09 ago 2020

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SEÍSMO EN LA POSCONVERGENCIA

Las cinco causas del divorcio Puigdemont - PDECat

Las cuotas de poder, la estrategia en el 'procés' y la ideología han minado la relación entre JxCat y el partido heredero de CDC

Fidel Masreal

Los pasillos del Palau de Congressos de Catalunya durante el congreso del PDECat del 2018

Los pasillos del Palau de Congressos de Catalunya durante el congreso del PDECat del 2018 / RICARD CUGAT

Junts per Catalunya y el PDECat han certificado esta semana la ruptura por sus diferencias sobre cómo debe ser la reordenación del espacio posconvergente bajo una única estructura política. Las causas del divorcio son múltiples y están entrelazadas, pero cinco han resultado ser las discrepancias más insalvables.

1. El poder

Desde que, hace justo cuatro años, Convergència se transformó en el PDECat para limpiar su imagen de partido envejecido, conservador y condenado por corrupción, la cadena de mando no ha sido clara. Carles Puigdemont ha sido siempre un hombre ajeno a aparatos de partido. Quiere tener manga ancha. La primera coordinadora del PDECat, Marta Pascal, y el 'expresident' chocaron constantemente: desde la elaboración de las listas electorales en el 2017 hasta la política de alianzas. Todo ha sido objeto de tensión, porque JxCat –donde habitan los independientes, como Quim Torra– carece de una estructura de partido frente al PDECat, que sí la tiene. Ambas estructuras se han contraprogramado y han lanzado mensajes en ocasiones contradictorios, hasta el punto de que Pascal y Puigdemont ya habían fundado dos estructuras distintas: el Partit Nacionalista de Catalunya (PNC), por un lado, y la Crida Nacional per la República, por otro. Ahora el PDECat reclamaba una coalición electoral para garantizarse una presencia en las listas electorales y capacidad de decisión. En cambio, Puigdemont pedía poner el contador a cero y que cada militante tuviera un voto.

2. El 'procés'

Puigdemont considera que una nueva confrontación con el Estado es "inevitable". Así lo ha afirmado reiteradamente y lo ha escrito en su libro autorreflexivo 'Reunim-nos'. En cambio, la dirección del PDECat y parte de sus bases creen superada esta fase y apuestan por la negociación y el diálogo con el Estado. Puigdemont no cree en ese diálogo, sino en actos de desobediencia pacífica. Los posconvergentes clásicos opinan que la estrategia rupturista no es la propia de su tradición política, sino la de la CUP, y que en octubre del 2017 se cometieron muchos errores. Por el contrario, el 'expresident' y sus fieles están convencidos de que se debe enarbolar la bandera del 1-O de nuevo y consideran que ERC se equivoca apostando por las vías negociadas. El PDECat defendió firmemente la moción de censura a Mariano Rajoy, frente a un Puigdemont que rechazaba facilitar la gobernabilidad de España, negando todo apoyo a Pedro Sánchez.

3. La ideología

Los cuadros del PDECat partidarios de mantener vivo el partido se lamentan de que la entrada de independientes en las listas electorales y en JxCat ha escorado al partido a la izquierda. Lamentan que no se haya planteado batalla contra el aumento del IRPF a las rentas altas, defienden la escuela concertada y echan en falta el espacio de centroderecha. Los fieles a Puigdemont argumentan que los tiempos han cambiado, que toda Catalunya se ha escorado a la izquierda y que es en ese espacio progresista en el que se ganan las elecciones, siempre con una propuesta de corte transversal, porque su prioridad es el 'procés'. "No existen ideologías, existen personas", reza un lema de la Crida. El 'expresident' trata de aunar así desde votantes de la CUP hasta los del centroderecha soberanista.

4. El papel del partido

Puigdemont tiene alergia a la obediencia militante, si bien ha sido un fiel asociado de la CiU de Artur MasOriol Pujol y Josep Antoni Duran Lleida. Pero preservó su espíritu independiente. Eso le llevó a crear la Crida, sin dejar el PDECat –hasta ahora–, y el Consell per la República –donde trata de aunar posiciones con sectores de la CUP, la ANC, ERC, el PDECat y Demòcrates, entre otros–. Ahora apuesta por otra iniciativa política alejada de los partidos tradicionales, con una gran querencia por las redes sociales y la participación flexible basada en objetivos genéricos. Su obsesión ha sido siempre alejarse de lo que recuerde a la Convergència del 3% y de la manera tradicional de hacer política. En cambio, el PDECat se reivindica como una modernización de CDC, que dio plenos poderes a Puigdement en el 2017 para hacer las listas a su medida con independientes, pero que ha menospreciado el papel de la organización a la hora de organizar mítines, sufragar gastos, disponer de una red de alcaldes o fidelizar a los militantes.

5. Las alianzas

El 'expresident' tiene una obsesión: batir a ERC de nuevo en las elecciones y que Oriol Junqueras no sea 'president'. El PDECat también compite con los republicanos, pero no esconde cierta similitud de criterio con ERC respecto al diálogo con el Estado, la autocrítica respecto a octubre del 2017 y la necesidad de ser un partido útil en Madrid y moderado en lo ideológico. Puigdemont es alérgico a cualquier alianza con los partidos "del 155", mientras que el PDECat gobierna la Diputación de Barcelona con el PSC –pacto que inicialmente bendijo Puigdemont– y reivindica el espacio central del tablero, alejado de la CUP. El 'expresident' no cree en facilitar la gobernabilidad en España, aun a riesgo de que el PP gobierne con Vox. El PDECat discrepa de esta tesis. El 'expresident' trató de integrarse sin éxito en el grupo Verde en el Parlamento Europeo, mientras que el PDECat siempre ha estado más cómoda en espacios liberales de centro como el grupo ALDE.