GESTIÓN DE LA CRISIS

La comunicación del Gobierno, a examen

Los expertos rechazan emplear un relato bélico para hacer frente al virus

Recetan comparecencias reducidas que combinen perfiles técnicos y políticos

José Manuel Santiago, jefe de Estado Mayor de la Guardia Civil, y José García Molina, comisario principal de la Policía, en rueda de prensa.

José Manuel Santiago, jefe de Estado Mayor de la Guardia Civil, y José García Molina, comisario principal de la Policía, en rueda de prensa. / POOL

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Roger Pascual
Roger Pascual

Periodista

Especialista en fútbol, baloncesto, balonmano

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Júlia Regué
Júlia Regué

Periodista

Especialista en información del Parlament de Catalunya, siguiendo la actualidad de Cs, PP, Vox y CUP

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Si el lenguaje militar y la presencia de uniformados en las ruedas de prensa ya había despertado voces críticas, el lapsus del jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, José Manuel Santiago, ha terminado de poner la comunicación política del Gobierno en el punto de mira. 

Santiago se excusó el lunes en una conferencia de prensa en la que se evitaron los términos bélicos a los que se había recurrido hasta ahora el Gobierno de Pedro Sánchez. Pero no todos los líderes mundiales han optado por esta estrategia. "Esta pandemia no es una guerra", sentenciaba Frank-Walter Steinmeier, presidente de Alemania, donde Angela Merkel ha apostado por una política comunicativa sin portavoces ni terminología militar.

"Es un error poner a hablar a militares. No aportan nada y están generando más problemas que soluciones", opina David Espinós, consultor de comunicación. "Tampoco entiendo que Sánchez recurra al lenguaje bélico. Me hace pensar más en la derecha que en la izquierda. Me parece sobreactuado y a la mayoría de la población el lenguaje bélico le ofende", añade. 

La presidenta de la Asociación de Comunicación Política, Verónica Fumanal, apunta que los uniformados "no están acostumbrados a hacer ejercicios de comunicación que conllevan expectación y presión pública", y que, además, el problema es que "están socializados lingüísticamente en una retórica militar, con palabras exclusivas que genera distorsiones" al público.

El consultor especializado en comunicación de crisis, Joan Francesc Cánovas, hurga que el discurso del Gobierno se tiñe de demasiada épica: "Tener un enemigo, unas fuerzas y un combate hace necesarios triunfadores. Llamar a ganar la guerra. Y eso permite poner a militares en las ruedas de prensa. Va ligado a la actuación", opina, y critica que en una comparecencia el Jefe de Estado Mayor de la Defensa, el general Miguel Ángel Villarroya, se refiriera a la pandemia como "el virus querido". "Querido porque, claro, un militar sin enemigo no existe", apostilla.

Fumanal insiste en que la metáfora de la guerra no debe ser retroalimentada por el Gobierno porque distorsiona el fondo de esta crisis, que se debe a "un fenómeno biológico que contagia y mata sin motivación". "Esto es la ley natural, no la guerra", puntualiza. 

El tándem perfecto

Los tres expertos coinciden en que se convocan demasiadas ruedas de prensa por parte del Gobierno y que, en ellas, hay un exceso de portavoces que favorece que se diluya el mensaje. Fumanal recomienda que las comparecencias en tiempos de crisis combinen el perfil político con el perfil técnico y reduzcan el número de comparecientes para disuadir la probabilidad de disonancia y contradicción que pueda trasladar un mensaje de incertidumbre a la ciudadanía.

"Es un tándem que acoge todas las variables. El perfil técnico tiene el poder y la legitimidad de la experiencia y el conocimiento, pero no tienen por qué saber comunicar ni tener empatía. El político tiene la legitimación del poder y se le da mayor credibilidad porque tiene los poderes para ejecutar lo que dice, algo que no tiene el técnico", razona Fumanal. 

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Cánovas inquiere en que las cuotas de pantalla disminuyen cuando aparecen políticos y suben cuando hablan los expertos.  Su receta es celebrar encuentros a puerta cerrada con los periodistas para poder documentarse sobre la pandemia con los científicos y la intervención pública de un técnico, que puede ir acompañado de un político a la hora de anunciar decisiones de calado. Eso sí, recomienda que las comparecencias sean de unos 30 minutos y que se guarde mucho tiempo a las preguntas.

Por su parte, Espinós lamenta la competición entre administraciones. "Como ciudadano resulta penoso. ¿Qué sentido tiene la competición constante a ver quién es más ingenioso?".