Cuatro detenidos en Catalunya

Saqueos y barricadas en la cuarta noche de protestas en Barcelona por caso el Hasél

  • Los Mossos d'Esquadra mostraron contención tras ser cuestionados por el 'conseller' de Interior por sus actuaciones anteriores

  • La manifestación mayoritariamente pacífica vuelve a derivar en actos vandálicos por parte de grupos de encapuchados

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Barcelona ha vivido este viernes su cuarta jornada de protestas por el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél. Como las anteriores noches, la protesta, mayoritariamente pacífica, ha acabado con actos vandálicos, barricadas de contenedores en llamas, destrozos del mobiliario urbano, de entidades bancarias y saqueos a algunos comercios. Los Mossos han adoptado esta noche una actitud más de contención. Estos días el propio ‘conseller’ de Interior Miquel Sàmper cuestionó sus actuaciones anteriores, lo que ha creado malestar entre el cuerpo policial. También se han registrado disturbios en Girona. Los Mossos han informado de la detención de cuatro personas, dos en Barcelona y dos en Girona.

Son las siete de la tarde y un pequeño grupo de jóvenes empieza a agruparse en Plaça Universitat, rodeada por una veintena de furgones de los Mossos d’Esquadra. Roger y Estefanía, de 16 años, están preparándose para los exámenes finales del bachillerato científico, pero han aprovechado que es viernes para venir a la manifestación. “Es una burrada que se ponga a cantantes en la prisión por sus letras”, explican.

Hasél ha sido condenado a nueve meses de prisión, seis años de inhabilitación y a pagar 30.000 euros de multa. Según dictó la Audiencia Nacional, las letras de sus canciones y sus tuits incluían delitos de injurias contra la Corona y las instituciones del Estado y por enaltecimiento del terrorismo. “Hasél no nos cae bien, pero no venimos a defender a la persona, sino que estamos cabreadas porque se está vulnerando la libertad de expresión”, explica Júlia, de 28, que también espera a otras amigas.

Protesta en marcha

Con los minutos, llega la gente y la protesta empieza a moverse por las calles. La primera parada es frente a la Jefatura Superior de la Policía, en Via Laietana. Mientras una gran mayoría entona cánticos, un pequeño grupo empieza a lanzar huevos y botellas contra los furgones policiales, que no reaccionan. “La violencia es el único recurso que tenemos, no hay otro”, explica Bea, de 32 años, que también observa la escena. “Al fascismo nunca se le ha derrotado haciendo firmas masivas”, añade Albert, de 25.

En la Estació de França se producen los primeros saqueos de la jornada. Una veintena de encapuchados vuelca contenedores y les prende fuego mientras lanza botellas al aire. “Estoy de acuerdo con quemar contenedores porque es la manera de hacer notar nuestro cabreo, pero no con las motos de particulares”, señala Marc, de tan sólo 15 años. “Se habla mucho de los contenedores y muy poco de que nos tienen a todos en paro”, explica Jose. El paro juvenil en España llega al 40%.

Primero saqueos

Las columnas de humo y el saqueo de una sede bancaria sacan a los vecinos del bloque de enfrente, que protestan. Algunos jóvenes responden con gritos y lanzando objetos, pero un grupo mucho mayor censura su actitud y aplaude a los vecinos. “Es injusto lo que se le ha hecho a Hasél, pero no me gusta que se quemen objetos cuando la policía ni está presente, es inútil”, lamenta Elvira, estudiante de filología alemana de 20 años.

En ese momento la protesta se dispersa entre los callejones del Barri Gòtic, donde turistas y gente que se había reunido en los restaurantes de la zona observa la escena. El mismo grupo de chicos que ha quemado los contenedores destroza otra sede bancaria y luego posa para una foto como si fuesen un grupo de trap.

Regreso a casa

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Se acercan las 22 horas y la gran mayoría de los jóvenes empieza a poner rumbo a casa y se esparce entre Arc de Triomf y Ronda Sant Pere, donde hay un rastro de contenedores en llamas. “Siempre hay cuatro personas que la lían y ensucian la protesta de los demás”, señala Anna, transportista de 29 años. Iván, sanitario de 27, también ve que es momento de acabar. “Hay que respetar el toque de queda”, apunta.

Un pequeño grupo baja por La Ramblas, donde se producen las primeras cargas de la noche y otro saqueo en la tienda Decathlon. En Plaça Catalunya, un grupo de jóvenes que regresa a casa pasa por delate de dos furgones policiales. Un chico se queda mirando a los agentes y uno de estos responde agarrándolo por la chaqueta y estampándolo contra el furgón. Tras pedirle la documentación y advertirle, le deja ir. “Los medios solo hablan de los que cometen actos vandálicos, saquean cajeros y queman contenedores, pero no de que me estampan porque les da la gana”, explica Pol, de 17 años, visiblemente molesto. "Por cosas como estas es por las que salimos a protestar".

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