PERFIL

Jaime Alfonsín: el consejero de Felipe VI

El actual jefe de la Casa del Rey es la sombra del Monarca desde hace 25 años

Es abogado del Estado y dejó la empresa privada para forjar el perfil del heredero

Jaime Alfonsín, jefe de la Casa del Rey.

Jaime Alfonsín, jefe de la Casa del Rey. / CASA DEL REY

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Pilar Santos
Pilar Santos

Periodista

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Jaime Alfonsín (Lugo, 1956) lleva 25 años siendo la mano derecha de Felipe. Cuando el ahora Monarca acabó su formación en EEUU, Juan Carlos decidió que debía empezar a forjar su perfil de heredero y creó la llamada secretaría del Príncipe, al frente de la cual colocó a este abogado del Estado que, en 1995, tenía una prometedora carrera en la empresa privada. 

Ha acompañado al Monarca en todas sus reuniones en España y por todo el mundo y ha sido su consejero en las decisiones más importantes de su vida adulta. Los que le conocen y han trabajado con él destacan su dedicación al trabajo, su discreción, su seriedad y su “angustia casi permanente”. Prefiere correr los riesgos que supone que el Rey tenga un perfil bajo antes que exponerle ante los medios de comunicación. No quiso hacerlo cuando Felipe era Príncipe y tampoco como Monarca. Al menos, hasta ahora.

Tras la abdicación, Alfonsín ascendió y se convirtió en jefe de la Casa del Rey, un cargo con rango de ministro que es todo menos fácil. “Cuando trabajas en Zarzuela sabes qué es la jefatura del Estado, la sede de la Corona y, sobre todo, una familia, con todo lo que eso supone”, explica un antiguo trabajador de la institución. “En un ministerio, el ministro dispone y todo el mundo ejecuta. Lo que piense el padre del ministro no importa. Aquí sí, porque fue Rey 39 años”, añade ese exmiembro de la Casa que trabajó varios años para la institución.

Alfonsín, como sus antecesores, tiene sus funciones establecidas en un real decreto: dirige todos los departamentos de la Zarzuela (desde la secretaría general, de la que dependen protocolo comunicación, hasta el cuarto militar), formula el presupuesto de la Casa, firma los contratos de la institución y también es el nexo entre la jefatura del Estado y los ministerios y la Presidencia del Gobierno. A esos deberes se suma el despacho, habitualmente diario, con Felipe VI. “En esas reuniones se aborda todo. Temas de actualidad, la agenda, adónde hay que ir, adónde no, el contenido de los discursos... Juan Carlos solía pedir opinión. A veces se abría un debate, otras veces solo escuchaba y otras les llevaba la contraria”, explica otro antiguo empleado de la Zarzuela. 

Y, en alguna ocasión, pocas hasta ahora, el jefe de la Casa ha ejercido de portavoz del Rey. Rafael Spottorno, al que Alfonsín sucedió en el cargo después de que dirigiera el proceso de abdicación de Juan Carlos, tuvo que lidiar con el ‘caso Nóos’ y quiso marcar distancias con Iñaki Urdangarin. Spottorno convocó el 12 de diciembre de 2011 a los periodistas acreditados a una reunión en la Zarzuela en la que denunció el comportamiento poco “ejemplar” del yerno del entonces Rey. La frase hizo levantar la cabeza de los redactores de sus libretas, sorprendidos ante la expresión. La claridad y la transparencia no son habituales cuando se habla de la jefatura del Estado.

El paradero de Juan Carlos

Se ha vuelto a comprobar con la salida de Juan Carlos de España. Durante 14 días no se ha sabido cúal era su paradero. “¿A quién se quiere salvar? ¿A Juan Carlos o a Felipe? ¿En qué beneficiaba a Felipe que no se supiera dónde estaba su padre? Si era un pacto entre padre e hijo, era un mal pacto”, dice uno de los extrabajadores.

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Alfonsín organizó algunas reuniones con los periodistas, como la de Spottorno, el primer año del reinado de Felipe VI, cuando se tomaron algunas decisiones para dar más transparencia a la institución. Se aprobó el código de conducta para los empleados de la jefatura del Estado, se prohibió recibir regalos caros y se retiró el título de duquesa de Palma a Cristina. Pero, a finales del 2015, la política comunicativa se replegó. El coste completo de la jefatura del Estado, por ejemplo, sigue siendo un secreto, ya que nunca se han facilitado los presupuestos desglosados por ministerios (la seguridad depende de Interior; el mantenimiento de los palacios, de Patrimonio Nacional; el parque móvil, de Hacienda; los aviones, de Defensa…). Solo se conoce el monto anual (7,8 millones) del que dispone el Monarca para los sueldos de su propia familia, de los trabajadores de Zarzuela y los gastos corrientes en bienes y servicios de ese palacio.

El reto que Alfonsín como consejero real tiene por delante es enorme y, por la coyuntura que le ha tocado vivir, puede que también digno de pasar a la historia.