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Felipe VI, el pasado noviembre en Valencia, en la entrega los Premios Rey Jaume I de 2019, que distinguen los trabajos de científicos e investigadores españoles.

MIGUEL LORENZO

El Rey, protagonista a su pesar

Las derechas reivindican su figura para atacar a Sánchez y sus socios frente a un Felipe VI que ha intentado mantener perfil bajo desde que accedió al trono

Pilar Santos / Miriam Ruiz Castro

El Rey se convirtió en un elemento de contienda entre la CUP y Bildu y los partidos de las derechas durante el debate de investidura. Los dirigentes de PP, Vox, Ciudadanos y también de otros minoritarios como Foro Asturias Unión del Pueblo Navarro se quejaron de que Pedro Sánchez no hubiera defendido la figura del jefe del Estado ante las acusaciones de autoritarismo que lanzaron contra él la portavoz de Bildu, Mertxe Aizpurua, y la CUP, Mireia Vehí.

Felipe VI fue protagonista muy a su pesar. Si algo ha demostrado el Monarca en los cinco años y medio que lleva en el cargo es que no está cómodo en los titulares políticos. Desde que subió al trono, el equipo de comunicación de la Zarzuela se ha esforzado en remarcar el “papel constitucional” del Rey y sostiene que la jefatura del Estado no debe opinar sobre "decisiones del poder ejecutivo, judicial o legislativo". Por eso, ante lo que se vivió en la Cámara baja no hubo reacción. Solo los más osados interpretaron los gestos de Felipe VI a las pocas horas, en la Pascua Militar, donde coincidió con Sánchez.

El Monarca solo se mostró claramente proactivo el 3 de octubre del 2017, dos días después del referéndum del 1-O y ante una Generalitat que aseguraba que en pocos días declararía la independencia. En ese caso, recuerdan en la Casa del Rey, el jefe del Estado creyó necesario hacer una "declaración institucional" para referirse a aquellos "momentos muy graves" e instó al Estado a asegurar "el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones". Tres semanas después llegó la declaración unilateral de independencia (DUI) y el 155.

Esa rotundidad ante el desafío independentista no se ha vuelto a repetir. En octubre, en la semana que hubo disturbios en las calles tras la sentencia del 'procés', Felipe VI guardó silencio. No hizo ni una referencia directa o indirecta en los Premios Princesa de Asturias que se entregaron el viernes, 18, el día de la huelga general en protesta por el fallo judicial.  

Dos etapas en el reinado

Cuando asumió la jefatura del Estado tras cuatro años (2010-2014) en los que la monarquía se había visto envuelta en varios escándalos (la cacería de Botswana, la relación de Juan Carlos con Corinna zu Sayn-Wittgenstein y el 'caso Nóos'), Felipe sabía que debía mostrar su ejemplaridad. En sus primeros meses tomó varias decisiones en esa línea: distinguió lo que es familia real y familia del Rey (donde colocó a sus hermanas y, de paso, a Iñaki Urdangarin); revocó el título de duquesa de Palma a Cristina; aprobó un código de conducta y una normativa sobre regalos para la Zarzuela, y, respecto a las cuentas, decidió presentar un informe anual y pidió a interventores generales que las auditen. Pero después de ese acelerón de aperturismo (2014-2015) llegó la calma, una fase que coincidió con el crecimiento de Podemos y el apogeo de las tesis independentistas en el Parlament.

El líder morado y futuro vicepresidente, Pablo Iglesias, aseguró en una entrevista el martes que no tiene previsto abrir el debate sobre la monarquía. "No creo que en los próximos meses o años haya una realidad que permita a España convertirse en una república. Evidentemente, no soy ingenuo", declaró. En la investidura, Iglesias lanzó una advertencia: "Si quieren ustedes defender a la Monarquía, eviten que la Monarquía se identifique con ustedes. Si algo sabía Juan Carlos I es que solamente alejándose de la derecha la institución podía pervivir. Quizás paradójicamente se hayan convertido ustedes en la mayor amenaza para la monarquía en España". 

Acusaciones a la “monarquía corrupta” y sus “recetas autoritarias”

Quien mencionó primero en el debate de investidura al jefe del Estado fue el líder de Vox, Santiago Abascal, que se refirió al discurso de Felipe VI en octubre de 2017 tras “el golpe de estado” en Catalunya. Después llegó la diputada de Bildu Mertxe Aizpurua, que rescató también ese discurso para ponerlo como ejemplo de las “recetas autoritarias a los problemas políticos”. Los vivas al Rey se sucedieron entre las filas de Vox y también del PP, cuyo líder, Pablo Casado, espetó “¡un respeto al jefe del Estado!” desde su escaño. Fue la primera de muchas veces en las que la derecha coreó al unísono sus consignas de autoproclamados defensores de la Corona. Mireia Vehí (CUP) se refirió a “la monarquía corrupta española” y al “discurso autoritario y no propio de una democracia”. El broche de la jornada lo puso el diputado de Foro Asturias Isidro Martínez Oblanca, que “en honor a Jovellanos” terminó su intervención con un “¡Viva la Constitución! ¡Viva el Rey!”.