02 dic 2020

Ir a contenido

ELECCIONES GENERALES 10-N

El uno por uno del debate electoral

El Periódico

Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Santiago Abascal momentos antes del inicio del debate

Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Santiago Abascal momentos antes del inicio del debate

Así se han mostrado los cinco candidatos a la presidencia del Gobierno durante los 150 minutos de debate electoral.

PEDRO SÁNCHEZ: Defensivo

El candidato del PSOE quiso mantener su perfil institucional de presidente en funciones e inundó sus intervenciones de promesas a cumplir si gobierna. Con ellas exhibió una geometría muy variable: la dureza en las medidas contra el independentismo catalán le acercaron a PP y Cs, a quienes no deja de rogarles su abstención; la dureza contra la apología franquista fueron el guiño a Unidas Podemos. Sabía que debería defenderse frente a todo tipo de reproches y lo hizo con algún que otro patinazo, como su promesa de "traer de vuelta" a Carles Puigdemont, algo que depende en realidad de la justicia belga. Quiso acentuar mucho sus diferencias con Pablo Iglesias.

PABLO CASADO: Aguerrido

El fuego cruzado entre Albert Rivera y Santiago Abascal permitió al candidato del PP apuntalar su estrategia de moderación y pragmatismo, al tiempo que le facilitó la tarea de buscarle las cosquillas a Pedro Sánchez. Acorraló en dos ocasiones al candidato del PSOE a cuenta de los pactos poselectorales, aunque tampoco renunció algún que otro toma y daca con Rivera. Como suele ser habitual, se mostró más cómodo en el debate territorial que en el económico y social.

ALBERT RIVERA: Crispado

Con el azote de las últimas encuestas, el candidato de Ciudadanos era quien más necesitaba arriesgar y lo hizo buscando el duelo directo con todos los rivales con los que tiene voto limítrofe. Atacó a Pedro Sánchez por su gestión del conflicto catalán y su política económica, y al resto de las derechas por la corrupción y la transparencia. Con Pablo Iglesias no se afanó tanto como otras veces. En cambio, como en los debates de la anterior campaña, el dirigente naranja abusó de las interrupciones y de los golpes de efecto en forma de carteles, recortes de periódico y hasta un adoquín, supuestamente de la plaza de Urquinaona de Barcelona.

PABLO IGLESIAS: Centrado

Como ya hiciera en los debates del pasado abril, el candidato de Unidas Podemos se dejó en casa su perfil más rebelde y apostó por un tono moderado para rebatir sin estridencias los ataques de sus compañeros de debate. Se defendió con efectividad de los numerosos dardos que le lanzó Pedro Sánchez y echó mano de su clásico manual de defensa frente a la catarata de reproches de las derechas.

SANTIAGO ABASCAL: Solitario

Pese a ocupar el atril central del plató, el candidato de Vox empezó siendo el más ignorado de la noche, aunque acabó sacando petróleo de tanto buscar el cuerpo a cuerpo con todos. La mayoría de sus contrincantes quisieron hacerle el vacío para no darle alas a un discurso extremista en cuyas contradicciones solo hurgó de lleno Albert Rivera, en un intento de taponar la sangría de votos que a Ciudadanos se le escapan camino del partido ultra. Al final todos los demás se encararon en algún momento con un Abascal que se mantuvo atrincherado en sus más trillados mensajes apocalípticos.