05 jun 2020

Ir a contenido

análsisi

El modelo poco modélico del Barça

Los recortes por el virus nos recuerdan que el club azulgrana ahora roza peligrosamente el techo de la viabilidad

Antonio Bigatà

Bartomeu y Messi, en la firma de renovación del capitán.

Bartomeu y Messi, en la firma de renovación del capitán.

Al final da lo mismo que los jugadores del primer equipo de fútbol del Barça acepten, de buen grado o con algún desacuerdo de matiz, la rebaja remunerativa que les ha propuesto el club. Aunque para los demás sea mucho dinero, las cifras son poco más que el chocolate del loro para ellos y tampoco resuelve los problemas de la entidad tal como está su economía. Es un buen gesto que los futbolistas piensen en los demás empleados del club y les aporten algo de dinero, y sabe un poco mal que hayan tardado tantos días en decidirlo. 

Lo importante es que gracias al incidente del virus muchos seguidores barcelonistas empiezan a entender que, apasionados por el debate sobre el modelo de juego del equipo, no han sabido prestar suficiente atención al verdadero problema de la entidad que es otro: su modelo económico es peligroso, es poco modélico.

Burbuja financiera

El Barça vive en una verdadera burbuja financiera, aunque también es verdad que esa burbuja engloba asimismo a la mayoría de los clubs de primer nivel mundial. La del Barça es muy sofisticada porque gracias a la suerte de disponer de Messi, gracias a que con Messi ha conseguido éxitos deportivos superiores a  las posibilidades objetivas de la entidad, ha estado bastante disimulada. Esos triunfos le han aupado a la condición temporal de mejor club del mundo y, bien gestionados, le han ido generando  unos ingresos extraordinarios. 

Los recortes por el virus nos recuerdan que el Barça ahora roza peligrosamente el techo de la viabilidad. Eso se produce en un momento en que Messi se ha hecho mayor, el equipo ya  no posee la superioridad deportiva de años atrás, y los directivos dan muestras de tener cada vez difícil rebañar más dinero para seguir compitiendo con estructuras deportivas que, como la británicas, tienen -de una forma más clara o más turbia- posibilidades financieras casi infinitas. Es una cuestión vital. La propia filosofía actual del Barça demuestra que cree que los grandes éxitos dependen de poder contratar continuamente a los futbolistas más caros. Eso lleva a una espiral hacia la ruina.

La rebaja de ahora nos recuerda, por si no lo sabíamos, que el Barça, por lo que cobra Messi pero también por lo que se paga a quienes le acompañan, es el club europeo que gasta más dinero en la suma de fichas y salarios de sus jugadores. Esto además de ser económicamente muy peligroso provoca problemas colaterales.

Uno de ellos es que le cuesta muchísimo desprenderse de los veteranos y de los fichajes poco útiles. Piensen en Arda Turan, el Barça no ha podido sacárselo de encima y él ha estado cobrando muchísimo a la espera de que, como pasa ahora, acabe su largo contrato. Hablando en términos de Barça-empresa es igual de preocupante lo que sucede con los futbolistas secundarios que disfrutan de la altísima escala salarial barcelonista; van perdiendo facultades pero resulta muy difícil -y muy caro- sustituirlos.

Bastante mayores

Póngase en su lugar. Cuando Bartomeu les ha pedido autorebajas de sueldo se ha encontrado con unos hombres bastante mayores que aunque estas semanas no jueguen por el confinamiento sí que envejecen, se acercan al final de su etapa de grandes ingresos y no quieren desperdiciarla. 

Este año medio perdido también es dramático para Bartomeu. No podrá cumplir el presupuesto cuando necesita más dinero que nunca, ya que pensaba efectuar una última renovación de la plantilla de cara a su última temporada en el cargo. Ese éxito deportivo sería su baza final una vez parece claro que no la tendrá en la remodelación del estadio.

En cualquier caso su último año, presidido por la penuria, tendría que dedicarlo a sanear el modelo económico. La vía más seria sería ayudando a impulsar un cambio general planetario que frene los desmadres del mundo del fútbol  reorganizando las competiciones, reordenando el negocio de las retransmisiones y poniendo límites a las remuneraciones excesivas de las estrellas.

¿Es posible? ¿Es posible en un año? A pesar del baño de realismo que nos está dando el coronavirus, la verdad es que eso parece imposible.