares no están para lanzar advertencias efectivas al Ejecutivo, como tampoco lo está Inés Arrimadas desde el centro. ¿Entonces?. Pues ahí llegan los de Vox, dispuestos a coger bríos y a aprovechar como trampolín lo acaecido en Catalunya para eclipsar a los populares. Para aniquilar a Casado.

De entrada esta semana que comienza la organización de ultraderecha, como seguramente harán otros partidos, no perderá ocasión de meterle el dedo en el ojo al jefe de los populares aprovechando que Luis Bárcenas, el extesorero del PP, vuelve a tener foco en los tribunales. Y ganas de darle disgustos a las que una vez fueron sus siglas.

Al tiempo el Congreso calienta motores para poner en marcha la comisión de investigación ‘kitchen’, el caso que apunta a que el Gobierno de Rajoy usó el ministerio de Interior para robar documentación a Bárcenas (con fondos reservados), a fin de evitar a la justicia. Vox quiere aprovechar dicha comisión para marcar perfil y darle caña (más) al PP y también al PSOE, sirviéndose de que ambas formaciones, en el pasado, trabajaron con el polémico comisario José Manuel Villarejo, en el que confiaron y al que loaron y condecoraron.

Villarejo, ahora en prisión preventiva e investigado en una multitud de causas judiciales, es uno de los personajes públicos llamados a comparecer en la comisión parlamentaria. Concretamente en su tramo final. Pero Vox quiere amortizar desde el ya el daño que, a su entender, el policía puede hacer tanto a populares como a socialistas y le ha visitado en la cárcel, en el centro penitenciario de Estremera, y advierte que volverá a hacerlo para obtener información las veces que sea necesario. La credibilidad que pueda tener un Villarejo asediado por la justicia es, sin duda, lo que menos preocupa a los ultras en su hoja de ruta.

Te puede interesar

Renovación del poder judicial

Casado no tiene buenas perspectivas, pero le queda la ficha de cerrar por fin la renovación del CGPJ con el PSOE, forzando que Pedro Sánchez le dé públicamente el lugar de líder de la oposición, el que pretende arrebatarle Abascal. Ese pacto puede estar al caer porque e PP necesita un clavo al que agarrarse, una vez que el anuncio de sede ha sonado a chiste. Vox ya avisa que irá al Constitucional a recurrir el acuerdo que aún no ha llegado. El caso es no dar respiro.