06 ago 2020

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CONTRACRÓNICA

Rápido, que se enfría

Tras diez meses de parálisis, la investidura es como un plato de cocción ultralenta que hay que servir a la carrera

Juan Ruiz Sierra

Un dirigente de ERC se colocó frente al televisor el pasado 13 de diciembre. Pedro Sánchez iba a comparecer (cosa rara en él) desde Bruselas, tras el último Consejo Europeo. La expectación era alta. El cargo republicano vio cómo el aspirante  socialista hablaba de "diálogo" con la Generalitat, de "conflicto político" en Catalunya y de "seguridad jurídica", no de Constitución. Fue celebrando cada una de estas expresiones. Cerró el puño y dijo "¡bien!", "¡vamos!", "¡toma!".

"Es casi como si estuviera siguiendo un partido de fútbol", pensó el dirigente de ERC.

Fue entonces, tras comprobar la nueva mutación del presidente en funciones, cuando supo que esto no tenía marcha atrás, que habría pacto entre socialistas y republicanos, que la investidura iba a prosperar. Y pronto, porque Sánchez había dado muestras casi desde la misma noche electoral de que no pensaba comportarse igual que tras las generales de abril. Si entonces había dejado pasar los meses para lograr que Podemos se apease del gobierno de coalición, si había vetado la entrada de Pablo Iglesias en el Ejecutivo y había asegurado que España no podía "descansar" en fuerzas independentistas, ahora cerraba en 48 horas un acuerdo para gobernar junto a los morados, con su líder de vicepresidente, y se disponía a llegar a un pacto con los republicanos. Todo tenía que ser rápido, ya, porque el país, ahora, no podía "esperar". Tras diez meses con todo detenido, la investidura es como un plato barroco, repleto de ingredientes, y guisado a cocción ultralenta. Un plato que conviene servir cuanto antes. Si se enfría, sus elementos se disgregan y todo se echa a perder.  

Y así es como se llega a este sábado, en plena Navidad, tras una larguísima negociación con ERC, sometida a tensiones externas hasta el último momento, con Sánchez convencido de que esta vez, a diferencia de lo que ocurrió en sus dos intentos anteriores, todo saldrá adelante el próximo martes, en la segunda votación.

Al líder socialista se le vio relajado. Leyó su discurso inicial con su tono monocorde habitual, pero evitó lucir esa vena algo agresiva que ha empleado en otras ocasiones. El presidente, todavía en funciones, sabía que la crispación llegaría de la derecha, que incentivarla no hacía ninguna falta, así que intentó dejar claro desde el principio que "nadie" iba a "romper España". A partir de ahí desgranó su acuerdo de coalición con Podemos y pasó de puntillas sobre su pacto con ERC, pese a las dudas que suscita dentro y fuera del PSOE. O quizá por eso. "Todo lo que se diga sobre esto puede ser usado en nuestra contra", señaló después un estrecho colaborador de Sánchez.

Nuevo amanecer o Apocalipsis

"Necesitamos recomenzar", dijo el candidato socialista. Pero donde Sánchez ve un nuevo amanecer, en el que se cerrarán las heridas sociales y territoriales de los últimos años, la derecha cree asistir al Apocalipsis. Fue una  primera muestra de por dónde irá esta legislatura, con Pablo Casado y Santiago Abascal advirtiendo del fin del mundo, o al menos el de España, por la alianza del líder del PSOE con "comunistas, independentistas y asesores de dictadores bananeros".  

Lo primero que le dijo Casado a Sánchez fue: "¿Usted duerme?". Su intervención inicial acababa de comenzar y ya había hablado de "un Gobierno de pesadilla" que será "el epitafio político" de un presidente que "ha perdido la dignidad". Después, ya en su última réplica, el líder del PP entró de lleno en el terreno zoológico, un extraño lugar en el que España es "un caballo" y los independentistas que la atacan "un tigre".

"Sánchez es como un jinete a lomos de un caballo que va directo al precipicio y dice: 'Súbete'. No, no nos subimos, pero no por nosotros, sino por el caballo, que es España", dijo primero. Y después: "Intentan domar a un tigre. Pero ese tigre no se va a hacer vegetariano. Les va a devorar".

Abascal fue más de lo mismo, algo que el presidente explotó para transmitir que, en el fondo, no había tantas diferencias entre la derecha y la ultraderecha. Comenzó con un "Quim Torra debe ser detenido" y después pasó a hablar de "investidura clandestina", "traición navideña" y "emboscada a la Constitución".

Ambos, Casado y Abascal, se ofrecieron como "dique de contención" frente a la deriva que tomará el país tras la reelección de Sánchez. Todo aderezado por los continuos gritos de sus respectivas bancadas.

De visita en el Congreso, la expresidenta andaluza, Susana Díaz, que también ha mutado y defiende ahora a Sánchez, se mostró sorprendida por el comportamiento "irrespetuoso" de algunos diputados ante una cita tan "trascendente". Pero tras un año político como el último, ya nada es lo que era. Tampoco los debates de investidura.