Bonvehí vindica la herencia política de CDC ante Junts

Sitúa a su fuerza en el espectro liberal frente al de centro-izquierda de JxCat

Insiste en que, sola o con Puigdemont, su opción irá a los próximos comicios

El presidente del PDECat, David Bonvehí.

El presidente del PDECat, David Bonvehí. / EFE

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Xabi Barrena

El PDECat realizó la semana pasada, en vísperas del congreso fundacional de Junts, un esfuerzo homérico por no verse arrollado por la ola del puigdemontismo. Trató de frenar el goteo de militantes propios que también se sumaba a la entonces aun plataforma del ‘expresdient’ mediante la amenaza explícita de expedientes y expulsiones a los que pretendieran mantener el doble carnet. Y elevó el precio de un posible acuerdo con el órdago de presentarse, sí o sí, a las elecciones. Es decir, sea con Junts, si hay acuerdo, sea en solitario, si la escisión es total. En el contexto de la negociación, que ha remontado tras la tensión de la semana pasada, Bonvehí vindicó, ayer, que su partido es el heredero político de CDC. Un marco iedológico del que , precisamente, Puigdemont, se quiere desmarcar.

Así, lo que tenía que ser un paseo triunfal por anexionarse  casi todo el espacio posconvergente, por parte de Puigdemont se ha convertido en una negociación casi quirúrgica entre iguales. Y Bonvehí avivó ayer la disyuntiva en la que se encuentra ahora Junts, que se basa en caer en el fuego de la escisión, y quedarse sin representación en debates y medios públicos y sin subvenciones, o bien en las brasas de pactar con un partido que puede diluir su pretendida adscripción al espacio político de la centro-izquierda.

En el Consell Nacional de ayer, el presidente del PDECat, David Bonvehí, hizo un ejercicio de autoafirmación de los valores de su partido, que no son otros que los de Convergència. Unos valores que difícilmente casan con los que quiere Junts. 

Con el recuerdo de los valores políticos del pujolismo, Bonvehí vino a decir que el eventual pacto que se establezca no supondrá, evidentemente, la sumisión del PDEcat a Puigdemont, sino una coalición en la que cada uno mantendrá, no solo, sus ejecutivas y órganos de gobierno, sino también su ideología. «Porquesin una ideología que guíe la acción política, no hay mejora en el bienestar de las personas», aseveró el líder del PDECat.

Hacia la nueva CiU

Salvando todas las distancias, sin ir más lejos temporales, lo que pasó en los 70 entre Convergència, que Jordi Pujol en enero de 1975, en la conferencia de Esade, definió como adscrito «a la socialdemocracia a la sueca» y los democristianos de la ya extinta unió Democràtica.

«Quiero reiterar que defendemos que nuestro proyecto político, nuestro modelo de país y nuestro modelo de sociedad tienen que estar presentes en las próximas elecciones. Con la fórmula que sea», señaló Bonvehí, reiterando que las aguas entre su partido y Junts habían empezado a volver a su cauce y que las conversaciones siguen.

«Somos herederos de una larga tradición política que ha configurado la Catalunya contemporánea con las relevantes estructuras de estado», aseveró en referencia a «la inmersión lingüística, el modelo de escuala catalana, TV-3 y los Mossos». 

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Entre los logros y valores propios, Bonvehí cito «el modelo de sanidad catalana público-privada» y presentó a su fuerza como la que «defiende la libertad de los padres a la hora de elegir escuela». Dos ítems que sitúan al PDECat bastante lejos de los estándares habituales del centro-izquierda catalán que apuestan por entero por lo público en ambos casos. Y por si hay dudas, otro apunte: «Somos los que defendemos el derecho a la vivienda y la propiedad privada».

Definió su tradición política como el de la buena gestión y, lanzando un dardo envenenado a ERC, llamó comparar la gestión en esta crisis pandémica «por parte de determinadas ‘conselleries’ frente a otras», es decir, frente a las que corren a cargo de adscritos al PDECat.