30 nov 2020

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CRÓNICA GENERAL

Desparrame ultra para censurar al PP

Abascal, líder de Vox, admite que su moción busca retratar a Casado en tiempos convulsos

Sánchez defiende su gestión e invita al líder popular a orillar a los ultras y buscar pactos

Gemma Robles

El presidente del PP, Pablo Casado, en una imagen reciente en el Congreso de los Diputados

El presidente del PP, Pablo Casado, en una imagen reciente en el Congreso de los Diputados / EFE

Festival ultra en el Congreso por puro interés (pre)electoralista. Defendió este miércoles Santiago Abascal la supuesta moción de censura contra el Ejecutivo con vivas al Reyloas al trumpismo y lecciones de moral a diestra y siniestra. Se sentenció que el actual es el peor gobierno de los últimos 80 años, intentado blanquear a Franco. Ahí queda eso. Hubo acusaciones de gestión criminal de la pandemia. Hubo negación del cambio climático y de la violencia machista. Se oyeron advertencias de Vox de que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, aunque los españoles no lo sepan, son "marionetas" de una mafia internacional que aúna interes de "caudillos" de la "iberosfera" y de China, el régimen comunista "que debe pagar" por el coronavirus. Se alertó sobre George Soros. Se exigió la ilegalización de partidos indepedentistas. Se alzó la voz para decir que si Catalunya fuera algún día independiente se convertiría en República Islámica. Se criminalizó sin pudor y sin pruebas a todos los menas. Se describió a los inmigrantes ilegales como bárbaros... y ya hay bastantes ejemplos en este párrafo, quizá demasiados, para hacerse una idea del (vergonzante) show que se adueñó del Congreso durante horas.

Todo esto en la misma jornada en la que España superaba el millón de infectados por Covid-19 y que, conste al menos en acta periodística, sigue pendiente en el Parlamento un debate sobre fallos y aciertos en la lucha contra el virus y el futuro de la sanidad pública, cuyos profesionales continúan sin respuestas por parte de los políticos... los mismos políticos que protagonizan una moción cuyo objetivo no era, en ningún caso, derrocar a un Ejecutivo de izquierdas. Ni dieron ni darán los números para hacerlo posible en toda la legislatura. ¿Entonces?. El fin real de Abascal es aprovecharse de la debilidad que cree detectar en otro líder de la derecha, Pablo Casado, a quien pretende arrebatar un buen puñado de votantes con esta operación política, tan legítima como criticable.

Vox va a por Casado y a por su partido, pese a sostener que lo que quiere son elecciones inmediatas. Huele a intento de opa sin anestesia. Buscan que el jefe de los populares se caiga "del caballo" y que termine avalando la moción fantasma por miedo al qué dirán los votantes más radicales de la derecha española. Los ultras aseveran que no respaldar esta moción es sinónimo de traición a España. Se somete a examen al sucesor de Mariano Rajoy más que la resistencia del Gobierno, que luce más cohesionado que nunca. Al líder del PP se le ha avisado de la que tiene encima. Lo hizo el propio Abascal: "La moción es nuestra manera de reprobar al presidente [...]. Y la de que todos los diputados se retraten". Lo hizo también Pedro Sánchez, el censurado oficial. "Le pido formalmente, señor Casado, que vote 'no' porque usted no es el beneficiario, sino el blanco del ataque. Tiene que regresar al sentido de Estado", recalcó el presidente. La posición del PP no es cómoda, aunque sigue sin aclarar qué votará en esta moción-trampa.

Duchas frías y consejos de estilismo

El turno de Casado llegará este jueves. En el mientras tanto, Abascal se entregó al rifirrafe parlamentario con su supuesta víctima, el presidente Sánchez, que aseguró que no pensaba entrar en provocaciones para demostrar que él, frente al discurso del odio, practica el "respeto" al adversario. Aunque sea Santiago Abascal.  La táctica fue la de replicar con tono sosegado, a modo de ducha fría, al discurso de ultraderecha repleto de bulos, exageraciones y hasta consejos estilísticos para los "mal vestidos" de la bancada de Podemos. Pero como era de esperar  el paso de los minutos convirtió esa ducha fría que pensaba dar Sánchez en templada, casi caliente por momentos.

El presidente del Gobierno defendió la gestión de la coalición, también la de la pandemia, y defendió sus alianzas parlamentarias. Avaló además el estado autonómico ante un Vox que sigue clamando por su disolución, y advirtió que negar crisis como la que existe en Catalunya o tratar de hacer desaparecer al adversario político no elimina los problemas, sino que los hace más grandes. Sánchez, que se presentó como el presente y el futuro y no como al pasado al que se aferran los ultras, repasó los capítulos más crueles del franquismo, por aquello de que Abascal se repensase si realmente su Ejecutivo era el peor de los últimos 80 años. No pareció convencerle. Y eso que hicieron lo propio para reforzar el discurso portavoces como el del BNG, Compromís o Iñigo Errejón desde Más Madrid.

Los nacionalistas vascos evitaron el debate para no dar brillo a Vox, mientras que Bildu acusó a Abascal de querer resucitar a ETA... éste les respondió leyendo los nombres de las víctimas de la banda. En lo que atañe a JxCat y ERC, no perdieron ocasión para alertar de lo que significa abrir el paso, aunque sea el discursivo, a la ultraderecha, mientras que Inés Arrimadas, desde Cs, defendió no perder el tiempo con mociones "de barniz" y sí con el virus o los presupuestos.