02 abr 2020

Ir a contenido

DESDE MADRID

Torra manda y Mas regresa

El presidente de la Generalitat tiene el control de mandos aunque Sánchez sabe que Torra no asumirá el coste de la ruptura del diálogo antes de que empiece

Vence la inhabilitación a la que Mas estaba condenado y regresa con libro bajo el brazo y la expectativa de que juegue, quizá, el rol de "héroe de la retirada"

José Antonio Zarzalejos

El jefe del Govern, Quim Torra, y el ’expresident’ Artur Mas, el pasado noviembre, en Barcelona.

El jefe del Govern, Quim Torra, y el ’expresident’ Artur Mas, el pasado noviembre, en Barcelona. / ACN / GERARD ARTIGAS

No será el día 24, pero sí el 26. Pedro Sánchez ha vuelto a ceder ante Quim Torra y altera la agenda pero consigue que la mesa de diálogo inicie su incierta andadura en el mes de febrero, que es lo que se pactó el pasado día 6 en el Palau de la Generalitat. Todo indica que el encuentro en la Moncloa se celebrará sin el relator que reclamaba el jefe del Gobierno catalán, una condición que no explicitó en su momento y que ERC no secunda porque sabe que el Gobierno no transigirá con la evocación que conlleva una suerte de mediador que desde el independentismo más incómodo con esta iniciativa se pretende fuese una personalidad extranjera. El próximo miércoles -el dirigente catalán es perseverante- planteará un "sistema de validación y propuesta de mediación internacional".

Parece nítido que tanto el presidente del Gobierno como el de la Generalitat se están tomando la medida el uno al otro. Sánchez sabe muy bien que su interlocutor puede dilatar la mesa pero no asumir el coste de romper el diálogo antes de iniciarse, y Torra es consciente de que maneja el cuadro de mandos de la coyuntura, no solo porque es el legítimo –aunque vicario- máximo responsable del Govern, sujeto interlocutor de la mesa acordada entre ERC y el PSOE, sino también porque en esa condición dispone de la definitiva facultad de convocar las elecciones cuando lo considere oportuno.

Además de adaptarse a la agenda de Torra, la Moncloa asume también el orden del día que le propone en la carta del pasado jueves: ejercicio del derecho de autodeterminación, fin de la represión, amnistía y reparación. Sin olvidar a los "exiliados" y, claro está, la cuestión de la excarcelación de los presos. Un planteamiento de salida que resulta extraordinariamente complicado -en términos jurídicos y políticos- para el presidente Sánchez, que tendrá que ofrecer una negativa tan rotunda como bien planteada para evitar que Torra tenga la oportunidad de dinamitar la mesa.

La única razón por la que el Gobierno cede tanto terreno consiste en la exigencia de su socio, ERC, que requiere la puesta en marcha del diálogo como estandarte argumental de la precampaña, y luego campaña, a las próximas elecciones, de fecha por completo incierta. Mientras, el PNV, con un paquete de transferencias ya acordado, se da por satisfecho antes de los comicios del 5 de abril.

El desgaste de la Moncloa

En las actuales circunstancias políticas, el desgaste de la Moncloa al encajar las pretensiones más radicales de Torra -es decir, del independentismo más extremo o menos gradualista como es el de los republicanos- va a resultar erosivo. El Ejecutivo de Sánchez tiene abiertos muchos frentes y no son los menores la revuelta de los agricultores, el choque con sus socios morados por la política de inmigración, por el proyecto de ley de violencia sexual que ha preparado Irene Montero y por la despenalización de los piquetes, o toda la serie de acontecimientos relativos a las relaciones de España con la Venezuela de Nicolás Maduro, entre otros asuntos importantes.

Y, al mismo tiempo, y por lo que concierne a Catalunya, las dificultades -del todo esperables- para encauzar la crisis aumentan: la reforma del Código Penal entraña aspectos técnicos y políticos que cada día se revelan de mayor envergadura de modo que la presión del encarcelamiento de los políticos presos solo podrá liberarse en el futuro inmediato mediante decisiones penitenciarias, como ahora, que los fiscales consideran un "tercer grado encubierto".

En Madrid ya hay voces -la del ex ministro Miguel Sebastián, por ejemplo- que aconsejan a Sánchez que "arroje la toalla" de los Presupuestos para el 2020 porque ERC no estaría en condiciones en los próximos meses de avalar las cuentas correspondientes a este año. Los republicanos quieren algunos resultados objetivables de la mesa de diálogo en la que se juegan muchas bazas electorales, de modo que granjearle estabilidad sin precio al Ejecutivo de coalición resultaría especialmente arriesgado. También en la capital existe cierta ansiedad por la decantación de las fuerzas políticas catalanas en la medida en que una apertura del espectro de partidos podría ofrecer mayores posibilidades de composición de la crisis.

Este domingo vence la inhabilitación de Artur Mas que regresa así a la vida política de Catalunya con un libro bajo el brazo (se distribuirá el día 25) titulado -mensaje evidente- 'Cabeza fría, corazón caliente'. El 'procés' en primera persona'.  La pregunta es si el expresidente de la Generalitat, con el que empezó el proceso soberanista y al que se le fue de las manos, está amortizado como creen muchos de sus anteriores y templados colaboradores y compañeros de CiU o dispone aún de reservas para jugar un papel. Hay quien supone que Mas podría representar el rol del "héroe de la retirada", reconduciendo su propio impulso del 2012 hacia un pragmatismo superior al que en este momento proclama Pere Aragonès en otro libro -la literatura 'procesista' ha creado ya un género narrativo- en el que la estrategia republicana queda clara.

Puigdemont, en Perpinyà

Aunque el encuentro del próximo miércoles no será fácil, en el entorno de la Moncloa se supone que no habrá ruptura sino una mera apertura del proceso de diálogo cuyo desarrollo se supedita en una primera instancia a otro acontecimiento próximo y considerado decisivo: la concentración en Perpinyà el sábado día 29 con la presencia estelar de Carles Puigdemont. Se van a contar asistentes, se van a listar el número y la calidad de los dirigentes que acudan, se van a descodificar los discursos, pero el Gobierno no va a reaccionar públicamente.

El tándem que forman el hombre de Waterloo y Torra, ambos predecesores del renacido Mas, son en la realidad pura y dura los que tienen el control de los acontecimientos en Catalunya. Y, por lo tanto, en la política española.