24 oct 2020

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EL LABERINTO CATALÁN

La vieja nueva Convergència de Puigdemont

El nuevo partido del 'expresident' huye de la identificación con CDC pero se nutre de sus excargos

Todos los 'consellers' que anunciaron su marcha del PDECat militaron en la formación que creó Pujol

Daniel G. Sastre

Carles Puigdemont, en los actos fundaciones del PDECat, JxCat, la Crida y Junts

Carles Puigdemont, en los actos fundaciones del PDECat, JxCat, la Crida y Junts

Carles Puigdemont puso fin el pasado lunes a su vinculación con el PDECat con una llamada a David Bonvehí. El presidente del partido estaba siguiendo la rueda de prensa de su portavoz, Marc Solsona, cuando se enteró de que el 'expresident' rompía finalmente el carnet para centrarse en Junts. El movimiento tiene lógica, porque este nuevo proyecto nace con una obsesión: distanciarse todo lo posible de la marca Convergència, lastrada por la corrupción y por un pasado de colaboración con los grandes partidos españoles.

La marcha de Puigdemont dio inicio a un rosario de anuncios públicos en la misma dirección. Entre los más importantes, los presos Josep Rull Jordi Turull –Joaquim Forn hará lo mismo de forma inminente- y los 'consellers' Meritxell BudóDamià Calvet, Jordi Puigneró y el entonces titular de Interior, Miquel Buch, usaron la red social Twitter para explicar que dejaban el PDECat, buscando la mayor repercusión. ¿Qué tienen en común todos ellos, incluido Puigdemont? Que representaron a Convergència en cargos públicos durante años.

Ponencia redentora

Esa vinculación complica el marchamo de opción plural que Puigdemont quiere darle a Junts, y cuestiona la ponencia política que el partido debate estas semanas. Los autores de ese texto buscaron un enfoque progresista que, junto a la "confrontación" con el Estado que propone el 'expresident', debía redimir a la nueva formación de los dos grandes pecados que atribuyen a Convergència: un cariz demasiado derechista que no encaja con la evolución ideológica de la sociedad catalana y su vinculación al sistema nacido durante la Transición.

El problema es que, aunque el traje sea nuevo, muchos de los que lo vestirán serán viejos conocidos de los ciudadanos. Puigdemont, por ejemplo, fue uno de los fundadores de la JNC –las juventudes de Convergència- en Girona. En el 2006 se convirtió en diputado, y en el 2011 en alcalde de su ciudad, defendiendo los colores de CiU. Durante esos años, compartió escenario sin problemas durante las campañas electorales con todos los líderes de la federación.

Largas trayectorias

Dos de los vicepresidentes de Junts también tienen una larga trayectoria en CDC. Son Anna Erra, alcaldesa de Vic, y Turull, todo un histórico de la formación. El 'exconseller' preso empezó a militar en Convergència en 1987, y desde ese año hasta el 2003 fue concejal de CiU en Parets del Vallès. También ha sido diputado en la Diputación de Barcelona y en el Parlament, donde fue portavoz y presidente del grupo parlamentario de la federación.

Muchos otros miembros de la flamante dirección de Junts, compuesta por 24 personas, militaron en Convergència. Entre otros, lo hicieron el secretario de Organización, David Saldoni, Albert Batet o Marta Madrenas, además del 'conseller' Calvet. También Aleix Sarri, muy cercano ahora a Puigdemont, fue asesor de CiU en el Parlamento Europeo. El peso numérico de este sector con respecto a quienes vienen de espacios políticos diferentes –como el secretario general, Jordi Sànchez, la secretaria de Finanzas, Teresa Pallarès, o Toni Morral, que fue alcalde de Cerdanyola por ICV- es abrumador.

La trayectoria de Rull es muy similar a la de Turull -empezó en su ciudad, Terrassa, y terminó siendo un peso pesado de CiU en el Parlament-, pero en su caso tuvo además una alta responsabilidad orgánica en Convergència: Artur Mas lo nombró secretario de Organización en el 2011, y en el 2014 se convirtió en coordinador general del partido.

Mas se queda

Calvet y Forn empezaron a ocupar cargos públicos en nombre de Convergència en 1999, Buch en el 2000, Puigneró y Batet en el 2003, y Budó en el 2005. Todos ellos, otra vez incluido Puigdemont, vieron cómo sus carreras políticas despegaban durante los años de mandato de Mas. Curiosamente, Mas no ha seguido de momento los pasos del grueso de sus excompañeros, y seguirá militando en el PDECat. Quizás esa decisión es, en realidad, el argumento más contundente que tiene hoy por hoy Junts para tratar de presentarse como algo ajeno a la vieja Convergència.