26 nov 2020

Ir a contenido

COMICIOS AUTONÓMICOS

Los exámenes del 12 de julio

El PSOE apuesta por la gestión del virus en campaña y aún ve una mínima posibilidad de gobernar en la Xunta

Las dos almas del PP pasan la prueba de las urnas: la moderación de Feijóo y la línea dura de Iturgaiz

Pedro Sánchez y el candidato socialista en Galicia, Gonzalo Caballero, el sábado en A Coruña. 

Pedro Sánchez y el candidato socialista en Galicia, Gonzalo Caballero, el sábado en A Coruña.  / EFE / CABALAR

En las atípicas elecciones del próximo domingo en Galicia y Euskadi, tras meses de confinamiento, con la asistencia a los mítines bajo mínimos debido al distanciamiento social, quien más se juega de los grandes partidos es el PP. Su líder, Pablo Casado, apostó por la línea dura en tierras vascas. Las perspectivas no son prometedoras. Al mismo tiempo, en Galicia, la muy probable mayoría absoluta de Alberto Núñez Feijóo, cuyas posiciones están mucho más centradas, podría minar la autoridad del jefe de la oposición. El PSOE, que mejorará sus resultados respecto al 2016, participa en estos comicios con cierta tranquilidad. Aunque insisten en que hay alguna posibilidad de desbancar a Feijóo, los socialistas asumen que el objetivo es difícil de conseguir, y al mismo tiempo dan por bueno volver a gobernar en Euskadi, en una posición secundaria, junto al PNV. Podemos, mientras tanto, se enfrenta al riesgo de bajar sensiblemente de escaños, y fía la remontada al peso de sus dirigentes en el Ejecutivo.  

El PSOE luce gestión frente al virus para dar la sorpresa

Acostumbrado como estaba a que cada proceso electoral fuese una prueba sobre el futuro del líder del partido, las elecciones del próximo 12 de julio tienen algo de aburrido, casi un trámite, admiten en el PSOE. Desde que Pedro Sánchez ganó la moción de censura a Mariano Rajoy, hace poco más de dos años, los socialistas han vuelto al primer lugar en el conjunto de España. Pero no en Euskadi ni en Galicia. El PSOE, que presenta a candidatos con escaso tirón como Idoia Mendia y Gonzalo Caballero, se juega poco en ambas autonomías.

En la primera, aspira a continuar gobernando, si bien en un lugar muy secundario, junto al PNV. En la segunda, la dirección del partido considera muy difícil que Alberto Núñez Feijóo pierda su actual mayoría absoluta. Aun así, aún hay una pequeña oportunidad, continúan en la cúpula socialista, que lo apuesta casi todo a la gestión del coronavirus por parte del Gobierno central.

La presencia de miembros del Ejecutivo en los mítines es constante estos días, con el ministro de Sanidad, Salvador Illa, ocupando un lugar protagonista. Sus intervenciones giran en torno a las medidas tomadas frente a la epidemia. También las del propio Sánchez, que hace cuatro años, precisamente tras los comicios vascos y gallegos, donde el PSOE socavó su suelo electoral, se vio forzado a dimitir como secretario general, un puesto que recuperó contra pronóstico meses después.

El Sánchez de entonces poco tiene que ver con el de ahora. En el 2016 era un líder muy contestado internamente, siempre bajo la sombra de la derrota. Ahora su inmediato competidor a nivel estatal, Pablo Casado, se encuentra muy lejos en las encuestas, y nadie en el PSOE se atreve a discutir su autoridad. Las críticas son inexistentes. Las intervenciones del presidente en esta deslucida campaña (la sensación se ve aumentada por las mascarillas y la obligada distancia entre los asistentes a los mítines) consisten en defender la unidad frente al covid-19, llamar a "no bajar la guardia" pero al mismo tiempo a "mirar hacia adelante", resaltar las medidas sociales aprobadas por el Ejecutivo durante estos meses (moratorias hipotecarias, ertes, ayudas a las empresas, ingreso mínimo vital, prohibición de desahucios y cortes de suministros…) y sobre todo llamar a la participación.

El mensaje, sobre todo, busca un impacto en Galicia. Los sondeos anticipan que el PP volverá allí a gobernar en solitario, pero los socialistas, que dan por seguro que mejorarán sus actuales resultados, insisten en que todavía hay cerca de un 30% de indecisos. Si logran movilizar a buena parte de ese sector, creen que puede haber sorpresa.

En Euskadi, donde el PSOE también logrará más escaños que hace cuatro años, el desenlace parece aún más fácil de predecir. Con Mendia insistiendo en que no piensa pactar con Bildu, nada parece interponerse en la reedición del actual gobierno autonómico: los nacionalistas vascos ocuparían la presidencia y la mayor parte del poder y los socialistas un puñado de consejerías. Sánchez, al que un resultado de este tipo le conviene para seguir contando con el PNV en el Congreso, lo tiene asumido. "La garantía de que nadie se queda atrás es tener un PSOE de Euskadi fuerte en el Parlamento y fuerte en el Gobierno", dijo este domingo en Bilbao.  

El PP: Casado verá si debe viajar al centro (de verdad)

Decía un asesor de Alfonso Alonso, el exdirigente vasco al que Pablo Casado fulminó en febrero, que el PP solo gana cuando se centra. Y lo vestía con datos: a José María Aznar no le funcionó la dura oposición que le hizo a Felipe González en 1993 y logró la mayoría absoluta tras su famoso 'viaje al centro' (2000); Mariano Rajoy ganó a José Luis Rodríguez Zapatero cuando se olvidó de las manifestaciones en las calles (contra el aborto, contra el matrimonio homosexual, contra el Estatut) y se volcó en la capacidad de su partido de gestionar la economía (2011) y, ahora, Casado ha perdido en dos elecciones generales con un partido más parecido a Vox que a uno de centro.

