23 feb 2020

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EL AÑO QUE VIENE

La España de 2020 experimenta en política

La primera coalición de Gobierno en democracia y las reacciones que genere marcarán sin duda los próximos meses

La mesa sobre Catalunya, la lucha de bloques y las posibles protestas conservadoras en la calle, en la agenda

Gemma Robles

Los líderes de PSOE y Podemos, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, el 30 de diciembre, día en que firmaron su pacto de Gobierno.

Los líderes de PSOE y Podemos, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, el 30 de diciembre, día en que firmaron su pacto de Gobierno. / JOSÉ LUIS ROCA

España ha echado el cierre a un convulso 2019 sabiendo que, salvo memorable sorpresa, el siete de enero el socialista Pedro Sánchez será presidente del primer gobierno de coalición de la democracia. Y que lo hará no tanto porque esa fuera su vocación (por más que ahora haga de la necesidad, virtud retórica), sino porque así lo dictaminaron los ciudadanos en noviembre, en las urnas. Allí y entonces manifestaron que estaban ya agotados de avalar a políticos incapaces de negociar, dialogar y superar las facilidades de anticuadas mayorías absolutas que ahora se antojan inalcanzables. 

Con el poder que da llevar la soberanía nacional en un bolsillo, en forma de papeleta, los españoles advirtieron que dos elecciones generales en un año eran más que suficiente y, de paso, castigaron en menor (PSOE, Unidas Podemos) o mayor (Ciudadanos) medida a aquellos partidos que a su entender no supieron afrontar los potenciales pactos. Votaron de nuevo en otoño tras haberlo hecho previamente en abril y dejaron un mensaje claro a sus señorías: toca experimentar. Acordar. Sin más excusas. Y de aquellos polvos y del subidón electoral de una envalentonada extrema derecha, que incrementó el miedo del PP a facilitar un gobierno del PSOE, estos novedosos lodos políticos. El barro sobre el que se ha modelado la primera coalición de izquierdas. Con tantos retos como incógnitas a su alrededor. 

Reformas progresistas 

Socialistas y morados han trabajado en un un programa de gobierno que, si todo sale según lo previsto, podrá tomar cuerpo legislativo a partir del próximo febrero, cuando las Cortes inicien curso. Necesitarán, eso sí, la complicidad de otro buen puñado de grupos parlamentarios para alcanzar las mayorías necesarias. Negociar, negociar y negociar será el único rumbo posible en los próximos meses. Congreso y Senado tomarán un protagonismo extremo, así como la mesa de patronal y sindicatos.   Movimientos sociales y Onegés aguardan expectantes, con ganas de poner alto el listón a un gabinete a priori cercano a sus demandas.  

PSOE y Podemos pretenden subir los impuestos a los que más tienen (o eso dicen a modo de resumen) para, de esa forma, ganar fondos con los que incrementar o mejorar los servicios sociales sin defraudar a Europa, que estará atenta. Las políticas de mujer; contra la emergencia climática y la corrupción y un amplio paquete económico que conlleva pegar un buen tijeretazo a la actual legislación laboral, están sobre la mesa, además de un nuevo modelo de financiación autonómica. 

Catalunya y los titanes 

Este paquete de proyectos, con claros tintes progresistas, está llamado a fomentar la protesta pública en las calles de los sectores más conservadores, como en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero, y la lucha de bloques: El PP de Pablo Casado buscará ser reconocido como líder indiscutible de una oposición en la que, con excesiva fuerza, ha asomado la cabeza Vox, mientras Cs se ha desdibujado totalmente. De hecho el congreso de los naranjas para encumbrar previsiblemente a Inés Arrimadas tras el fiasco de su padrinoAlbert Rivera, es parte de la agenda del primer trimestre. Ciudadanos se ha de reinventar y buscar de veras un ADN centrista, más allá de una pátina de quita y pon, si no quiere pasar desapercibido tras su decena de escaños y la lucha de titanes de izquierda y derecha que asoma.

Esa lucha titánica tendrá sin duda su origen e hipotética justificación en Catalunya: Sánchez, en una arriesgada pirueta con posible coste externo e interno (y posibilidades de pasar a la historia en caso de que encontrase la fórmula mágica) se ha comprometido formalmente a buscar una solución a la crisis soberanista. Habrá una mesa de diálogo institucional en la que se abordarán cuestiones de distinta índole y cuyo resultado final, según parece, será votado por los catalanes. Eso es al menos lo que se conoce hasta ahora de la negociación PSOE-ERC que, sin duda, marcará el 2020 junto a las decisiones judiciales con acento catalán que están por llegar y la incógnita de si se adelantarán las autonómicas.