JUICIO DE LOS ATENTADOS DEL 17-A

El padre del niño atropellado en la Rambla denuncia el trato recibido como víctima

El presidente del tribunal limita la declaración del padre del pequeño Xavi al atropello

Otro testigo vio a Driss Oukabir con actitud autoritaria sobre el autor del atentado de La Rambla

Los acusados Mohamed Houli Chemial, Driss Oukabir y Said Ben Iazza, durante el juicio en su contra que se celebra en la Audiencia Nacional.

Los acusados Mohamed Houli Chemial, Driss Oukabir y Said Ben Iazza, durante el juicio en su contra que se celebra en la Audiencia Nacional. / EFE / POOL

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Ángeles Vázquez

El presidente del tribunal que juzga los atentados de Barcelona y Cambrils de agosto de 2017, Alfonso Guevara, ha limitado la declaración de Javier García Espinola, padre del niño de tres años muerto en el primer atropello, Xavi, a cómo se produjo el atentado y cómo lo vivieron él y su familia. "Todos los principios que uno tiene en la vida se quedaron rotos en el suelo de la Rambla", afirmó el testigo.

En una extensa declaración, la más larga de las ofrecidas hasta ahora por las víctimas, García Espinola ha ofrecido todos los detalles que ha considerado convenientes, para explicar cómo se produjeron los hechos, aunque él no llegó a La Rambla hasta después del atropello mortal, cuando Xavi estaba siendo atendido en un centro de atención primaria próximo antes de ser trasladado al hospital donde se certificó su fallecimiento.

"Dudar de la investigación"

También criticó el trato que ha recibido como víctima y la necesidad, en su opinión, de cambiar los protocolos de atención. Lo que no le ha permitido Guevara es ahondar en lo que dijo haber conocido que "le había hecho dudar" de la investigación, momento en el que le cortó con un "suficiente, suficiente" y le recordó que declara en condición de testigo. 

Esta acusación particular, a la que representan los abogados Agustí Carles y Jaume Alonso-Cuevillas, pretende que el Estado sea declarado responsable por no haber controlado al imán de Ripoll Abdelbaki Es Satty, al que consideran confidente del CNI y cuya muerte querían poner en duda a través de un informe pericial extemporáneo que por ese motivo fue enviado "a la basura" por Guevara. Al comienzo de la sesión, el magistrado había rechazado su petición de anular el juicio ante la no admisión del documento.

Un silencio que no olvidará

García Espinola, que describió La Rambla con ese "silencio que no olvidará en la vida" que se creó tras el atentado, explicó que entre él y su exmujar habían cobrado una indemnización de 250.000 euros por la muerte de su hijo, que podía haber sido "presidente del mundo o el astronauta que llegara a Marte".

Molesto por la cantidad prevista para indemnizar a las víctimas del terrorismo quiso devolverlo y se preguntó cuánto sería "suficiente para sacarle del nicho". Ahí se quejó del trato que había recibido por parte de la oficina de atención a las víctimas del terrorismo, aunque, explicó, su directora se llegó a reunir con él para ponerse a su disposición.

García Espinola explicó que sus hijos estaban con su exmujer y su familia disfrutando de un día de turismo en Barcelona. Cuando Younes Abouyaaqoub irrumpió en La Rambla con la furgoneta, su mujer y su hija Marina se habían separado del grupo para comprar una pulsera, y eso "les salvó la vida".

Los tíos de su exmujer murieron en el acto y los intentos para salvarle la vida se centraron en Xavi. García Espinola también criticó que le obligaran a hacer una autopsia a su hijo, obligatoria en cualquier muerte violenta, aunque sea notorio que la muerte se debía al atropello. 

Regañar  

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Durante la sesión también declaró, en su caso como testigo protegido, un camarero que el 16 de agosto vio a Driss Oukabir y a Abouyaaqoub en el establecimiento donde trabajaba. Según explicó, le pareció apreciar una actitud "autoritaria" del acusado sobre el que luego cometería el atentado de La Rambla y al que siempre se ha situado entre los más duros de la célula. 

Explicó que se fijó en ellos porque le parecían nerviosos y con "actitud sospechosa". Aunque no sabe qué hablaban, porque lo hacían en marroquí, cree por sus gestos que Oukabir recriminaba o regañaba a Abouyaaqoub. Ambos miraban frecuentemente a las furgonetas en las que viajaban.