Ir a contenido

¿Y la cohesión social?

El ideal de "Catalunya, un sol poble", a debate, ante la tensión política por el 'procés'

Historiadores, activistas, sociólogos y entidades ponen el el termómetro al grado de convivencia

Fidel Masreal

 Las calles de Esplugues durante la celebración de la diada de Sant Jordi de 2018

 Las calles de Esplugues durante la celebración de la diada de Sant Jordi de 2018 / Ayuntamiento Esplugues

"Podría ser, comento con un gran amigo, que en el curso de las dos generaciones venideras -quizás harán falta más- la catalanidad pasara a manos de estos 'otros catalanes'", escribió Paco Candel, al final de "Els altres catalans" en 1963. Han pasado exactamente 56 años y la polarización política de Catalunya lleva hoy a diversos analistas y artículistas a preguntarse si esa catalanidad tranversal protagonizada por los otros catalanes es un hecho. O si más bien, ese ideal de Josep Benet de "Catalunya un sol poble" es eso, un ideal.

De dónde venimos

De entrada, pongamos contexto. El historiador Joan B. Culla nos recuerda que lo de "un sol poble" fue más bien una "metáfora preventiva", que puede atribuirse a Benet pero también cultivada, sin duda, por el PSUC, Comisiones Obreras o Jordi Pujol -siempre obsesionado por preservar la cohesión social-. Es una idea "más poética que científica", apunta la socióloga Marina Subirats"Era un deseo pero también una posibilidad", añade. El PSUC, entre otros, hizo que los "otros catalanes" de Candel se sintieran interpelados por el ideal de "llibertat, amnistía i estatut d'autonomia". Jordi Pujol, recuerda Culla, era perfectamente consciente de que las dos comunidades estaban cosidas pero que las costuras eran frágiles y no convenía forzarlas.  Ahora bien, apunta Culla: "Si por 'un sol poble' entendemos un bloque homogéneo y granítico, esto en Catalunya no ha existido nunca".

La transformación

Hoy, como explica Subirats, se está "en una situación inversa""En lugar de confluir nos estamos separando y distanciando cada vez más, el horizonte de un proyecto colectivo se ha perdido", añade. ¿Por qué? La socióloga apunta factores más allá del independentismo, que ha sido el vehículo para manifestar un gran desconento social: "Los jóvenes salen estos días a la calle y hacen pintadas sobre los precios de la universidad, la falta de empleo, la imposibilidad de independizarse...es un malestar que no solo viene de la cuestión catalana".

Hay datos para reafirmar esta situación, advierte la directora del Instituto GESOPÀngels Pont: "Hay una correlación del independentismo con datos como si hablas catalán, tienes padres y abuelos catalanes... y la contrario, si hablas castellano y has nacido fuera. Es una tragedia", alerta. El estudio del CEO del pasado julio constata diferencias entre independentistas y no independentistas en lengua de uso habitual, nivel económico y consumo televisivo, entre otras.

Arcadi Oliveres, activista e incansable luchador por la paz, advierte de que las heridas no son exclusivas de Catalunya. "Es un problema casi mundial: en los últimos 20 años ha desaparecido el ascensor social que permitía la cohesión; si el ascensor no funciona las diferencias entre ricos y pobres crecen y se rompe la cohesión".

Los cosedores

Àngels Pont concluye que la tarea que se hizo en el área metropolitana de Barcelona para evitar la división, con generosidad por ambas partes, con la inmersión lingüística...ahora "se ha roto". "Otra cosa es que seamos civilizados". Y se está ante "dos comunidades conviviendo, pero una de espaldas a la otra""No somos un solo pueblo, estamos completamente alejados", apunta. Marina Subirats también es pesimista pero introduce matices. Apunta que buena parte de la clase trabajadora metropolitana no es independentista pero la que vive fuera de las grandes ciudades sí lo es. Un último análisis que en buena parte comparte Camil Ros, líder de la UGT y directo conocedor del movimiento independentista: "Está todo mucho más mezclado".

Ros diariamente dialoga con sensibilidades opuestas, pero cree que Catalunya sí es un solo pueblo y diferencia entre la clase política, cada vez "mas aislada", y la ciudadanía, que es "mucho más inteligente que algunos políticos". Dicho lo cual, también pone deberes a todos: "Muchos sectores viven juntos pero no se escuchan, falta empatía, la parte de la cultura democrática de intentar entender al otro es la que más cuesta". Y frente a ello, reivindica la tarea de sindicatos, organizaciones deportivas y oenegés: "Somos los que cosemos".

Una de estas entidades son los Castellers de Vilafranca, con 71 años de historia y 980 socios, abiertamente implicados en favor de la independencia y los presos. ¿Qué sucede cuando despliegan una bandera estelada? "Los pocos socios que no son independentistas han hecho la reflexión de que la libertad de expresión y el derecho a decidir son reivindicaciones normales; cuando hacemos pilares cona estelada no se sienten cómodos pero la pertenencia a la entidad está por encima", explica el presidente de la entidad Joan Badell. "Mucha gente se ha integrado gracias a los castells", añade.

Otra realidad es la de las Hermandades Rocieras. Un veterano expresidente de una de ellas, de Sant Adrià del Besòs, que lo fue durante 22 años, resume: “Ahora hay oleaje, tempestad, pero vendrá la calma cuando dialoguen”“No me meto en la vida de nadie, no me interesa la independencia, hay otras cosas más importantes: buscar un salario digno, reivindicar las pensiones, la sanidad, en cambio se manifiestan con banderas y llevando a los niños..y no van a conseguir nada”.

También a pie de calle está el Casal dels Infants del Raval de Barcelona. Su responsable, Enric Canet, describe el momento como "bastante complicado", porque el procés ha creado "anticuerpos" y "miedos" en parte de la sociedad catalana, porque "no se supo vender en muchos barrios del área metropolitana". Y añade que existe otra realidad, la de los inmigrantes extracomunitarios, muchos de los cuales no pueden votar. "Y los políticos ahora en campaña aparecerán por el barrio, pero tenemos a pocos que vivan en ciertos barrios, deberían vivir más y pisar más la calle", se lamenta.

El pronóstico

¿Qué futuro tiene esta situación de tensión? Marina Subirats es pesimista y apunta a la necesidad de recoser en tres direcciones: "En la económica, para revertir las desigualdades; en la política, para un proyecto compartido que hoy no existe; y en la cultural, símbolos que unifiquen"Oliveres cree que "al procés le ha faltado el eje social, y prioridades como la renta garantizada de ciudadanía y las campañas por la sanidad, la vivienda y la educación...estos son los elementos que pueden consolidar una sociedad".

Canet propone un método de trabajo: "Si tenemos dos orejas y una boca es porque nos hemos de escuchar más, el doble de lo que hablamos". Las costuras, admite Culla, están tensas más que nunca en 50 años, pero las realidades "coexisten, y coexistir quiere decir que te relacionas".