28 may 2020

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ENCUESTA DEL GESOP

Aceptación general del confinamiento

La opinión de los ciudadanos sobre el Gobierno se deteriora día a día

Daniel G. Sastre

Maria Àngels Roger y Josep Simó, en el balcón de su casa tras reponerse del coronavirus.

Maria Àngels Roger y Josep Simó, en el balcón de su casa tras reponerse del coronavirus.

El panorama general es inaudito. ¿Quién podía predecir hace tres meses, sin que se le considerase un loco o un agorero, que en España habría hoy que guardar cola para entrar en el supermercado, que se suspendería la Liga de fútbol, que las playas y los hoteles estarían vacíos en Semana Santa, que miles de personas se irían al paro de un día para el otro? Y, sobre todo, quién se habría imaginado entonces que, a primeros de abril, la abrumadora mayoría de la gente llevaría tres semanas sin salir de casa más que para lo imprescindible, y estaría resignada a seguir así bastantes días.

Pero así está hoy la mayor parte del mundo por culpa del coronavirus: en una situación cuya excepcionalidad solo es quizás comparable a los periodos de guerra. Cada país ha establecido sus normas, pero el confinamiento, más o menos rígido, está muy extendido en la lucha contra la enfermedad. Como no había experiencias previas –al menos recientes–, era una incógnita cómo iban a reaccionar los españoles al encierro; las encuestas revelan, que, en general, bastante bien.

Eso es lo que se desprende del último sondeo del Gabinet d’Estudis Socials i d’Opinió Pública (Gesop), que lleva dos semanas preguntando diariamente por el estado de ánimo de la población, por su opinión sobre la actuación del Gobierno durante la crisis y por las repercusiones económicas. El pasado viernes, último día del estudio, casi un 60% de los encuestados respondieron que se han amoldado al confinamiento. Frente al 11,9% que lo pasa mal y el 28,1% que contesta que regular, el 59,3% lleva bien el encierro doméstico.

Otro dato que apunta que la sociedad está concienciada de la peligrosidad de la pandemia es la inquietud social que provoca. Solo el 10,5% de los encuestados en la última semana –justo después de que Pedro Sánchez endureciera el confinamiento, con gran confusión comunicativa– respondían el viernes que están poco o nada preocupados por el virus. El número de los que están bastante o muy preocupados se acerca al 90%, y esa cifra se mantiene en el tiempo casi inalterable.

En la misma dirección debe entenderse que más del 93% de los consultados respondan que están confinados en casa. El dato cuadra con el endurecimiento del estado de alarma que dictó el Gobierno hace más de una semana, cuando se extendió a todos los trabajadores de sectores no esenciales. Sin embargo, la cifra, que alcanzó su máximo el miércoles, cuando el 95,8% de los que respondieron a la encuesta dijeron que se mantenían enclaustrados, bajó más de dos puntos el viernes, hasta el 93,4%.

Pese a que algunas variables apuntan en los últimos días a una mejora (tanto el número de nuevos contagiados como el de fallecidos y el de ingresados en las ucis marcaron este domingo mínimos semanales), arrecian los llamamientos desde todas las instituciones a no bajar la guardia. Lo cual no impide que, durante los tres últimos días de la semana pasada, más del 40% de los españoles consultados por el Gesop vaticinaran que en 15 días la situación habrá mejorado, por un poco más de un 10% que creen que habrá empeorado. 

Sin tregua política

Entre tanto, la batalla política no cesa. Cada país tiene su propia historia a este respecto; en España, no hay tregua. Si en los primeros días el impacto hizo que se guardaran las formas, en las últimas jornadas la voluntad de buscar el desgaste del rival es evidente. La derecha, sobre todo a través de sus terminales mediáticas, enarbola los números de España –el segundo país del mundo con más contagios– para atacar al Gobierno. Hay niveles y niveles: el líder del PP, Pablo Casado, anunció que apoyará la extensión del estado de alarma otros 15 días, aunque criticó las trabas al "control democrático del Parlamento" que en su opinión ha establecido Sánchez. Santiago Abascal (Vox) ni le cogió el teléfono al presidente.

El independentismo también ha acechado al Gobierno desde el principio. Primero, insistiendo en el "confinamiento total" –hasta que se produjo– y criticando la "centralización" de competencias con la que se ha afrontado la crisis. Y este domingo mismo, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, avisó de que está en contra de que Sánchez suavice las medidas del estado de alarma a partir del 13 de abril, como es su intención.

A cambio, varios alcaldes han atacado la gestión de la Generalitat en la crisis. Ediles socialistas del área metropolitana de Barcelona se han quejado en público a Torra; este mismo domingo, la alcaldesa de L’Hospitalet y presidenta de la Diputación, Nuria Marín, hacía hincapié en la alta mortalidad en los geriátricos catalanes.

¿Cuál es la impresión que va quedando en los españoles? Las sensaciones que deja el sondeo no son nada buenas para el Gobierno. El desgaste de su imagen es evidente, y se recrudece día a día. El viernes, último día en que el Gesop hizo sus preguntas, fue el día con más críticos: el 42,9% creía que el Ejecutivo está actuando mal contra la crisis. El 21,6% decía ese mismo día que el Gobierno lo está haciendo "normal", mientras que el 30,3% mantiene una opinión positiva.

Incertidumbre económica

Cuando todo apunta a que lo más duro de la crisis sanitaria empieza a quedar atrás, habrá que ver si el Gobierno es capaz de revertir la situación con iniciativas como la de repartir por fin de forma masiva tests rápidos, que podrían ofrecer una fotografía de cuánta gente está infectada en realidad.

Las consecuencias económicas son otro cantar. El sondeo del Gesop, confeccionado tras 750 entrevistas telefónicas, detecta que cada vez menos españoles creen que será una recesión corta. Un 34,7% respondía el viernes que la recuperación económica llegará en menos de un año, la cifra más baja de la semana. Ese mismo día, un 27,2% decía que la crisis durará más de dos años, y un 27,9% entre uno y dos años. La incertidumbre frente a lo desconocido es la nota dominante.