Casado ha prometido en varias ocasiones estos meses moderación, transversalidad, políticas de centro, pero los hechos después no le dan del todo la razón. La censura parental en la educación, los argumentos a la hora de cargar contra el diálogo entre Sánchez y los independentistas (Cayetana Álvarez de Toledo llegó a decir que la situación es peor que cuando ETA asesinaba), su posición regresiva sobre el aborto (que ya llevó en su programa cuando ganó las primarias internas) y su estrategia de choque con la Moncloa pese a la pandemia dibujan un discurso extremo. Ciudadanos tomó nota de su propio hundimiento y ha dejado de asentar su estrategia en Catalunya y en la bronca y ha tendido la mano en Madrid al Gobierno central. Casado quizás pueda pensar en hacerlo tras las elecciones vascas y gallegas del 12 de julio. Por ahora, el tono que está manteniendo es menos hiperbólico de lo habitual y no ha querido contar ni con Álvarez de Toledo ni con Aznar para la campaña. 

El PP somete al escrutinio de las urnas las dos almas del partido, esas que el líder de los conservadores asegura que no existen y que son una invención de Sánchez para dividirles. Sin embargo, los dos carteles que el partido presenta ponen de relieve esa doble corriente que siempre ha habido en el partido. En el País Vasco, Casado apartó al moderado Alonso para colocar a un político que representaba lo contrario que el exministro de Sanidad: Carlos Iturgaiz, presidente de los populares vascos entre 1996 y 2004. El candidato representa al PP de las "esencias", el que se centra en la unidad de España y da la batalla ideológica con los nacionalistas. Las previsiones son malas. De los nueve diputados de ahora pueden caer hasta 3-4. Y eso que se presentan, por primera vez, en coalición con Cs. Inés Arrimadas interrumpió su baja de maternidad y este domingo dio con Casado su primer mitin juntos. La derrota de Iturgaiz se leerá como una derrota del estilo de Casado.  

En Galicia, en cambio, los sondeos pronostican la cuarta mayoría absoluta de Alberto Núñez Feijóo, el moderado por antonomasia del PP. Logrará entre 40 y 42 escaños. Ahora cuenta con 41. Esa victoria puede tener muchas derivadas para Casado. A corto, en su discurso, y, a medio, en la historia del PP. Feijóo, eterno aspirante a liderar el partido, no quiso presentarse a las primarias en 2018 porque sabía que iba a tener competencia. Ahora puede que empiece a pensar otra cosa

Podemos confía en sus líderes estatales para revalidar sus resultados

El paso del tiempo no le sienta bien a Unidas Podemos. Cuenta de ello dieron los desastrosos resultados de las elecciones autonómicas del 2019, en las que perdieron más de 60 diputados regionales. Un mal referente para Galicia en Común y Elkarrekin Podemos-IU, las dos marcas con las que se presentan a las elecciones gallegas y vascas, que tratarán de romper la tendencia en los comicios del próximo 12 de julio, aunque fuentes de ambas candidaturas lo ven complicado. No obstante, confían en que la campaña vaya de menos a más y que la presencia de líderes nacionales en esta última semana les acerque a revalidar sus fuerzas en los dos parlamentos autonómicos.  

En Galicia, los morados quedaron como segunda fuerza política en las elecciones del 2016. Sin embargo, el panorama actual es muy distinto. Entonces se presentaron como En Marea -una coalición de fuerzas ahora extinta- y ahora van bajo la marca Galicia en Común. Fuentes de la formación señalan que los objetivos han cambiado durante estos cuatro años de gobierno del PP. "De nada sirve sacar los 14 escaños del 2016 si después Feijóo vuelve a tener mayoría absoluta", defienden voces de la candidatura que apuntan a la necesidad de alcanzar los números suficientes para conformar un gobierno tripartito con el BNG y el PSOE que permita echar del poder a los populares.

La presencia de la ministra de Trabajo y diputada por Galicia en Común, Yolanda Díaz, en la campaña electoral será un extra con el que no contaban en los comicios pasados. Fuentes del partido aseguran que la parlamentaria gallega es un "activo esencial" que con su gestión de la crisis del coronavirus ha dejado claro que los morados saben gestionar. A esto se suma la participación de Pablo Iglesias este domingo en Vigo -su primer acto de campaña- para arropar al candidato a la presidencia de la Xunta, Antón Gómez-Reino, y pedir el voto en la provincia de Pontevedra, uno de los territorios junto A Coruña, donde, aseguran, se disputan un diputado con el PP.

La situación en Euskadi resulta bastante similar. Elkarrekin Podemos-IU también mira hacia una posible alianza con el PSE y con Bildu para evitar que el PNV vuelva a gobernar. No obstante, la candidata morada, Miren Gorrotxategi, parte con la desventaja de haber cogido las riendas del partido hace apenas cuatro meses al ganar las primarias autonómicas del partido. Aun así, fuentes de la formación señalan que desde entonces están mejorando en las encuestas. "Algo bueno hemos hecho. La sensación es muy buena", aseguran, antes de matizar que siendo "más o menos realistas" el objetivo sería poder revalidar los 11 escaños que tienen actualmente.  

Los morados vascos también confían en que la campaña electoral vaya de "menos a más" y que, poco a poco, se vaya "subiendo el tono". Además, afirman que la presencia de líderes nacionales, entre ellos el propio Iglesias o el portavoz del partido en el Congreso de los Diputados, Pablo Echenique, sirva para movilizar el voto de izquierdas.