10 ago 2020

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COMICIOS AUTONÓMICOS

Elecciones País Vasco: El PNV vuelve por sus fueros

La fuerza nacionalista ejerce una hegemonía incontestable a los 10 años del fin de las acciones terroristas de ETA

La gestión del día a día, con el colchón del concierto económico, permite a Urkullu recibir votos provinentes del PP

Xabi Barrena

Iñigo Urkullu, en un mitin del PNV, en San Sebastián.

Iñigo Urkullu, en un mitin del PNV, en San Sebastián. / EFE / JUAN HERRERO

La implantación territorial y la identificación del partido con el país, como en la época dorada de CDC Jordi Pujol, en Catalunya, y la tradición y la historia de ERC o de la ya extinta Unió, como ingredientes base. Añádese un buen pellizco de saber interpretar, gracias a esa capilaridad territorial, las tendencias de la sociedad vasca. Las que ora empujan hacia un deseo soberanista, ora a calmar los ánimos, el famoso 'péndulo patriótico'. Esa podría ser la receta que permite al PNV no solo mantenerse como principal partido de Euskadi, sino ampliar su hegemonía en los últimos años.

Contexto. Tras 40 años de terrorismo de ETA en democracia, y tras alguna campaña electoral de alto votaje, como la del 2001 y, en menor medida, aunque derivó en el primer lendakari no peneuvista (el socialista Patxi López), la del 2009, Euskadi se halla ahora en otra fase. E Iñigo Urkullu, primero en la presidencia del partido (ahora, por aquello de la bicefalia tan propia del PNV, en manos de Andoni Ortuzar, con quien tiene plena sintonía), y luego como lendakari, ha sabido interpretar este escenario.

Urkullu y Ortuzar siguieron la estela de Josu Jon Imaz, quien se impuso en la lucha al frente del partido a Joseba Egibar, que pretendía un PNV en la misma línea soberanista de Juan José Ibarretxe. Urkullu, por tanto, recoge como lendakari los frutos de su siembra como presidente del Euskadi Buru Batzar. 

Y es que el PNV, según las encuestas, puede igualar y mejorar los 32 escaños conseguidos en 1984, justo antes de la escisión de Carlos Garaikoetxea, cuando dejó la Lehendekaritza (presidencia de Euskadi) para formar Eusko Alkartasuna (EA). Es decir, el partido 'jeltzalde' (peneuvista, en euskera) ha vuelto por sus fueros. Nunca mejor dicho, porque la defensa de los derechos forales, algo en lo que coincide toda la sociedad vasca, es, también, su mejor aval.

No tan hegemónico

Pero los relatos nunca son tan simples y sí siempre matizables. Para el profesor de Historia del Pensamiento Político de la Universidad del País Vasco (UPV) Pedro José Chacón, lo de la propia hegemonía es discutible. "Nunca ha conseguido una mayoría absoluta, ni en las diputaciones forales, salvo alguna contada excepción, lo que demuestra que no hay alternativa viable, con lo que puede moverse libremente a derecha e izquierda. No arrolla como hace Alberto Núñez Feijóo en Galicia", asevera. "En 1986, tras la escisión de EA, las elecciones las ganó el PSE. Pero no pudieron gobernar y cedieron la presidencia", refuerza com ejemplo.

Chacón tampoco participa del concepto de 'péndulo patriótico': "Lo que sucede es que en el 2009 vieron las orejas al lobo. Todo nació con el asesinato de Miguel Ángel Blanco, que hizo salir a la calle al constitucionalismo que, hasta entonces, permaneció en sus casas. Pararon el golpe en el 2001, por la mínima, y ya empezaron a virar". Con todo, en el 2009, un frente constitucionalista de PSE y PP sumó los 38 escaños necesarios para aupar a López a la Lehendakaritza. En esas elecciones, la izquierda aberzale, ilegalizada por la ley de partidos, no participó y promovió el voto nulo, sumando 100.000 papeletas no válidas.

Sí comparte Chacón la idea de que la base del éxito del PNV es la implantación territorial. "El partido funciona como un reloj. Conocen el territorio sobremanera, porque tienen una infantería brutal", señala.

Nacionalismo social

Braulio Gómez, doctor en Ciencias Políticas y ejerciente en la Universidad de Deusto, aporta otro prisma: "La construcción nacionalista no tiene su raíz en la cuestión territorial, sino en la social". Gómez, como Chacón, apunta a la importancia de la 'pata de Madrid', el grupo en el Congreso. "Va siempre muy preparada: Iñaki AnasagastiJosu Erkoreka (hoy vicepresidente del Gobierno vasco), Aitor Esteban", apunta Chacón.

Para Gómez, si las elecciones del domingo hubieran coincidido con la etapa del PP en la Moncloa, sin embargo, otro gallo cantaría. "En Euskadi no se soporta a esa derecha. De hecho el PP de Euskadi siempre ha tenido otro talante que permite que sus votantes, ahora, fluctúen hacia el PNV". Todos coinciden en que la elección de Carlos Iturgaiz, por lo que remite a los años de la crispación, no ha sido la más acertada para los populares. "Al menos para obtener resultados en Euskadi", señala Gómez.

Según estos opinadores, y también Félix Arrieta, doctor en Política, ahora en Deusto, que el PSE haya renunciado a ser alternativa y se conforme con ser la 'muleta' del PNV supone un descanso. "Lo fían todo al poder de atracción de Pedro Sánchez para poder entrar en el Gobierno. Sin más", señala Gómez.

Aversión al ruido

En el fondo, lo que subyace es la aversión en Euskadi al ruido. Al ruido en España y al "atronador" que llega de Catalunya. Algo que, además, al propio PNV, viendo lo que le ha sucedido a CDC/CiU, horroriza sobremanera. "Se premia a quien es capaz de llegar a acuerdos, se busca a alguien que no genere nuevos problemas, y Urkullu cumple con los requisitos. La valoración de la gestión pública, por ejemplo de la Osakidetza (sanidad vasca) se halla por encima de la media española", sentencia Gómez.