JxCat busca el desgaste de ERC en plena incertidumbre electoral

Las diferencias copan la relación entre socios, del apoyo a Sánchez al suplicatorio de Borràs

Chacón y Aragonès protagonizan el último choque a raíz de un plan para la automoción

Pere Aragonès, Quim Torra y Pedro Sánchez, el pasado 26 de febrero en la Moncloa, durante la primera reunión de la mesa de diálogo. 

Pere Aragonès, Quim Torra y Pedro Sánchez, el pasado 26 de febrero en la Moncloa, durante la primera reunión de la mesa de diálogo.  / DAVID CASTRO

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Xabi Barrena / Fidel Masreal

Tiempo. La activación por parte del Tribunal Supremo de la cuenta atrás que debe desembocar en unas elecciones en Catalunya ha elevado la energía cinética de los dos bandos que forman el Govern. Como en aquellas guerras donde se lucha con mayor ferocidad en las pocas horas que dista un alto el fuego, para negociar en ventaja, Junts per Catalunya y ERC, que aceptan con resignación que no les queda otra que volver a pactar tras el paso por las urnas, redoblan sus escaramuzas. Los posconvergentes, por detrás en las encuestas, aun con más ahínco. Pero los republicanos, cansados de ir de victoria demoscópica en victoria demoscópica hasta la derrota final en las urnas (como en el 21-D) también juntan filas, sabedores de que si llega la victoria, y esta es por la mínima, la sucesión de vietnames seguirá en la próxima legislatura.

El cerco es total y comprende todo el tablero. Desde el apoyo de ERC a Sáncheza las elecciones de la ANC de esta semana, pasando por el suplicatorio de Laura Borràs, sin dejar de lado el contrato de Salut con Ferrovial y la polémica sobre si Quim Torra debe de detallar cuándo serán las elecciones.

Némesis de Aragonès 

La batalla intramuros del Palau de la Generalitat es cruenta. Fuentes del Govern han revelado a EL PERIÓDICO que hace unas semanas la ‘consellera’ de Empresa, Àngels Chacón, intentó aprobar un plan de ayuda a la automoción por valor de 15 millones de euros, pero la Conselleria de Economia no dio su visto bueno, según estas voces del lado posconvergente. Dos fuentes republicanas califican esta revelación de «trola (sic)», uno, y de «burda mentira», la otra.

Y es que en las últimas semanas, la némesis de Pere Aragonès parece ser Chacón. Ella, y también el entorno de Presidència, insiste en la necesidad de que Aragonès active ya las tareas para disponer de un proyecto de presupuestos para el 2021. El republicano prefiere modificar el recién aprobado presupuesto del 2020, pensando que el presupuesto del 2021 será obra del nuevo Govern, del que confía tener mayoría.

Ayuda a proveedores 

El plan de automoción, según reza el documento al que este diario accedió y que unos dicen que ha sido vetado y del que los otros afirman no saber nada, prevé que de esos 15 millones, la industria auxiliar , los proveedores, recibirían 10,5  para ayudar en los gastos fijos, tales como  el coste de personal, los alquileres y  seguros.

La desconfianza es palpable. Las fuentes del Govern, de JxCat, aseguran con vehemencia, respecto al plan de choque propuesto por Empresa, que «en la Conselleria de Economía van lentos para tomar decisiones. Cuando se trata de departamentos que no sienten suyos. se hacen los remolones. Cuando se trata de Treball o Salut -en manos de ERC- van más rápidos».

En Esquerra ven estas maniobras, que tildan de «trampas» que JxCat pone «a diario en el Govern» signos evidentes de «desesperación. Es lo único que les queda. Esto y la victimización por la persecución a Torra y a Borràs», afirma una voz.

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Tal es la presión que los republicanos decidieron soltar lastre. El lunes, el partido anunció que Salut revertiría el contrato con la filial de Ferrovial para hacer el seguimiento de la pandemia en la nueva normalidad. Los posconvergentes sacaron tajada de la contradicción ideológica que supone que sea ERC la que diera al sector privado, y para más inri a Ferrovial, un contrato por un trabajo que el personal sanitario demanda poder hacer. 

Y el martes, el propio Aragonès se negó a decir nada sobre las elecciones que pudiera levanta nuevos sarpullidos.  Lo que intentó, apunta una fuente, «es hacer evidente que si Torra no quiere hacer un proceso electoral ordenado sin que sea Marchena el que convoque  es porque piensa en clave de partido, y que precisan tiempo porque no tienen candidato.