PROCESOS ELECTORALES

Elecciones con voto electrónico, ¿cada vez más cerca?

  • La pandemia acelera cambios sociales y tecnológicos que podrían impulsar los comicios a través de internet

  • En España ha habido intentos infructuosos de digitalizar los procesos electorales, especialmente para los emigrados

Ambiente electoral en las elecciones generales del 10-N del 2019. 

Ambiente electoral en las elecciones generales del 10-N del 2019.  / FERRAN NADEU

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Hace 25 años que un ingeniero japonés diseñó un código capaz de almacenar 200 veces más información que el de barras y de acceder a un sitio web solo con capturarlo. Su invento no tuvo especial éxito en España, hasta que la pandemia hizo desaparecer las cartas de los restaurantes o los catálogos de los comercios. La tecnología ya existía, pero ha tenido que impulsarla el coronavirus. Algo similar ha ocurrido con las elecciones: el virus exhibe los peligros del viejo ritual de ir al colegio electoral y depositar presencialmente la papeleta y ello podría ser el impulso definitivo de los sistemas de votación telemática.

En noviembre, el investigador y profesor de la UOC Francisco Lupiáñez-Villanueva acudió al Parlamento Europeo para explicar las conclusiones de su profundo estudio sobre voto remoto. "En Estonia se vota de manera electrónica, por internet. La tecnología ya está. El sistema se puede poner en marcha en tres meses, pero socialmente no está muy aceptado por novedoso, como ha pasado siempre con la tecnología", defiende el profesor. "No se puede improvisar un sistema de voto electrónico, pero lo hemos visto en ámbitos como el sanitario donde se han digitalizado muchas cosas que llevaban años atascadas y la pandemia es un acelerador del cambio social y tecnológico", sostiene.

Las primeras elecciones de la era covid-19 fueron las autonómicas de Galicia y País Vasco. Y al sistema se le vieron las costuras. Casi dos de cada 10 abstencionistas vascos y el 14,2% de los gallegos no votaron por miedo al contagio, según mostró el barómetro postelectoral del CIS. Muchos incluso vieron frustrada su intención de participar en los comicios por “motivos de salud” o directamente "por el coronavirus". Catalunya celebra una nueva cita con las urnas en mayo, tras aplazarlas por la pandemia, y la maquinaria ya se ha puesto en marcha para intentar garantizar el voto de la mayoría de electores. Se fomentará el voto por correo, pero no hay rastro del voto por internet. Y eso que en 2018 el Govern impulsó un proyecto de ley de votación electrónica para residentes en el extranjero, que sigue varado en el Parlament.  

"Cuando se implementó el voto por correo, ¿fue perfecto? Problemas tendremos en cualquier lanzamiento de este tipo. Pero con el voto postal nadie duda, está socialmente aceptado. Y con internet eso no ha pasado"

Francisco Lupiáñez-Villanueva (UOC)

Según explica Lupiáñez-Villanueva, su estudio mostró que a la hora de evaluar el impacto del voto por internet siempre pesaban más los contras que los pros. "Podría empezarse con grupos específicos que de otra manera no podría votar, y ese posible beneficio superaría cualquier desventaja", indica. "Cuando se implementó el voto por correo, ¿fue perfecto? Problemas tendremos en cualquier lanzamiento de este tipo. Pero con el voto postal nadie duda, está socialmente aceptado. Y con internet eso no ha pasado", sostiene. Para el investigador, gran parte del problema está en los partidos políticos: "Hay demasiadas incertidumbres en los resultados que podría provocar abrir la participación en grupos muy específicos que históricamente no han participado. Ningún partido tiene claros incentivos".

Intentos frustrados

En 2008, la entonces vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, comparecía en el Congreso para explicar cómo pretendía fomentar el voto de los españoles en el extranjero. Frente a la baja participación que arrojaba el sufragio por correo, el gobierno socialista sostenía que poner urnas en cada consulado no era una opción viable. "¿Introducimos el voto electrónico en Internet, que ya existe en muchos países?". La situación para los españoles emigrados incluso empeoró. Los de 2008 fueron los últimos comicios previos a que se aprobara el ‘voto rogado’, que aún hoy entierra la participación exterior mientras siguen teniendo que solicitar el voto previamente y desplazándose a embajadas y consulados para votar por correo o presencialmente.

En 2016, la Junta Electoral Central (JEC) envió al Gobierno y a las Cortes un acuerdo en el que proponía introducir el sufragio por internet para los electores fuera de España. El sistema “consistiría en que el elector pudiera, a través de un canal seguro, votar por las opciones preferidas que se le ofrecerían en una aplicación informática. Su voto encriptado viajaría a la urna electrónica para ser contado en el momento adecuado, tras su desencriptación, junto con los otros votos emitidos”, sostenía la JEC. Aunque la mayoría de las aproximaciones que España ha hecho al 'i-voting' han estado vinculadas a los residentes en el extranjero, ha habido otros intentos discretos.

El Ayuntamiento de Barcelona impulsó en 2010 una consulta ciudadana presencial pero también a través de Internet sobre la reforma de la Avenida Diagonal. El resultado fue un caos. Graves problemas técnicos provocaron que incluso hubiera que descontarle a la adjudicataria, Indra, parte del presupuesto acordado previamente.

Ciberdelincuencia y miedo

En un solo día, en el mundo se envían más 250.000 millones de correos electrónicos, se hacen más de 7.000 búsquedas en internet, se facturan 453 millones de euros en compras online… y se 'hackean' más de 159.000 webs. No existe ningún modelo electoral 100% fiable. Pero uno de los motivos que generan más desconfianza es la posibilidad de fraude electoral. El Gobierno de Mariano Rajoy descartó su implantación en 2017 arguyendo este motivo. "Hoy estamos más lejos del voto electrónico que hace 10 años porque es muy manipulable", dijo el secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto.

Otro de los problemas es que la votación no se produce en un entorno controlado y existe riesgo de que no se esté realizando libremente, sino bajo coacción. Estonia es el único país de la Unión Europea en el que existe el 'i-voting'. En Francia, realizaron pruebas en algunos de sus territorios, pero terminaron por no implantarlo.

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La costumbre

En cuanto al ahorro de en papeletas, sobres y urnas, Lupiáñez cree que no será lo que decante la balanza de uno a otro modelo. "Los costes podrían ser reducidos, pero también habría nuevos desembolsos". Por ejemplo, las necesarias medidas de apoyo a los grupos menos duchos en internet. Además de la resistencia política, el profesor cree que el principal problema es que somos seres de costumbres. "Somos las personas las que usamos la tecnología y votar es un ritual que desaparece en internet, pero esto ha pasado con otros ámbitos de la vida y los cambios se han asumido", indica. Y en tiempos de pandemia, normalidad y costumbre son términos que han cambiado su sentido.