Franco, en la diana de la guerrilla: de la emboscada de Meirás al tiroteo en la Compostilla

Franco, en la diana de la guerrilla: de la emboscada de Meirás al tiroteo en la Compostilla

Faro de Vigo

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Salvador Rodríguez

“El nombre escogido para la operación (Termópilas) tiene su sentido, pues el lugar dibujado en el plano es un paso entre montes situado entre los quilómetros 23 y 24 de la carretera entre Santiago y A Coruña, en la ruta hacia el Pazo de Meirás, donde Franco pasaba un mes de vacaciones (…) Se trata de un operativo de siete (sic) guerrilleros; uno efectúa la señal desde un alto cuando ve que la caravana ya ha pasado por una curva; según el diseño, lo hace lanzando una bengala. ¿Se debe entender entonces que la acción está prevista de noche? Después de la señal, se suceden una primera explosión delante de la caravana y una segunda a continuación, en la retaguardia. Inmediatamente, fuego de ametralladoras, tres tiradores desde el frente en un alto, envueltos en vegetación, y otros tres desde otro alto. La caravana consta de seis automóviles y el fuego de las ametralladadoras va dirigido fundamentalmente al tercer vehículo”. Este es un extracto de la reciente novela de Suso de Toro, “Un señor elegante”, publicada en gallego por Edicións Xerais. La inclusión de este párrafo, y de todo el capítulo titulado “Operación Termópilas” en el libro, se debe, De Toro lo reconoce, a una casualidad. Durante el proceso de investigación de la novela, dedicada a la saga familiar gallega de los Baltar, originaria de Padrón, llegó a manos del escritor compostelano una voluptuosa documentación en papel, entre la cual, para su sorpresa, se encontró con un “mapa coloreado” en el que, todo parece indicar, se dibujó el operativo de un plan cuyo objetivo semejaba muy claro. De Toro así lo cree: “Se trataba de un plan para matar a Franco”, un plan que nunca antes había sido dado a conocer, que permanecía inédito, escondido, perdido… pero que era muy específico”. Tanto, que De Toro, tras diversas pesquisas, incluso deduce la fecha en que iba a llevarse a cabo: el 25 de julio de 1944.

El 25 de julio es el Día de Galicia -así se declaró oficialmente durante la Transición- tras que los nacionalistas, años antes, lo proclamasen Día da Patria Galega celebrándolo clandestinamente. Pero en aquella altura era solo el Día del Apóstol Santiago, “patrón de España”,y el caudillo acudía rigurosamente todos los años esa fecha a Compostela para presidir los actos conmemorativos en la catedral de Santiago, la recepción municipal y la comida de autoridades en el Hostal Reyes Católicos, para regresar, tras su finalización, a su habitual residencia veraniega: el pazo de Meirás.

Pero ¿por qué el año 1944? Se trata de una deducción histórica del escritor. Para octubre de 1944 estaba prevista la “invasión del Valle de Arán”, denominada en clave Operación Reconquista de España, un intento del PCE de provocar un levantamiento popular contra la dictadura mediante un ataque de guerrilleros españoles, unos 8.000 hombres armados, veteranos de la Guerra Civil española y de la Resistencia contra el nazismo en Francia.

Y es que, tras el Desembarco de Normandía (6 de junio de ese mismo año) la caída de Hitler semejaba inminente, y la derrota de Alemania, en los planes no solo del PCE sino de la generalidad de las fuerzas republicanas, llevaría también a la caída de Franco. ¿Qué podía pretender aquel atentado de la guerrilla gallega? Pues que, muerto el líder, resultaría más fácil derrotar al franquismo y hacerlo, además, en muy poco tiempo.


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¿Las causas? Pudieron tener que ver con las mismas que provocaron el fracaso de Valle de Arán, sí, pero también con las escasas probabilidades de tener éxito y salir vivos. “Es que el plan era mucho más audaz de lo que pudiera parecer -explica Suso de Toro en su “novela de no ficción”-. A lo largo de la ruta que recorría la caravana de Franco cada año, había agentes de la Guardia Civil conectados entre sí y antes se registraba el territorio. No parece viable la instalación de explosivos en la ruta ni de los tiradores en sus puestos. Es posible que fuese considerado inviable”. Y también cabe preguntarse si “el proyecto nació en la red de militantes de aquí o si fue encargado desde la dirección en el exilio”. A esta incógnita, de momento, tampoco se da respuesta, ni siquiera en los numerosos libros publicados sobre el PCE y su implicación en la guerrilla antifranquista.

