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El corte diario de la Meridiana resiste más allá del Tsunami

Los vecinos y vecinas de Sant Andreu se organizan para llevar a cabo maneras alternativas para protestar contra la sentencia

Laura Luque

Manifestantes ocupan la avenida Meridiana de Barcelona a la altura de Fabra i Puig, este 12 de noviembre

Manifestantes ocupan la avenida Meridiana de Barcelona a la altura de Fabra i Puig, este 12 de noviembre / MARTA PÉREZ (EFE)

Algunos manifestantes han realizado el corte diario de la Meridiana/Fabra y Puig ininterrumpidamente desde el pasado 14 de octubre, día de la publicación de la resolución judicial del 1-O. La acción quedó levemente eclipsada por la movilización en el aeropuerto, pero no ha impedido que se mantenga durante más de un mes hasta el momento.

Víctor, un vecino de avanzada edad, cuenta que el ambiente es tranquilo y familiar. Los manifestantes resisten unas cuatro horas en la carretera y las emergencias son las únicas que gozan de 'pase VIP'. Aun así, algunos han decidido, en más de una ocasión, no frenar el coche, según explica su hija. Un grupo de cuatro jóvenes confirma lo que no ha salido a la luz: "Ha habido más de un atropello, pero nunca ha salido en los medios", cuenta Jordi, uno de ellos.

Manifestantes todas las edades

Mercè, una manifestante de 69 años, cuenta, señalando su muleta, que son tranquilos y pacíficos. "Nací esclava de la dictadura franquista y a mi edad, aún lo soy. Quiero morir siendo libre", declara indignada. El corte diario persigue el objetivo de romper con la normalidad para protestar contra una sentencia que consideran injusta: "O somos todos culpables o todos inocentes. Culpables para el Estado español, pero inocentes según nuestra conciencia", asegura decidida.

Explica que el corte se realiza al margen de cualquier organización: "La gente que hemos vivido la dictadura tenemos un alto grado en autogestión", dice. "Las asambleas son en el suelo, pasando frío", cuenta Marta, una joven manifestante, que afirma que los CDR solo animan a participar.

Los manifestantes llevan la cara y las intenciones descubiertas. Sin embargo, Juan, un vecino de 70 años, cuenta que todo estaba bien hasta que "organizaron un poco de violencia" el día 13 de noviembre: "Me di cuenta de que había encapuchados y que iban en otro plan, a organizar follón. Hubo movimiento de contenedores y desde mi casa oí sirenas, luces azules y después la policía porra en mano", relata.

Los afectados

Pepi, vendedora de una tienda de colchones situada en la Meridiana, asegura que los cortes han afectado a su negocio: "A partir de las seis de la tarde es cuando hay más afluencia en la tienda y fíjate cómo está de vacía", explica, señalando a su alrededor. No obstante, el local no ha sufrido ningún desperfecto: "Los manifestantes no provocan disturbios, nunca hemos tenido que cerrar o irnos", asegura.

Las dependientas de una cafetería cercana también notan el impacto de esta acción, pero de manera opuesta: "La tienda se llena de gente y tenemos que salir más tarde", explica molesta una de ellas. Su compañera apunta indignada que estas horas extras no son remuneradas. Acerca de los manifestantes, las trabajadoras explican que "vienen, piden y van al baño, pero no molestan nunca".

También hay disconformes como Paco, un hombre de 44 años habitual del barrio. Paco pasea por Fabra y Puig con un pin de la bandera de España clavado en su chaqueta. Se define a él mismo como "constitucionalista" y explica que no comparte esta manera de reivindicarse: "Yo no estoy de acuerdo en hacer los cortes, no creo que la solución sea fastidiar a los demás", espeta indignado.

El papel de los más mayores

La intención de los participantes es continuar con el corte hasta conseguir la amnistía para los políticos presos y el derecho a la autodeterminación. Los más mayores aseguran que quieren colaborar también en romper con la normalidad, firmes con sus ideas y trascendiendo el debate sobre si es lícito obstaculizar espacios públicos para reivindicarse.