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El 'seny' del señor de las gafas de pasta

El ministro de Sanidad es uno de los políticos más conocidos y valorados del año. Sus lentes son ya reconocidas en cuanto aparece en pantalla. Ahora vuelve a Catalunya

 El ministro de Sanidad, Salvador Illa, durante una rueda de prensa en Madrid en diciembre.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, durante una rueda de prensa en Madrid en diciembre. / Kiko Huesca

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Salvador Illa aterrizó en Madrid hace casi un año para ocupar el Ministerio de Sanidad. En aquel entonces, era difícil imaginar que una cartera a priori sencilla porque las competencias están transferidas a las comunidades autónomas se iba a convertir debido al coronavirus en una de las más pesadas del Gobierno. Desde que en marzo estallase la pandemia, Illa ha bregado con la gestión de la crisis sanitaria y se ha convertido en uno de los políticos que más simpatías levanta por su talante calmado, sus discursos medidos y su temple. Una 'rara avis' en la política española que logró situarse como el segundo ministro mejor valorado del gabinete de Pedro Sánchez. Sus gafas negras son reconocidas por casi todo el país en cuanto asoman en una pantalla. Tanta notoriedad también le ha convertido en uno de los titulares del Ejecutivo - sin tener en cuenta a los miembros de Unidas Podemos- que más ataques ha recibido por parte de la oposición, que tacha su quehacer de nefasto. 

El covid-19, el confinamiento, la distancia social… han ocupado desde la pasada primavera prácticamente todo el tiempo del político catalán a la vez que afectaban a su popularidad. Sabe lo que es el virus de cerca y de lejos, del derecho y del revés. Sus padres lo han sufrido y, afortunadamente, lo han superado. Sin embargo, Illa no fue incluido en el primer Gobierno bicolor de los últimos 40 años para responder a una pandemia que no se esperaba. La elección del secretario de Organización de los socialistas catalanes por parte de Sánchez perseguía otro objetivo vital para la legislatura, trabajar en las relaciones con los partidos independentistas. Con ERC como potencial socio necesario para alcanzar una mayoría absoluta, Illa tenía el delicado encargo de abrir una vía de diálogo. 

A este respecto, el dirigente catalán ya había demostrado su valía en las negociaciones de la investidura de Sánchez con los republicanos catalanes. Aunque no tenía experiencia en el ámbito sanitario, la discreción, disciplina y capacidad de diálogo que exhibió en estas conversaciones convenció a Sánchez de incluirle en su gabinete como ministro de Sanidad. Su buen hacer desde entonces ha ido reforzando la relación que mantiene con el presidente del Gobierno, hasta alcanzar su máxima confianza. Tanto es así que Illa, que ha pasado meses sin desplazarse a Barcelona para ver a su mujer y su hija, vive en un apartamento sito en el complejo de la Moncloa desde hace meses. 

A la proximidad con Sánchez se suma que Illa es también muy cercano a Miquel Iceta. El secretario general del PSC, que este miércoles daba un paso a un lado, fue quien le reforzó dentro de la filial socialista catalana. Ante los apoyos, la delicada situación por la que pasa el espacio independentista enzarzado en continuas luchas internas, y siendo mejor valorado por la ciudadanía que Iceta, Illa se ha colocado finalmente como candidato a la Generalitat. Asegura que se ve 'president'. Y desde este miércoles, lo dice en público.

El talante

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Entre sus activos a explotar en la pandemia está su imagen dialogante y de fiabilidad. Una figura que nunca se sale en público del guión ni dice una palabra de más. Además, en su entorno resaltan continuamente su temple a la hora de lidiar con la pandemia. "Es una persona ideal para unas circunstancias como estas: muy serio, riguroso, discreto, buen gestor público, con capacidad para llegar a acuerdos, pero también para tomar decisiones", sostienen en las filas socialistas. 

Su labor de los últimos meses le ha llevado, además, a vérselas con las comunidades. "Es una persona con sensibilidad autonomista, pero consciente de que ante una crisis tan importante tiene que haber alguien al final de la cadena de mando. No se trata de quitar competencias, sino de evitar que, unos por los otros, las decisiones no se tomen", defendían en su entorno al comienzo de la pandemia. Ahora, casi nueve meses después, Illa ha adquirido una gran experiencia en negociar con las comunidades y es un gran conocedor de las distintas realidades autonómica. Este aprendizaje también le ha llevado a enfrentarse a los barones más combativos del PP. Una lección que podría resultarle esencial como candidato a la Generalitat.