Bajo especulaciones quedan también las respuestas al porqué ese mapa apareció en el archivo de un Ramón Baltar Domínguez que, en aquella época, era muy amigo de Domingo García Sabell, quien confesó al dibujante y periodista coruñés Siro (bajo promesa de que no se hiciera público hasta después de su muerte) que ambos tenían noticia de que el PCE había enviado a Galicia a dos “especialistas” para preparar un atentado contra Franco. Y hasta ahí llega su supuesta “vinculación”. Baltar, que nunca militó en el PCE, sería arrestado y preso en la cárcel de Vigo (actual MARCO) por su pertenencia a la Unión de Intelectuales Libres (junto a, entre otros, Francisco Fernández del Riego) y García Sabell no tardó en hacer pública su abominación por el comunismo.

El atentado de Ponferrada

El 6 de agosto de 1949, el Milwake Sentinel, periódico perteneciente a la poderosa cadena de prensa presidida por Randolh Hearst, publicó los pormenores de un presunto atentado ocurrido en Ponferrada pocos días antes, el 28 de julio. El caudillo había visitado la capital berciana para inaugurar una central térmica en Compostilla; y, según ese diario, “uno o más hombres armados dispararon hasta tres veces al automóvil que le transportaba”. Seis días después, el 16 de agosto, España Libre, órgano de Sociedades Hispanas Confederadas de los Estados Unidos en América, se hacía eco de la noticia titulando a cinco columnas en su primera página: “Guerrilleros del Bierzo tirotean a Franco”. En esta crónica se afirmaba que Franco no había sido siquiera herido por viajar en un Mercedes 770 Pullman Limousine blindado “que Hitler le regaló durante la guerra”, sin embargo apunta que la guerrilla sí consiguió “alguna baja en la comitiva y la escolta de la Guardia Civil de Franco”.

Sobre este atentado se han tejido toda una serie de teorías, entre ellas la de que nunca existió, la de que fue silenciado por la prensa española o la de que en realidad no fueron guerrilleros del Bierzo quienes dispararon, sino elementos anarquistas incontrolados o guerrilleros que, dentro de la Federación que reunía, a esa altura, a los grupos de maquis de Galicia y León (a los que se unirían los de Asturias) habrían efectuado la operación por “otras vías”. Porque lo que sí es cierto es que por la cabeza del leonés Manuel Girón, mítico dirigente guerrillero que actuaba indistintamente en Galicia y León, sí que pasó en algun momento la idea de organizar un atentado contra Franco con motivo de su visita a la inauguración de la central térmica de Compostilla.

No obstante, Francisco Martínez “Quico”, uno de los últimos supervivientes de la guerrilla del Bierzo y miembro de la partida de Girón, recordaba, poco ante de fallecer: “Sabíamos que íbamos a fracasar y que eso causaría una gran represión en toda la zona. Así que aquello se quedó ahí y finalmente no se hizo”. “Eso nunca ocurrió. Se quedó en un deseo”, concluía “Quico”.

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Lo que sí está confirmado es que, en los días anteriores a la llegada del dictador, una parte del grupo de Girón se reunió con “tres o cuatro” trabajadores de la térmica por mediación de “un enlace de Renfe, hermano de Durruti”-el líder anarquista- y del colaborador de la guerrilla en Cabañas Raras, Alberto Marqués. Los trabajadores venían a proponerles matar a Franco. Girón, que apenas contaba entonces con una docena de hombres, les dijo que no tenían armamento para plantear una operación de tanta envergadura.

“Quico” aseguraba que los trabajadores de la térmica, muy concienciados, les reclamaron ayuda para poco menos que levantar a la central contra la comitiva del dictador, pero “No podíamos armar a veinte o treinta trabajadores como querían”. Atreverse “hubiera sido una irresponsabilidad” porque se involucrarían en una operación “que iba a fracasar” y que provocaría una represión muy dura en la zona, “empezando por los propios trabajadores de Compostilla”, concluía el guerrillero.